Después de visitar su pagina y de
disfrutar de sus relatos, me he animado a colaborar
contando algunas de mis propias experiencias. Espero que
los lectores disfruten y si es así pueden escribirme
para contármelo.
Primero de todo me presentaré: me
llamo Clara, tengo 33 años y soy de mediana estatura y
mediano peso ;-) Bueno mi aspecto físico podéis verlos
por las fotos.
La experiencia que voy a contar
sucedió cuando tenia 19 años. Esto ocurrió un verano en
el cual por circunstancias del trabajo el chico con el
que salía por entonces se tuvo que quedar en Madrid
mientras que yo me encontraba disfrutando de la playa
con mis padres en una zona del litoral mediterráneo. Mi
novio llegaba el viernes por la tarde y se quedaba hasta
el domingo. Ni que decir tiene que aprovechábamos las
horas que estábamos juntos para hacer el amor allá donde
podíamos: unas veces en casa si mis padres habían salido
a dar una vuelta, en el coche o incluso bañándonos en la
playa.
Un sábado, no sé por qué, pero
nos pusimos a discutir por una tontería y la cosa se fue
calentando hasta el punto que nos enfadamos de verdad.
Mi novio con el mosqueo se marchó diciendo que pensaba
pasárselo bien lo que quedaba de fin de semana en
Madrid. ¡Aquello me llegó al alma!. Con la rabia que me
entró decidí que yo no iba a ser menos.
Esa noche me aticé unos tragos de
bourbon para animarme y me arreglé para salir de marcha
a la discoteca. Aquella noche hacia mucho calor. Me puse
un vestido liviano sin sujetador, muy corto que dejaba
ver generosamente mis muslos, un tanga, y unas sandalias
tipo como las que llevaban las romanas de las pelis. Me
recogí el pelo en un moño dejando el cuello al
descubierto. Después de maquillarme, me miré al espejo y
la verdad me sentí sexy, aunque pensé que con estas
pintas todo el mundo iba a pensar que iba buscando
guerra. Me acordé de las cosas que me dijo mi novio, y
me dio igual lo que pensasen. Iba a salir a pasármelo
bien y no pensaba cortarme a esas alturas. Antes de
salir de dí otro trago al cuatro rosas.
Me encaminé hacia la parada de
taxis. Durante el camino me crucé con algunos grupos de
chicos que me miraron de arriba abajo, uno de ellos me
silbó y otro me soltó un piropo bastante fuerte. Yo me
hice la loca y seguí mi camino como si nada, pero en mi
interior notaba un cosquilleo de excitación. Llegue a la
parada y me subí en el primer taxi de la fila. Me
acomode en el asiento trasero y al hacerlo el vestido se
me subió dejando ver todas mis piernas y el color blanco
de mis bragas. En circunstancias normales me abría
acomodado el vestido decorosamente, pero aquella noche,
tal vez envalentonada por el alcohol, me sentía
poderosa. El conductor se giró para verme y puso unos
ojos como platos ante el espectáculo inesperado.
Tartamudeando me preguntó dónde íbamos, le di el nombre
de una disco de moda y partimos. Durante el viaje, me di
cuenta que no paraba de mirar por el espejo retrovisor y
yo haciéndome la despistada, mirando por la ventanilla,
empecé a separar los muslos con lo que el chofer, un
señor maduro de unos cincuenta, podía atisbar incluso
los pelillos de mi coño que salían por los lados del
tanga. Hubo un momento que creo que se fijaba más en mi
que en la carretera y un coche le pegó una pitada.
Decidí que era mejor acabar con el juego y crucé las
piernas. Finalmente me dejó en la puerta de la disco, y
al bajar me dijo
"Oye nena, así como vas parece
que vas pidiendo que te follen"
Me sorprendió esa procacidad,
pero reaccione y le dije
"Pues si, a eso vengo, a ver si
me pegan el polvo de mi vida"
El taxista marchó y yo me di
cuenta que todo el mundo en la cola me había oído. Las
chicas se miraban como diciendo "vaya guarra" y los
chicos se daban codazos. Entré sin más y me dirigi a
pedir la consumición. Al poco se puso a mi lado un chico
moreno, alto y atlético. Tenia unos dientes blancos muy
bonitos que no dejaba de mostrar, sonriendo todo el
tiempo. La verdad es que me gustó al instante, tanto su
timbre de voz como su conversación. Dijo llamarse Mario.
Pidió otra ronda y yo notaba como me invadían los
calores. Yo estaba sentada en el taburete, mientras que
él de pie, me tenia con el brazo rodeada mi cintura y su
mano la notaba que ascendía y descendía por el costado
de una manera cada vez menos sutil hasta que al final la
tenia junto a mis pechos. Me notaba caliente y le dije
que fuésemos a la pista a bailar. A estas alturas el
local estaba muy lleno y nos costo llegar. Yo iba por
delante y él iba detrás cogido de mi cintura. En uno de
los apretones me di cuenta de lo empalmado que estaba.
Apreté mi culo hacia atrás y me imagine lo que tenia
entre las piernas. La sensación es que era mucho mayor
que la de mi novio y más gruesa. A estas alturas el
tanga lo notaba mojado por la excitación que estaba
experimentando, los pezones los sentía duros y en punta.
Nos detuvimos más o menos a mitad de pista de baile y de
tanta gente que había casi no nos podíamos mover. Me
volteó y me estrecho fuerte entre sus musculosos brazos.
Se inclinó y nos besamos apasionadamente.
