Desde la epoca en que ibamos al
instituto me acostumbre a ver y escuchar las groserias y
obscenidades que decian de la que hoy es mi mujer. Las
miradas que le echaban y como aprovechaban para sobarla
cuando podian, en las fiestas que se montaban. Entonces
ella no me hacia mucho caso. Por los comentarios de mis
compañeros se que , se convirtió en una obsesión para
ellos, inspiradora única de sus pajas.
Eso no ha cambiado después. Debo
reconocer que si fijo en mi y se caso conmigo fue porque
tuve un golpe de suerte con la loteria . Si bien es
cierto que no llego virgen al matrimonio, y me consta
que fueron varios los que se la calzaron , después de
ser mi esposa nunca me falto el respeto incluso cuando
las cosas se torcieron económicamente y empezamos a
tener que recortar nuestro nivel de vida. Aunque si
empece a notar sus reproches por no poder darle todos
sus caprichos.
Incluso empezo a mortificarme
correspondiendo con sonrisas y miradas a las cosas que
le decian los hombres, incluso si eran vecinos nuestros
del edificio o del barrio. Tampoco le importaba si eran
jóvenes o maduros. Después de 10 años de casados a sus
34 años le encantaba sentirse deseada ya que eso la
compensaba de la perdida de poder adquisitivo frente a
otras señoras conocidas o amigas suyas, frente a las que
podia presumir de su poder de atracción sobre los
hombres.
Porque además de ser muy guapa;
frente a otras señoras que no estan mal, ella tiene algo
que la hace sumamente atrayente: todo su cuerpo, su
persona, destilan un morbo y una voluptuosidad
desmedidos.
Tiene una media melena de color
castaño y unos ojos verde esmeralda preciosos. Da gusto
verla comer para contemplar el movimiento de sus labios
rojos y carnosos. Supongo que muchos chicos y hombres se
vuelven locos pensando en comerle la boca y en que algún
día les haga una mamada de actriz porno. Tiene un cuerpo
macizo, buenas carnes sin caer en el exceso de peso.
Unos brazos bien torneados, unos pechos grandes bien
levantados que apuntan hacía el frente y que vistos de
perfil provocan una erección bestial. Y finalmente unas
nalgas y unas piernas que son un espectáculo cuando ella
camina garbosamente sobre sus impecables zapatos de
tacón alto.
Y todo ello sin que ella vista
provocativa, aunque siempre tiende a llevar una talla
más bien ajustada que holgada. Así es Inés, mi joven
esposa. Todas esas cosas que os digo y que son
exactísimas se las escucho, mortificado, a muchos
vecinos cuando en el bar, sin darse cuenta de mi
presencia, se sueltan la lengua hablando de mujeres.
Me consta que algunos tipos la
seguian por un rato para recrearse. Escuchaba jodido los
comentarios de los chicos y de los hombres de nuestro
barrio, soñaban con beneficiársela algún día. Un dia de
verano un vecino que la seguia consiguió sentarse con
ella en el autobús. A día siguiente se lo contaba así a
los otros:
- La jaca llevaba un top con
tirantes y yo una camiseta. Su brazo y el mío se rozaban
y me dio un gran gustazo sentir la suavidad de su piel.
Tíos, anoche me hice un par de pajas imaginando que
acariciaba sus brazos desnudos.
Unos meses decidimos hacer un
viaje a Barcelona, que por ser de mas de doce horas,
decidimos hacerlo por la noche en tren litera. Llegados
a la estación nos dispusimos a sacar billete; y aquí
aparecieron Carlos, un chaval vecino nuestro y otros
tres amigos que se juntaron a nosotros :
- Mira –dijo el tipo - nos han
dado el mismo departamento de literas para los seis.
Y lo decia mientras el y sus
amigos se la comian con los ojos.
Después de esperar media hora se
anunció por los altavoces que el tren estaba ya en su
vía. Cuando nos dirigíamos hacía el vagón, caminando por
el andén. Ella vio algo en el suelo junto a la pata de
un banco:
Se agacho, y recogio del suelo
una esplendida pulsera de oro que miró y guardó
rápidamente en su bolso.
