En cuanto a esta experiencia, se
remonta a cuando yo tenía tan solo dieciocho años,
recien me había sacado el carnet de conducir. Era un
viernes, y mis padres se habían marchado porque el
domingo era la boda de unos muy amigos suyos, y esa
noche tenían la despedida de solteros. Una vez se
fueron, no tardé en marcharme de fiesta con unos amigos
míos.
Ahí estaba yo de fiesta en la
discoteca, cuando recibo una llamada de mi madre, la
cuál está algo preocupada.
- Oye, Alex, ¿estás muy ocupado?
- me dijo.
- Un poco, ¿por qué?¿qué quieres?
- Es que estamos en la despedida
de solteros y tu tía carmen ha bebido mucho y si no
vuelve a casa va a hacer cualquier burrada.
- Bueno, ¿y qué?
- Pues que si la puedes venir a
buscar y llevarla a casa.
- Mama, y no la puede llevar el
tío, ¿o vosotras?
- Es que no vamos a interrumpir
la despedida al tío, y es que las que han traido el
coche no están en condiciones de conducir, anda, por
favor, ven a buscarla.
- ¿Y donde estáis?
- En el "Goloso", llamame cuando
llegues.
- Venga vale, ya voy.
Tras esto me despedí por un rato
de mis amigos y me dirigía a donde mi madre me había
dicho, tardé unos veinte minutos en llegar, llamé a mi
madre y salió con mi tía Carmen. Tras unas indicaciones
de mi madre, mi tía se montó en el auto y la llevé a su
casa. Mientras íbamos en el coche, mi tía trataba de
convencerme de que no iba borracha y de que lo que mi
madre me había dicho no era cierto, "si traté de ligar
con el hombre aquel no es porque vaya borracha, sino
porque mi marido es un maricón y no puede complacerme,
es un pichafloja, ¿tú crees que yo me merezco un
pichafloja? ¿No tengo un cuerpazo que merece mucho más?
Dime". En ese momento me cogió la cara para que la
mirase mientras trataba de que la viese toda su silueta,
nunca me había fijado en ella, pero ahora que la miraba,
si bien tenía ciertas arrugas en su cara y no era
demasiado agraciada debido a sus más de cincuenta años,
la verdad es que su figuara se mantenía bastante bien,
no era delgada, pero tampoco gorda, y tenía unas tetas
bastante considerables, que se tocó cuando vio que yo
las miraba, lo que hizo que mi picha comenzase a
despertar. Volvió a hablar al ver que yo no decía nada.
- Dí, ¿crees que estoy mal?,
¿estoy gorda?, ¿soy fea?
- No es eso, simplemente eres mi
tía y no te puedo mirar con otros ojos.
- Uy, pero eso no tiene nada que
ver, tú eres mi sobrino y te puedo decir que eres
bastante guapo y estás muy
bien - no respondí, sin embargo,
me sonrojé un poco - No te pongas colorado, seguro que
no soy la primera que te lo digo, con esa carita de
ángel que tienes, - me puso una mano en la mejilla - sin
ningún michelín, un pecho fuerte, unas piernas de áúpa -
cada vez que nombraba una parte del cuerpo me la tocaba
- y un buen culito...
- Nada, tía, que yo no te puedo
ver de ese modo - le quité la mano de mis gluteos, pero
en un instante, sin ningún tipo de aviso, su mano se
dirigió a mi pene y la posó sobre este, dí un volantazo
de la impresión y estuvo a punto de ocurrir un
desastre...
- Uy pues creo que tu aparato si
que me puede ver como una mujer - dijo esto mientras
sonreía pícaramente y me guiñaba un ojo.
- Siempre está así - la mentí -
pero no voy a opinar sobre ti, ¡eres mi tía!
- Pues no opines sobre mi, opina
sobre mi cuerpo - en ese instante cogió mi mano derecha
y tras sacar uno de
sus pechos de su ajustada camisa
la posó sobre esa parte de su cuerpo. - Olvídate de que
soy yo, ¿qué opinas de esto? - Mientras me lo preguntaba
acercó su cara a la mía, soltó mi mano, que sin embargo
no se separó de la enorme ubre y dirigió esa mano de
nuevo hacia mi pene y desabrochó el botón del pantalón.
- ¿Qué...?
No acerté a decir ni una palabra
más, puesto que mi tía empezó a besarme, había logrado
ponerme a cien, y en ese momento lo único que pude hacer
fue detener el coche junto a la mediana de la autovía.
Así, siguió besándome y acariciándome el miembro, yo
recosté mi asiento hacia detrás para estar casi tumbado,
y ella dirigió su boca hacia el pene, comenzó a
chupármelo, era increíble, ¡me la estaba chupando mi
tía! En esa mamada plasmó toda su experiencia, combinaba
lametones breves y rápidos con chupadas lentas y
completas de mi miembro, completadas con delicados
masajes con sus manos.
Mientras me la chupaba me
incorporé un poco, toqué sus pechos sobre su camisa y
empecé a desabrocharla, la quité el sugetador y pude ver
en todo su esplendor dos enormes tetas, completamente
blancas, con la marca del sugetador, y grandes pezones
casi negros. Tras un rato acariciándoselos, la subía la
larga falda negra que llevaba, bajo ella aparecieron
unas bragas negras, no duraron ni tres segundos antes de
que se las quitara. Así pues, procedí a sobarla el culo.
Entonces ella subió una de sus piernas, pasándomela por
encima de la cabeza, sin dejar en ningún momento de
tocar y lamer mi miembro, y yo pude ver frente a mi un
oscuro felpudo de pelo, bajo el cuál debía estar su
vagina y su clítorix. Fue entonces cuando metí mi dedo
bajo aquella mata de pelo y localicé el agujero de la
vagina, estaba ya húmedo y empecé a meter el dedo
sucesivas veces. Después, ataqué con mi boca y comencé a
introducir la lengua en el agujero, notaba como los
pelos se enredaban en mis dientes, pero el sabor de los
jugos era magnífico. En eso estaba cuando noté que me
corría, derramé todo mi semen mientras mi tía Carmen me
la chupaba. En ese tiempo, se levantó mi tía y volvió a
mirarme a la cara, yo pude ver su rostro manchado de
semen, y aún con sus pelos púbicos en mi boca, volvimos
a besarnos. Mientras hacíamos esto, su mano volvió a
agarrar mi polla y la dirigió hacia su chochito peludo,
acto seguido empezó a botar y gritar sobre mí, pude ver
como sus tetas botaban hacia arriba y hacia abajo,
atrayendo mi atención, las cogí y chupé sus espléndidos
pezones. Así seguimos un rato más. Me volví a correr y
sin dejarme descansar, se dió la vuelta y repetimos la
misma acción, aunque esta vez con su ano como
protagonista, mientras, yo la besaba la espalda y
acariciaba sus tetas, bajando mis manos de vez en cuando
para introducir mis dedos en su húmeda vagina. En cuanto
a su culo, tenía grandes nalgas, era blanco, sin
embargo, lo que más me sorprendió fue la facilidad con
que mi miembro penetró en él, se veía que mi tío tenía
bien entrenado ese trasero. Además, mi tía ejercía
presión con su culo sobre mi pene, de forma que a no
mucho tardar volví a correrme entre los alaridos de mi
tía. Tras esto, volvió a vestirse y, como si nada
hubiera pasado, me dijo, "bueno, sobrinito, ¿me llevas a
casa?". Eso hice, la acompañe hasta su piso y como
despedida me dijo "No me has respondido, ¿a que no estoy
tan mal para mi edad?", pero esta vez la pude responder,
"Estas perfecta, tiíta".