Mi nombre es Viviana. Soy
estudiante de Administración de Empresas, tengo 19 años
y vivo en Buenos Aires. Soy rubia, mide 1,70 mts., tengo
buenas tetas y buen culo. Soy linda de cara, tengo ojos
celestes, lindo cuerpo, en fin, no tengo de que quejarme
en lo que hace a mi aspecto físico.
En enero de este año decidí que
en vacaciones me iba a ir a pasar unos días a España a
la casa de unos parientes. Tengo abuelos, tíos, primos.
Toda la familia por parte de mi madre vive allá.
Hablo con mi madre y le comentó
del viaje que quiero hacer. Ella me dice que le parece
muy bien y me arregla todo para que vaya a pasar el
verano europeo en casa de mi tío Alejandro.
Cuando comienza febrero empiezo a
hacer los preparativos para el viaje. Voy a hacer los
trámites, comprarme ropa, el pasaje de avión, etc.,
hasta que a mitad de febrero ya tengo listo todo para
viajar.
Y llega el gran día: Mi mamá me
lleva a aeroparque y viajó a conocer un nuevo país, un
nuevo continente, una cultura diferente. Voy sola, y era
la primera vez que hacía un viaje tan largo y de esas
características. El viaje se hace bastante largo, como
16 horas de avión. Pero finalmente, llego a España,
nadie me va a buscar al aeropuerto, sin embargo ello no
afecta mi optimismo en cuanto al viaje.
Llegó a casa de mis tíos, una
hermosa casa grande en las afueras de Madrid. Toco el
timbre y comienzo a saludar a familiares que ni conozco.
Todos ellos muy amables y muy hospitalarios todo el
tiempo. Todo va muy bien los primeros 5 días. Al sexto
día que era un viernes, estoy en mi habitación y entra
mi tío sin golpear, mientras me estoy cambiando. Estaba
en bombachita (una prenda muy chiquitita y delicada que
compré en Recoleta, Buenos Aires) y alcancé a taparme
con una remera, sin embargo a mi tío Alejandro parece
que no le importó. Pasó y me habló como si estuviera
vestida, sin hacerse ningún disimulo mientras de reojo
me miraba las tetas y a través de un espejo que había en
la habitación el culo. En ese momento, mi tío Alejandro
me dice: “Mira nena que si bien vos venís de vacaciones,
acá hay que trabajar”, yo le digo: “Bueno, decime en que
querés que te ayude y te ayudo”. Él responde: “Hoy te
espero en mi bar a las 20:30 hs. que falta una de las
meseras y vos la vas a reemplazar”. Yo le digo: “Ok., a
esa hora en punto voy a estar ahí”.
A eso de las 19 hs. comienzo a
bañarme, no quería llegar por nada del mundo. Me cambio,
elijo una remera blanca escotada, una falda negra muy
corta, unas botas negras y medias blancas y una ropa
interior blanca de encaje muy sexy y diminuta. Me tomo
el tren (que en esas ciudades europeas funciona a la
perfección y con una precisión asombrosa) y llegó al
lugar. Cuando voy entrando veo dos hombres de seguridad
en la puerta. Me miran de arriba abajo, enfocándose
específicamente en mis tetas y me preguntan: “¿Vos quién
sos?”. Los tipos no podían sacar la vista del escote de
mi remera blanca, cuando empezó a darme vergüenza la
situación les digo: “Viviana, la sobrina de Alejandro”.
Uno de los dos me dice: “Pasa, por acá por favor”, y me
dejan ingresar al lugar.
Entro y veo que el lugar es un
bar con pocas luces, una barra de tragos hacia mi
izquierda, muchas mesas chicas para dos o tres personas
y un escenario al fondo grande, y otro escenario más
chico hacia el costado derecho.