Apenas reanudamos la marcha vimos
como una señora, esposa del director de la sucursal
bancaria con el que yo tenia bastante trato, y su hija
caminaban hacia nosotros mirando por todos los lados
hacia el suelo y preguntando a algunas personas. Cuando
nos cruzamos con ellas nos miraron y nos dijeron :
- Se nos ha perdido una pulsera
de oro ¿ No la habrán visto, o escuchado a alguien
haberla encontrado?
Tanto los chicos como yo nos
quedamos de piedra al oir la respuesta de mi mujer:
- Cuanto lo siento, señora; pero
no hemos visto nada, ni escuchado a nadie haberla visto.
Mire a mi esposa con cara de mala
leche, pues el trato con el marido de aquella señora era
una pieza clave, para intentar recuperar algun dia un
posición economica desahogada.
Subimos a nuestro vagón y
entramos en nuestro apartamento de literas. Era
suficientemente amplio con tres literas a cada lado La
del medio estaba bajada y hacía las veces de respaldo de
asiento. Mientras colocábamos nuestro equipaje vimos
pasar a la señora y su hija que se acomodaron en el
departamento contiguo al nuestro.
El tren se puso en marcha
puntualmente a las 10 de la noche. Mi esposa, que se
había quitado la chaqueta, iba vestida con un sueter de
lana fina bastante ceñido. Llevaba una falda que le
llegaba por encima de la rodilla no excesivamente
ajustada. Aún así sus voluptuosas formas eran bastante
apreciables y observé como Carlos y los otros se
regodeaba viendo sus prominentes pechos y contemplando
sus piernas.
Ella que se dio cuenta, juntaba
los muslos y estiraba el borde de la falda; pero las
formas de sus nalgas y muslos, aprisionados en las
costuras, seguían siendo un regalo para la vista de sus
ojos.
Ella, notablemente molesta, salió
al pasillo y Carlos con otro, echándole morro, fueron
detrás para seguir mirándola. Justo en ese momento salía
la señora de al lado y, al poco de entablar
conversación, vino a dar en lo de su pulsera:
- …..estoy segura que alguien se
la ha encontrado y se ha quedado con ella. ¡Cuánto
sinvergüenza hay por el mundo!
Mi mujer, roja como un tomate,
con un pretexto se metió de nuevo al apartamento antes
de que la señora se diera cuenta. Cuando se le pasó el
sofoco salió de nuevo y continuaron hablando. Los chicos
la miraban cada vez con más descaro, de tal manera, que
la otra señora y su hija, que también había salido al
pasillo, cuando mi esposa fue un momento a los lavabos
les dijeron:
- Pero no os da vergüenza mirarle
las tetas con ese descaro.
Cuando volvieron a entrar en el
departamento, yo notablemente incómodo estaba sentado en
la esquina sin darme cuenta asi propiciaba que ella y
Carlos se sentaran juntos. Carlos y los otros estaban ya
muy calientes y casi sin darse cuenta se llevaron las
mano a la entrepierna. Ella se dio cuenta del bulto que
le sobresalía a alguno, ya que llevaban los jeans
bastante ajustados. Carlos comenzó a frotar lentamente
su bulto con la mano mientras miraba el voluptuoso busto
de mi esposa a escasos centímetros de sus narices.
Yo me levante bruscamente y le
dije muy cabreado:
- Acompáñame al pasillo Carlos.
Una vez fuera comence a
reprocharle y advertirle:
- Eres un golfo descarado. Cuando
vuelva se lo voy a decir a tus padres lo indecente que
eres. Ahora vas a entrar ahí y te vas a comportar o
aviso al revisor.
Tranquilo y seguro de sus bazas
me contestó:
- Tienes razón cabron ; pero
antes de que tu puedas contarle a mis padres nada, yo le
voy a contar a esa señora quien se ha quedado con su
pulsera. A no ser que entres al departamento, te sientes
y la zorra de tu mujer sea amable con nosotros.
