El chalet lo habíamos alquilado
entre las dos familias con el fin de que saliesen mas
baratas las vacaciones.
Claro que aquello redundaría
simplemente en disminución de intimidad y aumento de
incomodidades, pero yo en el fondo me alegraba mucho al
pensar que de esta forma tendría la ocasión de ver de
cerca de Paca, la hermana de la amiga de mi madre.
Esta Paca era una mujer bandera,
con todo lo que eso significa, sencillamente era la
mujer mas hermosa que yo conocía.
Se daba el caso de que yo la
trataba como tía y ella a mi como sobrino, dada la gran
amistad que unía a nuestras familias. Desde mi mas
tierna infancia me tenía subyugado por su fragante
hermosura y por la simpatía que derrochaba con todo
aquel a quien conocía. Tendría, a ojo de buen cubero,
unos cuarenta años. Era casi tan alta como yo, simpática
y amable, siempre con una sonrisa en sus labios. Su
melena castaña le llegaba hasta mas debajo de los
hombros, casi hasta el nacimiento de los pechos, unos
monumentos de la naturaleza, puestos en su sitio por
alguien que sabía lo que se hacía. Los tenía hermosos,
mas bien tirando a grandes pero sin exageración, además
su esbelta figura hacía que pareciesen armónicos con el
resto del cuerpo, una cintura estrecha y un trasero
prominente y sugestivo, como una manzanita redonda .
Cuando llegamos con los coches
delante de la casa, todo fueron gritos y carreras como
si nos fuese la vida en terminar enseguida, por supuesto
fui yo el peor parado, pues todos se creían con derecho
para mandarme a mi, que era el mas joven, a hacer todas
las cosas que a ellos no les apetecía. Bueno todos a
excepción de Paca que me trataba con una deferencia muy
reconfortante.
Cuando todo estuvo dentro y
ordenado, se distribuyeron las habitaciones. Para mi
suerte, mi cuarto era contiguo al de Paca, y mas aún,
compartía con ella un balcón corrido que comunicaba
ambos por la parte exterior.
Salimos a pasear los seis, mis
padres, sus amigos, Paca y yo. Todos marchaban hablando
de sus cosas, las cuales me las traían al fresco. Me fui
retrasando unos pocos metros del grupo, lo cual me daba
la inestimable oportunidad de apreciar desde cierta
distancia el cuerpo de Paca. Era espléndido y se movía
con tal cadencia que daba la impresión como si un son,
oído solamente por ella sonase para acompasar su ritmo.
Paca volvió la cabeza y me miró
sonriente, al verme solo, me hizo un gesto para que me
acercase, yo inicié un movimiento de negación con la
cabeza, se detuvo y permitió de esa forma que yo llegase
a su altura.
"¿Que pasa Pedrito, te aburres ya
para el primer día?" Ella siempre me llamaba con mi
nombre en diminutivo
"No, si es que vais hablando de
asuntos que a mi no me interesan y ya ves, yo prefiero
mirar otras cosas."
Sonrió picaronamente, pues cuando
se había vuelto había sorprendido mi mirada fija en
ella.
"Claro, somos todos demasiado
mayores para ti, tendremos que buscarte alguna
compañía."
Que va, no es eso" , contesté
rápidamente. "Es que no quería estorbar."
"Que dices? Ya sabes que tu nunca
sobras, al menos para mi, siempre es agradable
contemplar a un guapo muchacho. ¿Cuantos años tienes?"
Yo carraspeé mi tos nerviosa para
aclararme la garganta y contesté: " Este Verano cumplo
ya 18, seré mayor de edad."
"¿Este Verano? Entonces habrá que
celebrarlo como Dios manda. ¿Mayor de edad eh? Que edad
mas buena, chiquillo, aprovecha ahora, que el tiempo
pasa sin sentir."
"No para ti," contesté yo,
mirándole a los ojos.
"Mira Pedrito, que adulador,
parece que sabes como tratar a las mujeres, pillín."
Los que marchaban delante se
desviaron a la izquierda y en la puerta de un
restaurante se detuvieron a esperarnos.
Pasamos y cenamos sin prisa,
durante la cena mis ojos se encontraron varias veces con
los de Paca , la cual siempre sonreía con picardía.
Como todos estábamos cansados por
el viaje, decidimos retirarnos a casa para descansar y
así estar dispuestos para disfrutar al día siguiente.
Eso fue lo que hicimos.
Tras el consiguiente embrollo en
los baños, solucionado por la decisión salomónica de mi
madre, de que los hombres a uno y las mujeres a otro,
todos nos fuimos a nuestros respectivos dormitorios y
los ruidos se fueron apagando por si mismos.
