Marta es mi sobrina, la hija
mayor de mi hermano. Era encantadora y deseable. Mi
hermano y su mujer me invitaron a pasar un fin de semana
con ellos y accedí encantado de pasar unos dias en
familia. Yo era casi un cincuentón, divorciado y algo
exceptico ante muchas de las cosas de la vida. Me
presenté en su casa un viernes por la tarde dispuesto a
pasar allí hasta el domingo. Durante la cena que hicimos
aquella noche no dejé de fijarme en lo bien formada que
estaba mi sobrina. Llevaba una camiseta de tirantes muy
ceñida que le marcaba sus tetitas, pequeñitas pero muy
tiesas. La camiseta le dejaba la cintura al descubierto
y la visión de su hermoso ombligo junto con su graciosa
forma de moverse me pusieron muy caliente. Creo que ella
lo notó ya que en un momento dado de la cena clavo en mi
su mirada, como si me preguntase con los ojos a que
venía que yo me fijase tanto en ella.
Despues de la cena tuvimos un
para de horas de tertulia. Mi cuñada fue a dormir pronto
y yo que quedé charlando con mi hermano en la sala
mientras Marta, tumbada en el sofa, miraba la televisión
jugueteando con el mando a distancia. Se habia quitado
las zapatillas y sus bonitos pies recorrian juguetones
el reposabrazos del sofa, subiendo de cuando en cuando
para deslizarse por la tersa piel de sus piernas. Mi
hermano me hablaba de diferentes cosas pero yo no podía
concentrarme en lo que me decía, estaba demasiado
concentrado en la belleza de mi sobrina. Su media
melenita de cabellos color rúbio oscuro se enrredaba
sobre sus mejillas y, de cuando en cuando, atrapaba uno
de sus mechones de cabello entre sus lábios para
mordisquearlo un ratito. Finalmente apagó el televisor y
se despidió de nosotros. Martita se iba a dormir y yo me
quedaba sin mi excitante pasatiempo. Mi hermano no tardo
en hacer lo mismo y yo, ante la perspectiva de que no
tenía sueño ni nada que hacer, decidí echar un vistazo a
la interesante biblioteca de la casa buscando la
posibilidad de hayar un buen libro.
Llevaría media hora solo en la
biblioteca cuando la puerta se abrió y Martita entro
sigilosamente. Caminaba descalza y su cuerpo sólo estaba
cubierto por un camisoncillo muy corto y casi
transparente, lo suficientemente transparente como para
dejarme entreveer las pequeñas braguitas que llevaba
debajo. Yo estaba sentado en un cómodo sillón, mirando
un libro de ilustraciones de pintura holandesa, ella
caminó hasta mi y me dijo que no podía dormir, se
albortó la melena con una de sus manos y se sentó en mis
rodillas. Creo al sentarse debió notar la dureza que en
ese momento había adquirido mi miembro. Era tan bonita y
deseable que me puso muy nevioso. Deje que mi mano se
posase sobre uno de sus muslos y le pregunte sin pudor
si alguna vez había estado con un chico. Ella rió pero
al mismo tiempo se sonrrojó, calló unos segundos y
finalmente me respondió que tenía un novio con el que se
besaba pero nada más. Mi mano ya estaba debajo del
camisoncito, acariciando su estrecha cintura. Yo estaba
deseoso de seguir subiendo para tocar aquellas tetitas
que todavía estaban creciendo. Entonces le pregunté si
deseaba que yo la hiciese mujer. No me respondió, cerro
los ojos y alzo los brazos como una bailarina quedandose
así, con los brazos hacia arriba y los ojos cerrados,
sin hacer nada, como esperando que yo tomase alguna
iniciativa. Tome su camison entre mis dedos y lo fui
quitando lentamente, deslizandolo hasta sacarselo por la
cabeza. Ahora Martita estaba casi desnuda, sentanda en
mis rodillas y con el cuerpo tan solo parcialmente
tapado por unas pequeñas braguitas blancas. Abrio los
ojos y me miró fijamente. "Este sera nuestro secreto"
dijo con voz temblorosa. "Asi será" respondí justo antes
de buscar con mi boca sus labios dulces y carnosos.
Creo que me la comi entera. Le
quite despacito las braguitas y cuando la tuve
totalmente desnuda me dedique con paciencia infinita a
lamer todo su cuerpo, desde cada dedito de los pies
hasta su cabeza, su nuca, sus orejitas. Cuando hundí mi
lengua en su coñito ella se estremeció y más tarde me
confesó que había tenido el primer orgasmo de su vida
mientras yo la lamia. Me corrí dentro de ella, después
de haber puesto final a su condición de virgen. Ella se
asustó por la cantidad de mi semen. Me miró curiosa y me
pregunto si eso era lo que un hombre y una mujer podían
hacer juntos. "Es solo una parte" respondí "mañana
tendras tu segunda lección".