Viene mi tío, me presenta a una
chica de unos 29 años: “Hola, ella es Julieta mi
asistente, ella te va a guiar y ayudar con lo que
necesites”. Julieta me lleva a un cuarto contiguo y me
da la ropa que tenía que usar para trabajar. Al ser un
trabajo de mesera en un bar y de noche, yo había elegido
una ropa que me había parecido sumamente sexy, sin
embargo lo primero que me dice Julieta es: “Hola, te
vamos a cambiar un poquito el look, así estás más sexy y
recibís más y mejores propinas”. Abre un armario y
empieza a sacar ropa, desde el lugar que yo estaba no
veía bien que. Cuando me la alcanza veo la tanga más
pequeña que había visto en mi vida, nunca había usado
una cosa igual. El triangulito era minúsculo. Además me
da un pañuelo para el cuello, una remera blanca que se
transparentaba toda y una pollera que era la mitad de la
que yo traía que ya era bastante corta. Mis nalgas se
salían para afuera. La ropa me pareció excesivamente
provocativa y sexual, pero como quería ayudar a mi tío
lo más posible no dije nada. Pensé: estoy en su bar,
estoy protegida. Le preguntó entonces a Julieta: “¿Donde
me puedo cambiar?”. Ella me dice: “Acá mismo, adelante
mío, ya que quiero ver tu actitud”. Al principio me dio
vergüenza, pero sin darme cuenta por inercia, empecé a
sacarme la remera. Primero quedé en corpiño, luego me
bajé la pollera quedando en ropa interior. Ahí ella se
acercó, siempre mirándome de arriba abajo y me dio una
palmada en la nalga derecha y me dijo: “Estás buena, en
este trabajo te va a ir muy bien”. Yo me detengo un
segundo pero enseguida ella se me pone detrás y sin que
yo me de cuenta, me desabrocha el corpiño. Quedo en
tanga y tetas, y cuando creía que eso era todo, Julieta
rápidamente, me baja la bombachita dejándome
completamente desnuda. Tenía mucha vergüenza en ese
momento, porque bueno en bombacha y corpiño, era casi
como estar en bikini, pero completamente desnudita era
algo muy distinto. Agarro la ropa “de trabajo” que ella
me dio para vestirme rápidamente y ella me dice: “Un
segundo, no te vistas tan rápido, primero vamos a hacer
un “ejercicio” para que a la noche estés más relajada y
tranquila. Quédate desnuda”. Me hace quedar desnuda y yo
le preguntó: “Nos vamos a quedar acá?”. Ella responde:
“No, ahora vamos a ir para el salón”. Y me lleva a mí
desnuda, mientras ella estaba vestida al salón. Había
algunos empleados (seguridad, cocineros, etc.) y
empleadas (otras chicas y meseras) que iban llegando. No
podía soportar la vergüenza. Los hombres enseguida me
miraban y comentaban, y no me sacaban la vista de
encima. Entre los murmullos escuchaba: “Está bárbara”,
“Mira las tetas que tiene”, “Mira ese culito”, “Es
hermosa”, “Como le apretaría esas tetas”. Lo cual en
cierto modo me llenaba de orgullo.
Julieta me conduce hasta la barra
de tragos en donde estaba mi tío y le dice: “Alejandro,
te felicito tenés una sobrina hermosa, tiene mucho
futuro trabajando con nosotros”. Mi tío dice: “Si ya
veo, Vivi a ver date una vueltita”. Y yo ahí
exhibiéndome ante mi tío, Julieta y unos 5 o 6 empleados
que estaban un poco más lejos. De a poco la vergüenza
del primer momento iba pasando, tal vez Julieta tenía
razón. Hasta que mi tío dice: “A ver, Eric vení”. Eric
era un empleado de seguridad, bastante fornido y
apuesto. Alejandro: “Que te parece, del uno al diez que
puntaje le das”. Me agarra suavemente de la mano
derecha, me hace dar una vuelta quedando de espaldas con
el brazo en alto y sacando culo. El me da una palmada en
la nalga, me hace completar la vuelta y me toco los dos
senos fuertemente con sus dos manos. Se acerca más de
frente y me toca nuevamente el culo, lo amasa, me mete
un dedo por la raya, mientras con su mano izquierda me
toca la vagina y dice: ”Alejandro, sin duda, es un 9
puntos”.
