Se llamaba Solange, unos ojos
celestes preciosos, de 15 añitos solamente. Yo, su
vecino del departamento de al lado.
Sucede pues que por ese tiempo,
yo estaba recién separado de mi esposa, quién después
del divorcio salió de la ciudad dejándome en el
departamento que adquirimos recién casados, hace ya dos
años atrás.
Como siempre, con la rutina
laboral, que me impedía tener vida social con mis demás
vecinos del edificio, había hecho que mi vida transcurra
monótonamente y sin novedad alguna.
Pero todo cambió cuando al subir
por las escaleras un día que llegué temprano a casa, me
encontré con tamaña belleza.
Una nena con minifalda jean, en
el borde superior de la escalera, bajaba lentamente
mientras que yo, al borde inferior, había quedado
estupefacto al ver el calzoncito rosado que se apreciaba
perfectamente desde abajo. El espectáculo era
maravilloso, piernas torneadas y largas, con la firmeza
propia de su edad, bajaban lentamente de las escaleras.
- Buenos días, señor Fernando.
Dijo Solange con toda inocencia, ni siquiera dándose
cuenta que desde arriba dejaba ver su delicada ropa
interior.
- Buenos días, Solange. SOlamente
sabía su nombre, dado que nunca me había ocupado por
dirigirle la palabra. SUpuse que ella igual solo conocía
mi nombre por referencias, pero no fue así.
- ¿Cómo le va en su vida de
soltero? refirió la nena impactándome con la pregunta.
Quedé sorprendido, sin saber que
decir.
- No se preocupe, todo se sabe en
este edificio. Adiós, alcanzó a decir Solange con una
sonrisa pícara en sus labios.
Al subir a mi departamento, y en
el transcurso de todo el día, no pude dejar de pensar en
Solange. Ya no era la nena pequeñita y delgada de hace
dos años cuando llegó procedente de Francia con sus
padre. Era una adolescente preciosa, y vivía al frente
mío sin yo darme cuenta por mucho tiempo de su cambio
radical.
Después de una masturbada
magistral pensando en sus delicados calzoncitos
alcanzados a ver aquella tarde, me propuse conquistarla.
Tenía que medir sus pasos, su
horario, el horario de sus padres, planificar todo.
Inclusive llegue a estructurar
todo un plan de ataque, que comprendía pasos específicos
cada día, por treinta días.Sin embargo, ello no fue
necesario.
Una noche llegué tarde como
siempre de trabajar, y nuevamente encontré a SOlange en
las escaleras. llevaba ropa de gimnasio, y estaba
sentada aparentemente con un dolor en el tobillo.
- Me duele, Sr. Fernando, no
puedo caminar. Señaló con voz de dolor Solange.
Ante ello, la tuve que levantar
para poderla subir los tres pisos que faltaban.
- Ya no puedo caminar más, me
dijo a pesar de haber subido solo tres gradas. Me duele
demasiado.
No me quedó de otra que cargarla
para poder subirla.
Sentir sus preciosas piernas que
se contorneaban en la ropa ajustada de gimnasio, sus
brazos alrededor mio, su pelo rubio que rozaba mis
mejillas, hizo que me empalme de inmediato.
- Bueno, ya estas arriba, avisaré
a tus padres.
- Noo, ellos viajaron y no
vendrán hasta dentro de tres horas, y no sé como curarme
sola.
- Entra a casa, tengo primeros
auxilios que te pueden ayudar, exclamé sin la menor mala
intención, dado que ello no era parte de mi plan a largo
plazo.
Ingresamos a mi departamento,
ella se recostó y yo inmediatamente empecé a dar masajes
suaves a su tobillo. Se veía preciosa hechada en mi
mueble, inocente, exhuberante.
- Ya creo que está. le dije.
- Gracias, adiós Sr. Fernando, me
dijo e inmediatamente me dió un beso que cogió parte de
labios.
Cerré la puerta confundido, había
dejado escapar una oportunidad.
- Sr. Fernando, Sr. Fernando, por
favor olvidé mis llaves. Tendré que esperar hasta que
lleguen mis padres, me dijo con carita inocente. Puedo
esperar en su salita, no molestaré, se lo prometo.
- Bueno, No hay problema. Pasa.
Puedes quedarte alli, mira televisión, mientras yo tomo
un baño. Puedes usar el otro baño si deseas refrescarte,
le indiqué.
- Gracias, es ud muy amable.
Tomé una ducha refrescante, y al
salir del baño, coincidentemente salía ella de su baño
correspondiente, con una pequeña toalla que estaba alli
solamente como secamanos (se imaginaran lo pequeña de la
toalla).
- Ups, disculpe, mi ropa cayó en
el agua y se mojó totalmente, por lo que no me quedó más
que quedarme con esta toalla, me dijo con su mirada
pícara.