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valldemosag - ComentariosMarta es mi sobrina, la hija
mayor de mi hermano. Era encantadora y deseable. Mi
hermano y su mujer me invitaron a pasar un fin de semana
con ellos y accedí encantado de pasar unos dias en
familia. Yo era casi un cincuentón, divorciado y algo
exceptico ante muchas de las cosas de la vida. Me
presenté en su casa un viernes por la tarde dispuesto a
pasar allí hasta el domingo. Durante la cena que hicimos
aquella noche no dejé de fijarme en lo bien formada que
estaba mi sobrina. Llevaba una camiseta de tirantes muy
ceñida que le marcaba sus tetitas, pequeñitas pero muy
tiesas. La camiseta le dejaba la cintura al descubierto
y la visión de su hermoso ombligo junto con su graciosa
forma de moverse me pusieron muy caliente. Creo que ella
lo notó ya que en un momento dado de la cena clavo en mi
su mirada, como si me preguntase con los ojos a que
venía que yo me fijase tanto en ella.
Despues de la cena tuvimos un
para de horas de tertulia. Mi cuñada fue a dormir pronto
y yo que quedé charlando con mi hermano en la sala
mientras Marta, tumbada en el sofa, miraba la televisión
jugueteando con el mando a distancia. Se habia quitado
las zapatillas y sus bonitos pies recorrian juguetones
el reposabrazos del sofa, subiendo de cuando en cuando
para deslizarse por la tersa piel de sus piernas. Mi
hermano me hablaba de diferentes cosas pero yo no podía
concentrarme en lo que me decía, estaba demasiado
concentrado en la belleza de mi sobrina. Su media
melenita de cabellos color rúbio oscuro se enrredaba
sobre sus mejillas y, de cuando en cuando, atrapaba uno
de sus mechones de cabello entre sus lábios para
mordisquearlo un ratito. Finalmente apagó el televisor y
se despidió de nosotros. Martita se iba a dormir y yo me
quedaba sin mi excitante pasatiempo. Mi hermano no tardo
en hacer lo mismo y yo, ante la perspectiva de que no
tenía sueño ni nada que hacer, decidí echar un vistazo a
la interesante biblioteca de la casa buscando la
posibilidad de hayar un buen libro.
Llevaría media hora solo en la
biblioteca cuando la puerta se abrió y Martita entro
sigilosamente. Caminaba descalza y su cuerpo sólo estaba
cubierto por un camisoncillo muy corto y casi
transparente, lo suficientemente transparente como para
dejarme entreveer las pequeñas braguitas que llevaba
debajo. Yo estaba sentado en un cómodo sillón, mirando
un libro de ilustraciones de pintura holandesa, ella
caminó hasta mi y me dijo que no podía dormir, se
albortó la melena con una de sus manos y se sentó en mis
rodillas. Creo al sentarse debió notar la dureza que en
ese momento había adquirido mi miembro. Era tan bonita y
deseable que me puso muy nevioso. Deje que mi mano se
posase sobre uno de sus muslos y le pregunte sin pudor
si alguna vez había estado con un chico. Ella rió pero
al mismo tiempo se sonrrojó, calló unos segundos y
finalmente me respondió que tenía un novio con el que se
besaba pero nada más. Mi mano ya estaba debajo del
camisoncito, acariciando su estrecha cintura. Yo estaba
deseoso de seguir subiendo para tocar aquellas tetitas
que todavía estaban creciendo. Entonces le pregunté si
deseaba que yo la hiciese mujer. No me respondió, cerro
los ojos y alzo los brazos como una bailarina quedandose
así, con los brazos hacia arriba y los ojos cerrados,
sin hacer nada, como esperando que yo tomase alguna
iniciativa. Tome su camison entre mis dedos y lo fui
quitando lentamente, deslizandolo hasta sacarselo por la
cabeza. Ahora Martita estaba casi desnuda, sentanda en
mis rodillas y con el cuerpo tan solo parcialmente
tapado por unas pequeñas braguitas blancas. Abrio los
ojos y me miró fijamente. "Este sera nuestro secreto"
dijo con voz temblorosa. "Asi será" respondí justo antes
de buscar con mi boca sus labios dulces y carnosos.
Creo que me la comi entera. Le
quite despacito las braguitas y cuando la tuve
totalmente desnuda me dedique con paciencia infinita a
lamer todo su cuerpo, desde cada dedito de los pies
hasta su cabeza, su nuca, sus orejitas. Cuando hundí mi
lengua en su coñito ella se estremeció y más tarde me
confesó que había tenido el primer orgasmo de su vida
mientras yo la lamia. Me corrí dentro de ella, después
de haber puesto final a su condición de virgen. Ella se
asustó por la cantidad de mi semen. Me miró curiosa y me
pregunto si eso era lo que un hombre y una mujer podían
hacer juntos. "Es solo una parte" respondí "mañana
tendras tu segunda lección".