Eric se va a continuar sus
labores y quedamos yo, mi tío Alejandro y Julieta. “Que
querés tomar” me pregunta él. “Una cerveza”, contesto
yo. Y ahí estaba yo, tomando una cerveza desnuda en un
bar y a muchísimos kilómetros de mi casa. Cuando termino
la cerveza, ya un poco el hecho de estar desnuda se
había tornado “natural”, o por lo menos natural para esa
extraña situación. Mi tío (Alejandro) dice: “Julieta,
bueno llévala a que se cambié”. Julieta me lleva y me da
la ropa que me había dado antes. Me visto y me miró
frente al espejo que había en la habitación chiquita que
usaban de vestuario. Noto dos cosas: mis pechos se
transparentaban demasiado y mi culo se salía casi por la
mitad de la pollera. En cuanto me inclinara un poquito
para adelante, el hilo blanco que me habían dado por
bombacha se vería todo. Cuando veo como queda, le pido a
Julieta otra ropa, o si no podía usar la mía, pero me
dice terminantemente que NO, que esa era la ropa del
local, y que la tendría que usar y que sino mi tío se
enojaría mucho y me enviaría devuelta a Buenos Aires y
mi viaje y mis soñadas vacaciones habrían terminado.
Aparte de decirme que no podría
usar otra ropa, Julieta me explica las reglas respecto
al cuidado de la ropa del local y me dice: “Como hemos
tenido problemas con otras chicas que perdían o se
robaban la ropa, la regla general es así, por cada día
de trabajo, se te da un conjunto de ropa, si lo perdéis
o por alguna razón no lo encontráis o no lo tenés, no se
te va a dar otro conjunto de ropa. Está entendido”.
“Sí”, dije yo pero no entendí muy bien a que se refería,
siendo la sobrina del dueño no me iba a robar la ropa,
que aparte no me gustaba, ni me quedaba cómoda.
Ya vestida para trabajar voy al
bar y le pido a mi tío otra cerveza para tomar. A las 22
hs. empieza a llegar la gente. A las 23 hs.
aproximadamente me llamó la atención que había pasado
una hora y no había ingresado una sola mujer al lugar.
Pensé: “Será un club de hombres en el que miran partidos
de fútbol, boxeo, o juegan al póker”. Sin embargo a las
23:30 hs. sale un Sr. al escenario presenta a una tal
Natalia que sale al escenario y hace un baile erótico.
Yo mientras tanto seguía
trabajando como camarera. Nunca había estado en un lugar
así. Pero bueno, era una experiencia distinta y nueva,
que era lo que yo quería hacer cuando emprendí este
viaje. Atiendo un par de mesas, tomo varios pedidos y
los llevó. Los hombres empiezan a comer. A la quinta
mesa que voy a atender, había tres hombres, uno de ellos
más alegre que los otros dos, probablemente por efectos
del alcohol y me dice: “Hola, nena” al momento que me
mete la mano por debajo de la pollera y me toca el culo
y ahí dice: “Ahh bueeeno! que pedazo de culo tenés
perra”. Yo me incomodó un poco, pero dejo que me toquen
para no hacer una escena y pregunto: “Que van a
ordenar?” Me hacen el pedido de vino y lomo a la
portuguesa para los tres. Cuando vuelvo para traerles el
mismo, el más “alegre” dice: “Está propina es para vos y
me pone un billete de 20 Euros en la tira de la bombacha
y me da otra palmadita en la nalga. Les sirvo vino y los
otros van a brindar. Me preguntan: “Como es tu nombre?”;
“Viviana” respondo yo y el “líder” del grupo dice:
“Salud, por las mujeres hermosas como Viviana” y levanta
bruscamente su copa. Al levantar la copa, me mancha toda
la remera y queda con un olor a vino impresionante. Voy
a hablar con Julieta y le digo: “Un cliente me ha
manchado la remera, necesito otra.”. Ella se pone como
loca, furiosa y me dice: “Ves, te dije que cuidaras la
ropa, te explique las reglas. Querés hacer que me echen?