Mi esposa, escuchaba la
conversación, y cuando entramos miró hacía mi
preocupada.
Entraron y se sentaron. Yo veía
que aquello se ponía chungo; pensé que lo mejor, era
fingir que me enfrascaba en la lectura del periodico.
Ella, después de comprobar que yo no iba a hacer nada ,
obedeciendo un gesto de Carlos se sujetó la falda,
levantó un poco el culo para sentarse pegada al respaldo
del asiento y luego comenzó a deslizarse hasta la mitad
del asiento lentamente dejándoles ver sus esplendidos
muslos.
Los chicos excitados y nerviosos
se frotaban el bulto mientras devoraban con los ojos los
muslos de mi esposa y el busto agitado por su
respiración nerviosa. Tanto ella como ellos miraban de
reojo hacia mí que fingía no darme cuenta. Animado por
ello Carlos se aventuró a poner la mano sobre su muslo.
Creo que si no deja de frotarse el bulto se hubiera
pegado una corrida bestial; su cara decía claramente lo
que sentía , al apretar la mano sobre su muslo, aquella
firmeza turgente de su carne. Supongo que empezaba a
imaginar como sería sentirla sin aquellas medias finas
que enfundaban sus piernas.
Miraba de reojo hacía mí y
deslizaba su mano apretando más fuerte. Ella esquivaba
la mirada de Carlos y dirigía la suya hacia el suelo,
aunque de vez en cuando, miraba de reojo. Cada vez más
nerviosa, su pecho se agitaba, subía y bajaba, de forma
violenta. El, poco a poco más dueño de la situación,
deslizó la mano entre sus piernas y ella instintivamente
apretó los muslos de forma defensiva. A Carlos debió de
calentarle muchísimo que le atrapara la mano entre sus
calidas carnes. Los otros tres chicos sentados enfrente
se tocaban y permanecían con la mirada fijamente clavada
en las piernas de mi esposa.
Yo, sabiendo que lo que se venia
era feo, y que no podia hacer nada para evitarlo, me
encaramé arriba, con el deseo inicial de no querer
mirar, tapandome la cabeza con la manta. Pero la
curiosidad pudo en mi y, aunque me hice el dormido,
levante un poco de la manta para ver que ocurria. Mi
mujer, consciente de que estaba abandonada a su suerte,
intentó continuar, preparando la litera del medio, a ver
si la dejaban en paz; pero Carlos la mandó sentarse.
Quiso que apagaran la luz y no la dejó:
- Quiero verte bien puta. A tu
marido no le va a molestar la luz.
Se sentó con cara de resignación
y otro chico se colocó a su lado donde yo antes estaba.
Presos de excitación Carlos y el se abalanzaron sobre
ella y comenzaron a besuquearla, pero sobre todo a
apretarle las tetas por encima del sueter.
Ella ahogaba sus gemidos, porque
sin duda le hacían daño al apretar con fuerza. Ahora sus
manos le levantaban la falda y recorrían sus muslos
hasta finalizar el tacto de sus medías y sentir el
suavidad de su piel antes de toparse con su braguita.
Disfrutaban de la firmeza y suavidad de su carne y sus
manos volvían a hacerle daño.
- ¡Quítate el sueter vamos!
Ella se resistía y ellos
torpemente se lo intentaban sacar por la cabeza. Al
final ella cooperaba porque temía que se lo rompiera.
Solo llevaba un sujetador debajo del que rebosaban
aquellos esplendidos senos blancos. Mi entras los dos de
enfrente se habían sacado las pijas y se masturbaban.
Carlos y el otro se dedicaban a devorarla con la boca y
las manos. Frenéticos, recorrían sus brazos suaves,
carnosos, bien torneados, mientras sus hocico se metían
en el canal de sus senos o le llenaban de babas los
hombros, la cara y el cuello Luego eran sus manos las
que aprisionaban sus pechos con ansiedad y crudeza..
Los dos se sacaron sus pijas para
que los pajeara.