Yo no paraba de imaginar a Paca,
en su proximidad, su cuerpo, con sus pechos surgiendo
libres y trémulos de su sostén, y a ella mirándose en el
espejo y acariciándoselos con sus blancas y largas
manos. Solamente de pensarlo empecé a sentirme excitado,
mi mano bajo a mi entrepierna y allí estaba la
demostración de lo dicho, mi virilidad estaba a medio
camino de la erección, la agarré y la retorcí un poco
sintiendo un dolorcillo delicioso. Me desnudé, me puse
el pantalón de un pijama corto y después de apagar la
luz salí al balcón tan sigiloso como un fantasma. Me
apoyé en la baranda y contemplé el mar en la lejanía. No
me atrevía a mirar para atrás por miedo a descubrir lo
que mas quería encontrar. Con la mano dentro de mi
pantaloncito fui masajeando mi miembro ya totalmente
erecto.
Por debajo del brazo miré a la
habitación de Paca donde la luz se filtraba a través de
las cortinas. Me acerqué y por la abertura que quedaba
entre los dos tupidos cortinajes vi el tan ansiado e
inolvidable espectáculo.
Justamente como yo la había
imaginado, estaba Paca delante del espejo pasándose las
manos por los pechos; la crema blanca que ella extendía
sobre ellos los hacía aún mas excitantes. Sus manos
bajaban desde su garganta hasta su cintura deteniéndose
parsimoniosamente en los pezones a los que daba suaves
pellizquitos con las puntas de sus dedos, de tal forma
que se le estaban poniendo en punta y daban la impresión
de estar endureciéndose considerablemente.
Yo estaba frenético, no sabía
donde poner mis manos, ni mis pies, lo que era cierto es
que mis ojos no podían despegarse de la visión. Por fin
dio por terminada su sesión de masaje corporal, sacó una
prenda de color rosáceo y semi transparente y se colocó
con movimientos cadenciosos, ajustándolo a su cuerpo
perfecto, haciendo mas atractiva, si es posible, la
visión. Dio un paso hacia la cama y cuando llegaba a
ella pareció pensarlo mejor, apagó la luz y se encaminó
al balcón. Yo no sabía que hacer, si intentaba
marcharme, me vería sin duda, si me quedaba, pensaría
que le había estado espiando y quizás se sintiese
ofendida.
Decidí quedarme al amparo de la
penumbra. Solamente llegaba la tenue luz de la luna
colgada en el cielo, y el reflejo de una farola lejana.
Desde mi posición la vi llegar como una aparición,
etérea, vaporosa, sin definir en sus límites, como un
hada de cuento infantil. Se me hizo un nudo en la
garganta mientras en mi interior algo como un puño
cerrado estrujaba todo mi ser, haciendo difícil incluso
respirar. Un aroma mezcla de cremas, perfume, y olor
corporal llegó a mi fino olfato, haciendo que el puño de
mi interior se apretase en mis entrañas. No pudiendo
aguantar la tensión carraspee débilmente para aclarar mi
garganta. Inmediatamente ella se volvió hacia mi.
" ¡Dios mío, que susto me has
dado! ¿Eres tu Pedrito?"
"Si, soy yo, no temas, estaba
mirando como se refleja la luna en el mar."
"Pues chico, vaya. ¿ Eres
romántico? " Sin dejarme contestar siguió hablando casi
en un susurro. "La verdad es que la noche está como para
sentirse romántica, la temperatura es buena, la brisa
marina trae aromas de lugares exóticos, y como si fuera
un farolillo japonés, la luna colgando arriba como
alumbrando al amor. En una noche así una podría
enamorarse fácilmente si a su lado estuviese el hombre
adecuado. ¿No te parece?"
No me explico de donde saqué
valor para contestar, pero el caso es que lo hice.
"Si solamente necesitas a alguien
al lado para sentir el amor, aquí me tienes a
mi............. si te sirvo........."
"!Pedrito!. Oye ya veo que te
estas haciendo mayor, y yo pensando siempre en ti como
en un bebe. Si, te has hecho todo un hombre y además muy
guapo." Hablaba con una voz un poco ronca, mientras su
mano se adelantó hacia mi y con suavidad acaricio mi
pelo. "Vaya que si."
Di gracias a la noche que
impediría se me viese el rubor que yo sentía ascender
por mi rostro. Levanté mi mano hacia mi cabeza y llegué
a tiempo de coger la suya que todavía permanecía como
enredada en mi pelo. La sujeté suavemente y la fui
bajando hasta llevarla a la altura de mi boca, entreabrí
mis labios y deposité un beso suave en la punta de sus
dedos.
"Que tierno eres Pedro, pero me
da la impresión que eres mas sabio de lo que corresponde
a tu edad. ¿Dijiste 18? ¡Que maravilla¡"
Por primera vez me llamaba Pedro,
y eso me llenó de satisfacción.