Eh, yo soy la responsable de vestuario entre otras
cosas, así que ahora vas a aprender. No sólo que no te
voy a dar otra remera, sino que también me vas a
devolver el corpiño”. “Como?” pregunto yo, estaba
anonadada. Le digo: “Yo no te voy a dar nada, hasta que
no termine de trabajar”. Eso la hizo enojar aún más y
apretó un botón rojo. Enseguida apareció Roberto, otro
de los guardias de seguridad y Julieta dijo: “Roberto,
déjala en tanga, así aprende a cuidad la ropa”. Viene
Roberto me agarra por detrás y con una fuerza descomunal
tira primero del corpiño, rompiéndolo y dejándome en
tetas y con mis pechos bamboleándose por un rato. Y
luego hace lo mismo con la pollera. Quedo en la fina
tanguita blanca. Al volver al salón, mi nuevo aspecto
impacta en algunos hombres, ya que si bien todas las
meseras eran muy bonitas y estaban vestidas de manera
sexy, ninguna de las camareras estaba todavía a esa hora
tan desnuda.
Vuelvo a atender las mesas, sólo
que ahora estaba mucha más expuesta que antes. En todas
las mesas que iba alguno me daba una palmada en la cola.
Otros me pedían de sacarse fotos conmigo a lo que yo
accedía gustosa y de buena onda. Hubo un cliente que
pidió una botella de cerveza que me pidió si no me la
podía poner entre mis dos hermosas tetas, por lo cual me
gané una propina de 15 Euros. A las dos horas de estar
atendiendo las mesas en tanga y tetas, y los hombres
haber consumido más alcohol, ya en casi todas las mesas
había alguno que me tiraba un manotazo en las tetas,
aparte de la ya casi automática palmadita en el culo con
cada pedido que llevaba a las mesas.
Haciendo un show erótico muy
acrobático, una de las chicas se lesiona. Era la
preferida del Sr. Rogerwar, el mejor cliente del lugar.
Esa chica, Diana, luego de bailar para todo el público
iba a hacer un show privado en uno de los VIPs para este
cliente como era costumbre todos los viernes.
En algún momento cuando empecé a
buscar trabajo, había pensado en trabajar de camarera,
pero nunca me había imaginado una experiencia semejante.
Y en cierto modo, era excitante.
En una de mis idas a la barra,
para buscar las bebidas y comidas para los clientes, mi
tío me dice: “Nuestro mejor cliente, el Sr. Rogerwar me
preguntó por vos y si estás dispuesta a hacer un baile
para él en la sala VIP”. Le digo: “No sé, dejámelo
pensar”. Alejandro: “Mira que para a hacer un baile te
dan un nuevo conjunto de ropa”. “Entonces sí”, digo yo.
Ya estaba un poco cansada de estar desnuda y ante la
mirada de tantos hombres. Además tal vez, el volver a
vestirme evitaría aunque sea en parte el manoseo
constante al que era sometida por parte de los clientes.
Voy con Julieta y ella me da la ropa que yo había traído
más un collar plateado para el cuello.
Al principio no sé que decir,
pero bueno, voy. No sabía muy bien que hacer, entonces
empiezo a bailar como lo hago en los boliches de Buenos
Aires, cuando salgo con mis amigas. Mucho meneo,
movimiento de cola, 100 % sexualidad.
A los 10 minutos de bailar para
él de manera sexy, el tipo sin dudarlo me pide que me
quede sin ropa. Dudo y el se da cuenta enseguida de lo
que pasaba por mi cabeza. Sin pensarlo dos veces él, que
se ve que tenía muchísimo dinero y poder, saca un fajo
de varios billetes de 100 U$S y me dice: “Te compro tu
remerita”. Lo dudo un instante, pero cuando pienso en
que esa remera me había costado U$S 10,00 y estaba por
venderla en por lo menos U$S 2.000,00 no lo pensé y sin
pensarlo me saqué la remerita y se la arrojé al Sr.