- ¡Vamos, menéanoslas!
Mi esposa, se las cogió con sus
manos y comenzó a recorrerlas de arriba abajo. Yo,
sudando por la tensión que sentía, observaba por un
resquicio debajo de la manta, el desagradable
espectáculo para mi, de ver como sus asquerosos pitos
por donde mean eran sobados por las blancas manos de mi
mujer.
Ellos, mientras sentían la suave
caricia de sus cuidadas manos, se afanaban torpemente en
desabrocharle el sujetador. Cuando lo consiguieron les
dio un espectáculo bestial a los cuatro al ver como
aquellas dos hermosas tetas se movían al ritmo de las
manos que subían y bajaban sobre sus penes.
Luego cada uno comenzó a
estrujarle sus espléndidos melones y ya no pudieron
aguantar más; se corrieron, salpicándola a ella y la
puerta del departamento con abundantes chorros de lefa.
Mientras sentían el placer de la corrída, amasaban sus
pechos, mordisqueando su cuello y sus brazos.
- ¡Vamos¡ Ven y pajéanos a
nosotros, puta. – Le dijeron los otros dos chicos.
Ella obedeció y se puso de
rodillas delante de los chicos sentados enfrente. Ahora
veía a mi mujer de espaldas y observaba perfectamente
como sus blancas manos y sus uñas rojas se deslizaban
recorriendo los dos asquerosos pitos gordos de piel
oscura. Los chicos alargaban sus manos para tocarle las
tetas; mientras por detrás Carlos le bajaba la falda
dejando ver su esplendido culo y sus carnosas nalgas,
que tanto él como su compañero se dedicaron a sobar.
Luego uno de los chicos a los que
estaba masturbando le dijo:
- Ahora vas a continuar
pajeándonos con las tetas.
Aunque me daba la espalda, podía
ver como mi esposa se colocaba entre las piernas
abiertas del chico, y abriendo los brazos se cogía sus
pechos para aprisionar su inmunda pija. Al principio lo
hacía torpemente, porque una y otra vez repetía el gesto
de cogerse los melones, pero poco a poco se ve que
aprendió a sujetar la tranca entre sus blancas carnes y
vi como se movía arriba y abajo sobre la polla de cada
uno de los muchachos.
-Lo haces muy bien, zorra, se ve
que te va gustando sentir nuestra polla caliente entre
tus tetas.
La verdad es que los dos cabrones
ponían cara de estar en el quinto cielo cuando les
tocaba el turno de enterrar su asquerosa pija en la
mullida suavidad del seno de mi mujer. Esta vez la cosa
fue más asquerosa. Al ponerse de pie, mientras sacaba
sus piernas de la falda caída, y giraba hacía mi, pude
ver como su cara y sus pechos estaban llenos de la
guasca que aquellos dos mamones habian descargado sobre
ella.
Carlos no quería perder ni un
minuto y la ordenó que se quitara la braguita para verle
y tocarle el coño. Ella no dijo nada, se bajó la braga y
se quedó completamente desnuda con solo las medías y los
zapatos; la sentaron debajo de mi litera y le hicieron
abrir totalmente las piernas. Dos se sentaron a cada
lado de ella y Carlos frente a su coño. Los cuatro
estaban mirando como hipnotizados la mata de pelo que mi
esposa tenía entre sus muslos.
- Vamos a ver que se esconde
entre esos pelos, golfa.
Los dedos de aquellos sátiros
exploraron lo más íntimo de mi mujer descubriendo
aquellos pliegues carnosos , rosados. Los dedos se
movían torpemente para luego introducirse: los cuatro
chicos iniciaron por turno un frenético mete-saca de dos
dedos juntos, que la hizo ahogar un gemido y suplicar :
- No me hagais eso por favor.
Pero ellos seguían, mientras uno
le metía los dedos otros se recreaba en los muslos que
le correspondían , apretándolos con fuerza en su cara
interna. Alternativamente le magreaban con brutalidad
las tetas y se las mordían. Mientras la cara de mi mujer
totalmente descompuesta demostraba que hacía esfuerzos
para no gritar. Pero ellos seguían, y ahora le metían
los dedos dos chicos a la vez.