Su mano descendió lentamente por
mi cuello llegando hasta mi pecho; con un movimiento
circular lo acarició tiernamente. Yo no sabía como
corresponderle, así es que puse mis dos manos sobre sus
hombros y la atraje hacia mi, ella se dejo llevar
poniendo su cara a la altura de la mía.
Como sin proponérnoslo y sin
precipitación, nuestras bocas se buscaron. Estaban donde
debían estar y naturalmente se encontraron. Fue un beso
largo, apretado por mi inexperiencia y ahuecado por su
conocimiento. Lo que empezó siendo un simple contacto,
terminó siendo una apasionada succión y un amasijo de
lenguas y labios envueltos en mezclados y deliciosos
jugos.
"¡Pedro!" dijo Paca con la
respiración entrecortada. "Muchacho, eres un volcán, un
volcán en erupción. Me has dejado sin aliento, Vaya
pasión."
Después de mirarme de cerca, se
abrazó a mi con sus manos en mi espalda atrayéndome con
fuerza hacia ella. Su hermosa delantera se aplastó
contra mi pecho a través de la suave gasa de su salto de
cama. Mis manos se deslizaron como si tuviesen vida
propia a lo largo de su cuerpo, pase por el culito
redondo y duro, subiéndolo un poco con mi presión y
apretando su parte delantera contra mi órgano viril que
estaba ya en posición firmes. Yo temía que ella pudiese
retroceder al notarlo, pero hizo lo contrario, se acercó
tanto que ni el aire podía pasar entre ambos, hizo
palanca con una de sus piernas y la introdujo entre las
mías. Sentí su sexo como una oleada caliente contra mi
cuerpo. La dureza de mi miembro comenzó a dolerme,
pareciendo que cobraba vida propia. Ella supo lo que me
estaba ocurriendo al notar mi prominencia, y se restregó
contra mi con movimientos ondulantes, los cuales me
llevaban como movido por las olas.
Mis manos continuaron su
exploración, subí hacia arriba, llegando a su cintura en
la que me entretuve solamente lo imprescindible, ya que
mi objetivo final eran esos hermosos pechos que yo había
visto cuando ella se los acicalaba ante el espejo y con
los que yo siempre había soñado. Lo que hasta ese día me
habían parecido montañas inalcanzables, se convirtieron
como por arte de magia en ondulados cerros asequibles.
Mis manos se perdieron entre ellos, los toqué por
arriba, por en medio, por abajo, los pezones parecían
llamarme insistentemente, no pude resistirme y los
pellizqué despacio, Paca me tomo por la cabeza y apretó
despacio sobre ella haciéndola descender hasta que mi
boca quedó a la altura adecuada, ella subió su
camisoncito y mis labios se abrieron, para recibir la
fruta mas jugosa que yo había paladeado en mi vida. Pase
de uno al otro y del otro al uno sin cadencia ni ritmo,
pero incansablemente, mientras ella jadeaba con su
cabeza sobre la mía y las manos apretando de mi parte
trasera para tenerme mas cerca.
Cuando sentí que me faltaba el
aliento y la respiración se me hizo difícil y
entrecortada, saqué la cabeza como el submarinista que
busca aire para salvar su vida tras una larga inmersión.
Jadeaba con tal fuerza que Paca se retiró hacia atrás
diciéndome al oído:
"Despacio cariño, despacito que
no hay prisa, tomate tu tiempo y deja que yo tome el
mío. Anda ven."
Me llevo de la mano como a un
colegial obediente, pasamos la gruesa cortina del balcón
y nos encontramos a los pies de la cama, entonces ella
encendió la lamparilla de noche y nos vimos por primera
vez, tenía el pequeño camisón sostenido por sus dos
monumentales pechos que quedaban al aire como si fueran
los de las figuras de la proa de un galeón. Por mi parte
yo lucía mi vástago a medio salir por la cintura de mi
pijama.
Nos sentamos en la cama y
volvimos a besarnos, ya con la respiración normalizada,
todo volvía a empezar. Le quité la poca ropa que llevaba
y ella hizo lo mismo conmigo, quedando los dos como
cuando vinimos al mundo pero con nuestros cuerpos
latiendo de deseo.
La empuje con mis manos hacia
atrás y fui en pos de ella, una de sus manos se fue
directamente a mi entrepierna cogió mi falo turgente y
lo acarició con sumo cariño.
"Verdaderamente que eres mayor de
edad, niño mío, pero que muy mayor. Anda ven que hoy
celebraremos esto como hay que hacerlo , deja que tía
Paca te de la alternativa, matador."
