Hace unos años comencé unas
vacaciones de Semana Santa fabulosos. Mis padres de
divorciaron siendo yo pequeña y papá, por cuestiones de
trabajo se fue a otro país. Se había vuelto a casar con una
viuda con dos hijos. A los chicos sólo los había visto en la
boda. Tienen cuatro y seis años más que yo, que en el
momento de la historia tenía 17 años.
Hacía frío y llevaba abrigo. En el
avión me tocó sentarme en el asiento del centro. En el
asiento de la ventanilla, había un chico joven y a mi
derecha, un hombre de unos treinta y tantos años. Empecé a
hablar con el joven y al poco descubrí que era uno de los
hijastros de papá. Teníamos varias horas de viaje y al poco
Héctor, mi hermanastro se durmió. Mi otro compañero también
estaba dormido y quizá instintivamente se dio la vuelta
hacia mi lado y apoyó la cabeza en mi hombro.
También alargó la mano apoyándola en
mi entrepierna. Yo, que llevaba el abrigo encima, lo coloqué
de tal forma que la mano de mi compañero quedase tapada.
Este gesto lo despertó. Me miró y al ver que más o menos
estábamos tapados por el abrigo y que ni siquiera hacía el
más mínimo gesto de separarme, empezó a mover la mano. A los
pocos minutos me abrió el pantalón y metió la mano dentro.
Yo ya estaba mojada. Entre susurros me pidió que me abriera
un poco la blusa y sacase una de las tetas fuera. Enseguida
se puso a chupar y a lamer mientras sus dedos no dejaban de
acariciar mi chocho caliente. Aunque intenté disimular mis
gemidos de placer, debí de hacer algún ruido que despertó a
Héctor.
Éste, al ver la escena no se quiso
quedar atrás. Me sacó la otra teta fuera y lo chupaba y
lamía como un glotón. Yo mientras, les había abierto las
cremalleras de sus pantalones y empecé a masajear sus penes.
Luego, Hugo, que así se llamaba mi otro compañero de viaje,
retiró su mano de mi coño y Héctor ocupó su lugar. Tuve
varios orgasmos. Cuando los dos estaban ya a punto, Héctor
comentó que nos fuéramos a los servicios. Los dos querían
follarme y yo también estaba deseando sentir dentro esos
penes. Nos pusimos la ropa bien y primero salimos Hugo y yo.
Él entró en el servicio de caballeros y al ver que no había
nadie me arrastró dentro. Seguidamente entró Héctor. Hugo ya
me había bajado los pantalones, se había arrodillado y
prácticamente me comía el coño. Héctor me había abrazado y
me comía las tetas. En cuanto me corrí, le llegó el turno a
Héctor de comerme el coño. Luego, fue al revés, me arrodillé
y me fui metiendo a la boca alternando los penes de los dos.
Héctor lo tiene enorme. El de Hugo en cambio, era más
pequeño, pero muy grueso, duro y suave como el diamante y
con un apetito voraz por la profundidad que lo aguardaba.
Luego, Hugo se puso detrás de mí y Héctor delante y me
penetraron de una embestida. Me hicieron daño, pero
enseguida se me pasó. Nos corrimos los tres a la vez. Luego
quise que se cambiaran de lugar. Después de un largo rato,
volvimos a nuestros asientos.
Como Hugo sólo iba a estar en la
ciudad tres días, quedé con él al día siguiente para poder
disfrutar unas horas a solas. Fui a su hotel. Hugo me
esperaba en el bar y subimos a su habitación. Allí nos
desnudamos y nos tumbamos sobre la cama haciendo un 69. Fue
glorioso. Después de varias horas de gozar juntos volví a
casa de papá. Allí me esperaba otra noche loca con Héctor.
Volví a quedar con Hugo para el día
siguiente. Cuando llegué al hotel, no estaba solo. Con él
estaban tres hombres con los que había mantenido una
reunión. Me los presentó: Ignacio, Daniel y Augusto. Todos
me miraban con unos ojos cargados de deseo. Hugo y Daniel se
alejaron un momento y los otros dos, medio en broma, medio
en serio, me dijeron que les encantaría echar un polvo
conmigo. Volvieron los otros dos y Hugo me preguntó si me
importaba hacerlo con todos. Le dije que no, que me gustaría
probar.
Subimos a la habitación de Hugo y
éste que estaba ya muy salido, propuso que cada uno de ellos
me quitara una prenda y a la vez yo les fuera desnudando
poco a poco. Cuando los cinco estuvimos desnudos, Hugo me
hizo tumbarme en el suelo, me tapó los ojos con un pañuelo
durante unos momentos. Se ponían delante y el primero al que
agarrara me metería su falo en mi boca, el segundo, me
comería el coño y los otros dos las tetas. El primero fue
Daniel, el segundo Augusto y Hugo e Ignacio se conformarían
de momento con las tetas a la vez que yo les masturbaba con
las manos. Una vez que empezamos, Daniel me quitó el
pañuelo. Comencé a lamer aquella hermosa verga. Un placer
enorme recorrió mi cuerpo sobre todo cuando Augusto metió su
lengua en mi coño y lamía mi clítoris. Su lengua se
deslizaba dentro de mis labios y todo mi coño se estremecía
de placer. Yo seguía metiendo y sacando de mi boca la enorme
polla de Daniel. Enseguida, tuve un orgasmo increíble.
Daniel estaba a punto de correrse. Se apartó, le dijo a
Augusto que se pusiera en su lugar y me dijo:
--¡Te voy a follar!
Se arrodilló a mis pies, me abrió más
las piernas y pasó mis pies por encima de sus hombros.
Colocó la punta de su tremenda polla en mi empapado chochito
y empezó a acariciar con el glande mis labios vaginales. Yo
me moría de gusto.
--¡Métemelo, ya, por favor!
Él no me hizo caso, simplemente
sonrió y siguió con su polla arriba y abajo en mi rajita
ardiente. Augusto se corrió en mi boca y se apartó para
dejar sitio a Hugo. Yo no podía aguantar más y entonces
Daniel fue metiendo su polla en mi vagina poco a poco. El
placer que sentía al notar el roce de su polla contra las
paredes de mi chocho era tremendo.
--¡Aaaaagggghhhh!, Síiiiiiiii, ¡qué
bien follas! ¡Métemela hasta el fondo! Me gusta, mmmmmmmmmm,
más rápido...
En cuanto Daniel notó que se venía,
quiso apartarse pñero no le dejé. Yo había tenido varias
corridas, pero al sentir el inmenso chorro de semen
calentito, dentro de mí... Me hizo volver a tener otro
descomunal orgasmo. Después de recuperar un poco el
resuello, Ignacio que era el que menos había disfrutado
hasta ese momento, se tumbó a mi lado, me cogió entre sus
brazos y me hizo sentarme sobre su enorme estaca. ¡Dios! Era
la verga más grande que había visto nunca. Los otros tres,
no es que la tuviesen pequeña precisamente, pero Ignacio...
los superaba. En ese momento, Augusto también me penetró por
detrás mientras que Hugo tenía su polla en mi boca y Daniel
me lamía las tetas.
Así fueron pasando las horas.
Follando juntos o a veces de uno en uno. A primera hora del
día siguiente, nos duchamos y ellos se fueron al aeropuerto
mientras yo volvía a casa de papá. Ninguna noche de las
vacaciones dormí sola. Excepto la noche del hotel con los
cuatro magníficos, las demás noches con el otro magnífico
amante Héctor.
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