No podía creerlo, la nena que
tanto deseaba desde hace pocos días estaba en mi
departamento, semi desnuda. Pero que hacer, estaba
desubicado, ese no era mi plan y no sabía realmente que
paso más dar.
- Ingresa al cuarto de huéspedes
si deseas y sécate, te traeré algo para que puedas
ponerte, le dije.
Inmediatamente saqué un polo y
una buzola que tenía guardado e impulsivamente ingresé
al cuarto de huéspedes. - Huy, disculpa, no fue mi
intención, dije al verla totalmente desnuda, secándose
lentamente.
- No se preocupe Sr. Fernando, me
dijo acercándose y tirando "sin intención" del nudo de
mi toalla. No me había dado cuenta que yo también estaba
solamente con una toalla. Me dejó totalmente desnudo con
una rapidez genial.
la cara de la nena era de asombro
y picardía, con sus ojos dirijidos a mi empalmada verga,
la cual había crecido rápidamente y latía roja ante su
mirada.
- Disculpe, Sr. Fernando, no fue
mi intención, me decía mientras sus ojos seguían fijos
en mi verga palpitante.
- Te gusta - le dije un poco
nervioso no sabiendo que decir - si deseas puedes
tocarla. Me oía y no podía creer lo que decía, temiendo
a la vez que se moleste y se marche.
- Puedo? dijo mordiéndose el
labio inferior.
- Claro, acercate.
Inmediatamente la nena se agachó,
cogió mi verga y empezó a menearlo, poco a poco,
lentamente, con delicadeza. Sus manos finas, pequeñas,
se deslizaban sobre mi grueso pene. Yo simplemente me
mantenía con los ojos cerrados, disfrutando de las
caricias, cuando derrepente siento un líquido caliente
que se posa en mi glande. Abrí los ojos y miré hacia
abajo: la pequeña había empezado a lamer mi glande, y
poco a poco iba introduciéndoselo en su pequeña boca.
Que delicia!, magistralmente,
succionaba con suavidad, mientras con su mano derecha
seguía meneando el tronco y con la izquierda acariciaba
mis huevos, exitándome desobremanera.
- Voy a correrme, le avisé. Pero
la nena no se inmutó y por el contrario, aumentó el
ritmo de sus succiones convinándolo con lametones
internos, lo que provocó que me corra en su boca. la
nena luchaba por no desperdiciar nada, entre mi pense
que esa nena era experimentada, lo que de alguna manera
me decepcionó dado que yo pensaba desvirgarla.
Sin decir palabra, la cogí y la
deposité en la cama, arrodillándome hasta alcanzar su
rosado coñito con escasos pelos, y empecé a darle de
lamidas en el clítoris. la nena se contorneaba como
poseída, pidiendo ms y más, hasta que me agarró de los
pelos y dio un grito que creo que se oyó por todo el
edificio. Había tenido un orgasmo, luego me enteré que
fue su primer orgasmo.
Inmediatamente para evitar que se
desanime, me acerqué a ella y le di un beso apasionado,
el cual lo respondió metiendo su lengüita en mi boca,
encontrándose con mi lengua, entrelanzandonos entre sí.
Mi miembro había recuperado su
presencia y se veía más firme aún. - Métemela, me
suplicó, soy tuya.
No podía negarle eso a una niña
que me lo suplicaba, no soy tan malo y siempre he
consentido a las niñas, así que lentamente fui
introduciéndoselo, hasta que me encontré con una barrera
que me indicaba que estaba equivocado, !Era virgen, la
pequeña no había sido desvirgada aún! Eso me impulsó a
darle otro profundo beso y simultáneamente !zas!
adentro.
Ohhhhhh, exclamó ella con una
expresión mezcla de dolor y placer. Me paralice para no
hacerle daño, dejando que nuestro órganos se
acostumbres.
!Dame más, más! pedía la pequeña,
quién a sus quinces añitos, estaba siendo desvirgada
placenteramente.
Me dediqué a un ir y venir suave,
constante, y la nena se agitaba y gemía sin parar. Hasta
que nuevamente me agarró de los cabellos y se retorció
de una manera tal que me indicó que llegaba su segundo
orgasmo. Pero tanto apretó sus piernas a mis caderas,
que me provocó un orgasmo intenso en mí, llenándola
totalmente.
Había sido una tarde maravillosa,
pero ya habían pasado tres horas. - Mis padres!!!,
exclamó, llegaban en dos horas.
Inmediatamente tomó sus prendas,
se puso su buzo de gimnasio a medio secar, y con un beso
rápido me dijo: Mañana te toca visitarme, y salió
raudamente de la habitación meneando sus nalgas que se
marcaban en el buzo semi seco.
Me quedé pasmado, las cosas
habían salido más rápido de lo que pensé.
Cinco horas después de un acoger
dueño despertè, tropezando con su calzoncito rosado, ese
que había visto en las escaleras aquél primer día. Mi
trofeo, pensé. Pero mañana transitaré por otro canal más
estrecho, maquiné...