- Voy a ver a que sabe y como
huele el coño de un tía.
Carlos metió su cabeza entre sus
piernas y comenzó a chupar y olerle la concha a mi
esposa. Se ve que su olor de hembra lo volvía loco pues
cada vez hundía mas el hocico y la nariz entre su pelo y
los pliegues de su almeja.
- Basta por favor.
Pero el cuerpo de mi mujer decía
lo contrario que sus labios. Empezaba a retorcerse y con
la mano que podía comenzó a revolverle el pelo de la
cabeza a Carlos. Este retiro al poco la cara de su
entrepierna.
- Joder tíos, tiene el coño
prigado a tope.
Y se retiró facilitando que los
otros tres fueran pasando sus hocicos por el chocho
empapado de mi hembra. Ella gemía sin poder evitarlo.
Los desgraciados estaban tremendamente excitados con sus
pijas duras y levantadas apuntando hacia su cuerpo. Su
apariencia amenazante y las brutales palabras de Carlos
sacaron a mi esposa de aquella especie de sopor
agradable en que se había sumido.
- Ahora te la vamos a meter; te
vamos a dar todos los pollazos que podamos hasta que
revientes.
- No por favor, os hago todas las
pajas que queráis; pero eso no.
Los muchachos la cogieron de las
piernas y la arrastraron sobre el asiento hasta poner su
culo al borde. Le abrieron mucho las piernas para que
Carlos pudiera clavársela comodamente y en profundidad.
- ¡Vamos Carlos, clávasela, que
está deseándolo la putona esta!
– Sí, te vamos a preñar.
Viendola despatarrada e indefensa
sentí miedo cuando Carlos apoyó la cabeza de su pijota
en su coño y empujó. Mi mujer sintió dolor. Sujetada
fuertemente por los tres chicos, meneaba su cabeza con
desesperación, pero Carlos la clavó hasta los huevos. Mi
esposa gimoteaba llorando, pero él fue bombeando cada
vez más rápido y con más fuerza. La penetración se hizo
furiosa y yo sentía miedo al ver las brutales embestidas
que le daba.
Carlos le daba con fuerza
excitado por el temblor de sus carnes en cada
arremetida. Se aferró a sus tetas gruñendo como una
bestia cuando sintió que se venía llenándola con su
leche. Se dejó caer sobre ella y empezó a morrearla para
acallar su desesperada protesta, al sentir la descarga
de aquel mal-nacido.
- Venga tío apártate que ahora
voy yo.
- Nooooo, otra vez no.
Mi mujer abría los ojos con
desesperación, observando la tranca del chico que la iba
a perforar sin piedad. Este se acomodó entre sus piernas
y le clavo la polla comenzando a bombearla. Se pegaba
con fuerza a su cuerpo aferrando sus nalgas como si en
cada embestida quisiera atravesarla. Ella se retorcía
sujetada como estaba, mientras el aumentaba
frenéticamente el ritmo de sus embestidas. Finalmente el
también comenzó a agitarse con violencia cuando le llegó
el momento de descargar su lefa dentro de su concha.
Cuando se puso entre sus piernas
el tercero mi mujer ya no decía nada, simplemente
lloriqueaba y gemía. Este y el cuarto también le dieron
muy duro mientras que los otros se dedicaban a magrearle
a los muslos y las tetas , pues ya no era necesario
sujetarla.
Cuando terminaron mi esposa
estaba totalmente destrozada, con su cuerpo muy sudado.
Los chicos también estaban cansados.
- Voy a echar una meada y a
dormir un poco, para luego pegarle otro polvo.
A Carlos le acompañó otro y
salieron al pasillo buscando los W.C. mal vestidos. Como
no cerraron bien la puerta pudímos escuchar como se
encontraron con un revisor del tren . El tipo sospechó
algo y se acercó a ver que pasaba. Al abrir la puerta
vio a mi maujer totalmente desnuda y a los otros medio
desnudos sobándola.