Rogerwar que la agarró al vuelo con un mano, lo que me
hizo pensar que era un habitué en este tipo de clubes.
Lo mismo con la pollerita que me habría salido unos U$S
25,00 y él me la “compraba” a U$S 3.000,00
aproximadamente. Para ese momento estaba en bombacha y
corpiño y con U$S 5.000,00 para gastar. El tipo me dice:
“Te gusta la platita, no? Putita. Ahora te voy a dar el
doble si te quedás totalmente desnudita”. ¡10.000
dólares! Nunca había tenido esa plata en toda mi vida,
es más era mucho más de lo que podría ahorrar trabajando
10 años. “Aceptó” le dije, pero esta vez fue él quien me
sacó primero el corpiño y luego la bombachita, y no era
para menos con lo que había pagado por dichas prendas.
Ahí estaba yo, completamente desnuda, frente a un tipo
que no conocía y a 20.000 km. de mi casa. Si mis padres
se enterarán de esto pensaba.
La situación me calentaba mucho,
debo confesarlo. El tipo me hace arrodillar frente a él
y me dice que le iba a tener que practicarle sexo oral.
Yo pensé: “Se lo merece”. Mientras se la chupaba, él me
pegaba palmadas en las nalgas para que yo aumente el
ritmo. En un momento me dice: “Juntate las tetas”. Me
hizo un poco una “turca” (pene entre las tetas) y me
acaba un poco en las tetas y un poco en la cara.
Una vez que el acabó, yo estoy
por vestirme y el me mira y me hace un gesto de negación
con la cabeza y dice: “No, nenita, vos te quedas así
desnudita y con mi lechita por tu cuerpo”. Me deja
desnuda, pide un champán, uno bien bien caro (U$S 500 la
botella) y lo tomamos. Cuando ya se está por acabar en
el último vaso el me dice a ver ahora te vas a tomar un
nuevo trago que está de última moda aquí en Europa. Me
hace masturbarlo y acaba en un vaso. Llama al mozo, pide
otro vaso y dos hielos con un poco de vodka pone su
leche ahí y me lo hace tomar al tiempo que me pregunta:
“¿Está rica, no?” Al principio me dio un poco de asco,
el hecho de tomar su leche, pero luego me di cuenta que
no tenía un gusto tan feo.
Este tipo parecía insaciable, me
hace cabalgarlo. Después de un buen rato de sexo en el
que yo estaba arriba de él, el tipo se va.
Cuando vuelvo al salón, paso por
al lado de mi tío quién me hace el siguiente comentario:
“Aprendés rápido, nena, yo sabía que ibas a ser una
buena puta”. Luego más tarde terminada la noche de
trabajo vuelvo a la casa. Me encuentro con mis primas y
me preguntan como me había ido. Yo les cuento la
historia y a ellas les parece lo más normal del mundo.
Al día siguiente el club no
habría y vienen unos amigos de mi tío, para jugar al
póker. Mi tío que según me cuentan mis primas venía
perdiendo mucho dinero, no tenía dinero suficiente para
jugar esa semana. Pero jugador incurable como era se le
ocurre una brillante me apuesta a mí en la partida de
póker. Finalmente, luego de 2 horas de póker mi Tío
pierde y para pagar sus deudas, me dice: “Vivi, mañana a
las 10 hs. de la mañana estos buenos señores te van a
llevar a pasar un día de campo y a conocer parte de
España” (ESTA HISTORIA LA CONTARÉ MÁS EN DETALLE EN OTRO
CAPÍTULO).
Una vez que vuelvo del día de
campo, mi tío me lleva a trabajar nuevamente a su bar y
la historia se repite, aunque no igual, parecida.
Una vez finalizadas mis
vacaciones, despido a mi familia en mi Madrid, luego de
unas hermosas vacaciones, las mejores de mi vida y
vuelvo a Buenos Aires.
Empiezo a frecuentar “bares” por
la zona de Recoleta y la historia continúa …