Me apreté a su cuerpo todo lo que
pude clavándole mis pezones en su pecho. Metió su pierna
entre las mías y con un hábil movimiento de cadera
acomodó su verga para que rozase mi vagina. Sus manos se
colaron por debajo de mi falda y comenzó a sobarme el
culo con movimientos circulares, separaba y juntaba las
nalgas y a cada movimiento de separación notaba que se
separaban también los labios del coño. Comenzamos a
movernos rítmicamente y cada movimiento su paquete
rozaba mi clítoris. ¡Aquello era demasiado!, estaba
totalmente empapada y notaba los flujos cayendo por mis
muslos.
Tuve un momento de lucidez. ¿Pero
que estaba haciendo?. ¡Estaba prácticamente follando con
un desconocido y rodeada de gente!. Miré a mi alrededor,
pero nadie parecía estar dándose cuenta, estábamos
rodeados por parejas que iban a lo suyo y algunas se
estaban dando un buen lote. Mario pareció darse cuenta y
me susurro al oído que esa noche me iba a hacer feliz
como nunca antes lo habría sido. Me beso el cuello
pasando su lengua de arriba abajo.... me abandoné....
saque una de sus manos y me introduje su dedo índice en
la boca y mientras lo chupaba le miraba a los ojos.
Volvió a meter rápidamente la mano debajo de mi falda
pero esta vez su dedo se dirigió a mi ano. Di un repingo,
nunca antes con mi novio me había hecho esa caricia.
Metía la punta del dedo y la sacaba, la volvía a meter y
daba un movimiento circular, mientras su sexo se frotaba
junto a mi clítoris, mis movimientos se aceleraron, y
una corriente eléctrica me recorrió mi cuerpo, pegue un
alarido al correrme que gracias a la música estruendosa
solo oyeron los que estaban a nuestro lado.
Mario me pidió que le acompañase
al coche. No dudé un instante, me había hecho correr de
pie mientras bailábamos, podía pedirme cualquier cosa...
en mi cabeza solo tenia el pensamiento de poder coger
ese miembro que había notado tan grande y grueso bajo su
pantalón y poder devolverle un poco de la felicidad que
me había dado.
Salimos abrazados hasta el
aparcamiento, al llegar a la altura de su coche, abrió
la puerta y ya no puede esperar mas... me arrodille y
extraje su miembro. Su polla salió disparada hacia mi
cara, era la mas larga y gorda que había visto en mi
vida, la vi preciosa con el glande brillante. Me la metí
en la boca y empecé a chupársela con fruición. Le pase
la lengua alrededor del capullo para después metermela
hasta la mitad, apretaba los labios, la sacaba y volvía
a repetir... la encontraba deliciosa... Mario me tenia
cogido la cabeza y suspiraba. Baje con la lengua hasta
la base de su hermosa polla y comencé a chuparle las
pelotas hasta que finalmente me dijo
"Para, para que me corro..."
No hice caso, seguí con frenesi
chupando sus huevos y moviendo mi mano con fuerza. Mario
tuvo un estremecimientos y comenzó a soltar un chorro de
leche que cayó sobre mi cara y vestido. Continue
chupando su miembro, limpiandola y sacando brillo.
Aquella polla maravillosa comenzó de nuevo a crecer.
Me levanto, me bajo el tanga y lo
echo dentro del coche y a mí me puso encima del capó, me
bajo los tirantes del vestido y dejo a las vistas mis
pechos. Se lanzo a ellos metiendo toda su boca, chupando
y mordisqueando mis pezones, mientras su dedo pulgar
presionaba y daba giros en mi clítoris .... no podía
más...
"Mario por favor metemela" le
supliqué "hazme tuya"
El sonrió y siguió chupandome las
tetas pero ahora su polla daba pequeños golpecitos a la
entrada de mi coño, eran como besitos, yo sentía el coño
chorreando y mis manos empujaban su culo para que por
fin metiera su enorme tranca, finalmente metió de un
golpe la mitad de su verga y yo lancé un grito de
placer, la sacó, la restregó contra mi clítoris y la
volvió a meter de golpe, mis jadeos iban en aumento...
"Metemela toda, clávemela hasta
los cojones, follame, follame ..."
Me izo en vilo y sujetándome las
piernas con sus brazos comenzó a follarme salvajemente,
ahora sentía sus pelotas como golpeaban mi culo a cada
embate. Clavé mis uñas en su espalda y volví a correrme.
Me dio la vuelta, y apunto su
verga hacia mi culo
"No Mario, por ahí no!"
Nunca lo había hecho por detrás,
pero ya era tarde, tenia su capullo ya en la entrada y
de dos fuertes empujones metió una parte. Di un grito
porque el dolor era muy fuerte. Sus manos comenzaron a
trabajarme tetas y coño y las sensaciones comenzaron a
cambiar. Ya no sentía tanto el ardor del culo como el
calor de sus caricias. Introdujo dos dedos en mi chocho
mojado y acompaño el mete-saca con los movimientos de su
polla en mi culo. Finalmente con dos fuertes golpes se
corrió dentro y su semen lubrico en parte la dilatación
que sentía en mi ano. Su corrida coincidió con mi tercer
orgasmo.
Nos besamos y nos metimos en el
coche. Allí nos quedamos relajados, el abrazándome, y yo
acurrucada sobre él y feliz por todo lo que había
sentido. Me arreglé y me acerco a casa. Antes de
marcharme me pidió el tanga como recuerdo de esa noche.
Me pareció romántico y se las di. Me dijo que nos
viéramos la tarde del domingo en un conocido pub. "Pero
ven sin bragas". Me reí. Le di un beso y baje del coche.
Iba caminando hacia mi casa y parecía que había bajado
de un caballo por lo abierta que tenia las piernas.
Afortunadamente a esas horas no había nadie por la calle
y todas las luces de las casas estaban apagadas.
Lo que ocurrió al día
siguiente.... bueno pues es otra historia....