- Pero ¿Qué estáis haciendo?
Vestiros y salir de aquí.
Yo me quedé muy quieto mientras
el tipo al verme aparentemente dormido no me dijo nada.
Era un hombre de más de cincuenta años bajo, muy
delgado, con un bigotillo que acrecentaba en su cara el
gesto avinagrado.
Se inclino y le dijo a mi esposa:
- ¿Qué es lo que pasa aquí
Señora?
Ella no acertaba a decir algo
coherente, y el tipo le espetó:
- Así que lo que tenemos aquí es
una zorra caliente que le gustan jovencitos. Eso no está
bien. Vas a ver lo que los maduros como yo podemos
hacer.
Se quitó la gorra de plato y
cerro la puerta. Luego se quitó los pantalones y los
calzoncillos y se sentó en la litera atrayendo a mi
esposa hacía sí; buscó su hermosa boca mordiendo,
chupando aquellos labios , metiendole la lengua ,
mientras ella lo que percibía es una sensación
desagradable acompañada del picor que le producía aquel
bigotillo ridículo. Sus manos amasaban, apretaban con
furia, sus nalgas y sus muslos . Cada vez más excitado,
se afanaba intentando encerrar en sus huesudas manos
aquellos turgentes senos, y los apretaba lastimando a mi
pobre mujer que, ahogada, solo decía:
- Por favor, ya basta.
- ¡Que tetas tienes putona¡ ¡Que
buena estás¡ No te voy dejar hasta que no te halla dado
una buena follada.
El Tipo se restregaba su verga
contra los muslos y nalgas, sintiendo la caricia de
aquella piel suave, mientras la seguía besuqueando y
mordiendo. Al Cabrón después de un rato se le puso dura.
Luego le metío la mano entre las piernas y le hurgó en
el chocho.
- Lo tienes lleno de leche ¡so
puta¡ Habrá que buscar otro camino.
Obligó a mi mujer a tumbarse en
la litera boca abajo y comenzó a hurgarle el agujero del
culo con el dedo. Ella musitaba con desesperación:
- Eso no, por dios, no me haga
eso.
- ¡Calla¡ Es lo que te mereces
por guarra.
Apoyó la punta de su verga y
comenzó a empujar. Mi esposa se aferraba a la litera
clavando sus uñas y ahogando su grito de dolor. Cuando
su polla había entrado totalmente comenzó a moverse y
para sujetarla, una vez más el pervertido buscó su tetas
y se las apretó con furia:
- Si no te estás quieta te rompo
el culo y las tetas, perra.
A medida que el culo de mi mujer
dilataba el tipo la bombeaba hasta agitarse como un
poseso. Balbuceba palabras groseras , sin duda llevado
por el gran placer que sentía al disfrutar del culo y
las tetas de mi hembra a la que también le devoraba el
cuello.
Finalmente se vino dejándole el
culo llenito de su leche.
Cuando el tipo se marcho entraron
de nuevo los chicos. Al verla echa un ovillo sobre la
litera imaginaron que se la había follado aunque no
como. Ellos se tumbaron a dormir y durante todo el resto
del viaje, cuando uno se despertaba y le apetecía se iba
a por mi mujer y se la metía.
Pero antes la tenían un buen rato
chupándoles la polla hasta que se le ponía dura. Fue un
espectáculo asqueroso para mi observar como mi esposa
chupaba con sus hermosos labios el glande de sus pollas
y luego engullía toda su barra de carne durante
interminables ratos.
Pasamos unos dias bastante
jodidos los dos. Al final yo decidi aprovechame de la
situación; haciendola sentir culpable por lo de la
pulsera, la obligue a que me la chupara cada vez que
haciamos el amor – antes lo hacia raramente –, y a que
se dejara de vez en cuando dar por el culo. Ademas le
hice vender la pulsera no fuera que el cabron del vecino
volviera a las andadas.
Ver el Video del Relato
|