Bajo su cabeza y con la boca
abierta me humedeció, luego fue chupando e introduciendo
dentro de su boca a la vez que succionaba, pasaba
repetidamente su lengua por mi glande, yo subía y bajaba
de forma inconsciente, esto no podía durar, tanto placer
yo no lo había sentido nunca, ni creía que pudiese
volver a sentirlo, me dolían los testículos como si los
tuviera cazados por un gran peso.
Repentinamente y casi sin
esperarlo, me llegó el orgasmo, la eyaculación fue como
un grifo, Paca puso mi miembro entre sus pechos y fue
masajeándolo con fuerza. Yo me contraía como un poseso
sintiéndome arrastrado por el placer.
No se el tiempo que duró, pareció
ser eterno, al final sintiéndome desfallecer caí
exhausto sobre la cama. Paca se quedo mirando desde
arriba, todo su pecho estaba atravesado por unos
chorretones blancos que le llegaban hasta la barbilla.
Una sonrisa brillaba en su boca, se le veía contenta y
satisfecha. "¿Que tal
Pedro, como te encuentras? Parece que tenías una buena
reserva guardada para mi, mira como me has puesto.
Espera un poquito mi amor, voy a limpiarme y vuelvo,
ahora vamos a disfrutar los dos."
Salió y al momento volvió limpia,
sonriente y con una toallita en sus manos.
"Ven déjame que te limpie también
a ti. Que hermoso eres, pareces un dios griego."
Se vino hacia mi y comenzó a
acariciarme de nuevo, yo estaba empezando a recuperarme,
fui con mi mano hacia las estribaciones de su monte de
venus, lo acaricié por encima, tenía un pelo sedoso y
suave; fue abriendo las piernas invitándome a explorar,
pase un dedo por su hendidura y la encontré húmeda y
caliente, lo metí dentro y sentí como si todo su cuerpo
se concentrase en ese punto, lo abrí y metí otro dedo,
fui masajeándole la parte interior, descubriendo lugares
remotos y desconocidos para mi. Descubrí su clítoris,
diminuto y duro, noté que se estremecía mas y mas al
frotarlo y me dedique a el con ahínco.
Mientras tanto ella manoseaba mi
miembro que volvía a endurecerse y a aumentar de
volumen, lo hacia despacito, mientras me besaba el
cuello y me mordisqueaba la oreja , yo también lo hice
sin dejar en paz mi mano dentro de ella.
¡Que bien! ¡Que maravilla ¡ Nunca
lo hubiese pensado. Nunca pensé que se podía llegar a
este estado de nirvana.
Cuando Paca empezó a jadear yo
aceleré mi mano, entonces ella me dijo:
"Sube, Pedro, sube por favor,
hazme tuya cariño, no tardes."
Me puse encima y ella que no
había soltado su presa, la dirigió directamente hacia su
cavidad.
"Despacio amor, hazme gozar."
Yo fui entrando lentamente pero
con seguridad, aquello era delicioso, navegaba ahora por
donde mis dedos habían abierto camino y la sensación
táctil era tal que parecía reconocer cada rincón y cada
cresta. Me fui animando, cada vez llegaba a lugares mas
ocultos, hasta donde no había llegado anteriormente, al
fin estuve totalmente dentro de ella, nuestros
movimientos se acoplaron, oíamos la misma música y a los
acordes de los timbales sufrimos las primeras
convulsiones, primero el allegro, el pichicato y por fin
la apoteosis final. Violines ,trompas, tambores, viento
y cuerda, todo llegó a la vez y todo respondía a la
dirección de mi batuta. Me sentí maestro mientras tenía
el mejor orgasmo que nunca he tenido ya en toda mi vida.
Mi tía Paca parecía ser presa de
algún ataque de epilepsia, primero se quedó rígida y
luego comenzó a temblar, apretándome sujetando mi cuerpo
contra el suyo, mientras subía y bajaba su cuerpo a mi
compás, susurrando palabras incomprensibles.
****
A la mañana siguiente vino mi
madre a despertarme.
"Pedrito, Pedrito, arriba,
estamos todos esperando para desayunar. Date prisa que
nos vamos a la playa ahora mismo."
Bajé y entre en el saloncito, en
efecto allí estaban todos con el desayuno medio
consumido.
Me miraron sin verme, solamente
Paca se quedó con los ojos fijos en los míos.
"¿ Que tal ‘Pedro’, has dormido
bien? Parece que se te han pegado las sábanas."
"Hola , bien y tu ‘Paquita’ , ya
ves, parece que si que se me han pegado las sábanas, es
que he tenido un sueño maravilloso."
"¡¡¡Ah!!! Ya me lo contarás."
Dijo dándose cuenta de que por primera vez le había
llamado Paquita.
Era el primer día de un Verano
muy especial.