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Esta
historia que relato a continuación es totalmente real.
Los hechos acontecidos al protagonista sucedieron a
partir de mes de septiembre, una vez terminadas las
vacaciones estivales y de vuelta a la rutina de los
estudios o los trabajos.
El protagonista me escribió un
correo electrónico en respuesta a unos de mis relatos
donde contaba la relación con mi cuñada. Muchos me han
escrito animándome a seguir contando mis historias,
otros en cambio escribieron contándome fugazmente la
suya. Todos estos correos tenían un denominador común,
las relaciones con nuestras cuñadas. La mayoría de los
textos eran cortos, cuatro frases sueltas, a veces muy
explícitos y otras tan insinuantes que me dejaban con
las ganas de saber más. Ese fue el caso del protagonista
del relato.
El chico me escribió contándome
fugazmente su relación con su cuñada gracias a una
tarjeta pirata. La historia tenía tomate y me interesé
en conocerla. Poco a poco nuestra correspondencia
electrónica fluía incesante hasta que conseguí recabar
todos los datos importantes. Le animé a publicarlo pero
él se negaba y se niega a escribirlo, temiendo no saber
expresar correctamente lo ocurrido, así que me animó a
ser yo el encargado de contar su historia. En principio
lo escribí en tercera persona añadiendo algunos
elementos decorativos a la historia, pero él lo rechazó
porque prefiere que lo cuente en primera persona. Así
que con su permiso.
(Dedicado a Rafa)
En primer lugar, decirles que
tengo 18 años, soy deportista. Practico fútbol en mi
ciudad, y me encanta ver este deporte. Por eso cuando mi
hermano me comentó que había contratado unos de los
canales por satélite, me ilusioné, ya que podría ver a
mi equipo favorito todos los domingos. Él me animó a ir
a su casa y ver el partido que más me gustara. Me
extrañó que se hubiera abonado a uno de estos canales,
pues en verdad a mi hermano no le gusta el fútbol, y
este era el gran reclamo publicitario para abonarse a
dicho canal.
Era la época en la que yo estaba
locamente enamorado de Pili, una chica rubia de ojos
azules que por temor a ser rechazado no me atreví a
dirigirle la palabra en el transcurso de los dos años en
los que yo bebía los vientos por ella.
La primera vez que me acerqué a
casa de mi hermano a ver el fútbol fue el primer domingo
de septiembre,. Abrió la puerta mi cuñada Mari,
recibiéndome muy alegre y elegante, dándome un beso de
bienvenida e invitándome a tomar algo. Mi hermano se
estaba arreglando para salir. Me sorprendió que se
marcharan puesto que fue mi hermano quien me invitó a
ver el fútbol. Ella me explicó que los domingos por la
tarde iban al cine, unas de sus grandes aficiones. El
domingo era el único día que coincidían para ver cine,
debido a los horarios de sus trabajos. Me animaron a
quedarme solo viendo el fútbol y a que otro domingo
invitara si me apetecía a mis amigos. Partieron no sin
antes ponerme el partido que deseaba ver.En cuanto me
quedé solo, cogí el mando de diseño modernista del nuevo
canal y quise experimentar con él, desconocía como
funcionaba y trasteé un poco para ver como era. El
partido no había empezado aún y fui pasando los diversos
canales. En los siete primeros daban fútbol, tan solo en
uno daban una película de más actualidad.
Observé que podía ver lo que yo
quisiera, el muy jodido de mi hermano, no sé como,
consiguió una tarjeta pirata y podía ver todos los
canales. Fui pasando hasta que descubrí que emitían
canales porno y me entretuve viendo un poco de cada una
de esas películas. Encontré tres canales y además un
canal gay que no me gustó. Empezó el fútbol y pasé a
verlo hasta el descanso, luego volví a los canales
calientes, y con ellos me hice una paja monumental a la
salud de una rubia que lucía tatuada una rosa en su
jugoso conejito. Ese domingo, ganó mi equipo y disfruté
el doble de otras veces que gana.
Pasadas tres horas volvieron mi
hermano y mi cuñada, todo estaba perfecto, le comenté el
resultado y le pedí si podía volver a ver el fútbol. Me
dijeron que no hacia falta ni preguntar e insistieron en
que podía invitar a alguien.
Volví a las dos semanas pues hubo
un paréntesis en la liga. Durante todo este tiempo el
recuerdo de la magnifica paja que me hice en casa de mi
hermano y de mi cuñada, me bastó para aguantar sin
hacerme ninguna otra.
Ese domingo llegué sobre las
cinco, Ellos me preguntaron porqué no vinieron mis
amigos. Le dije que me daba corte traerlos, pero la
realidad era que quería quedarme solo para hacerme otra
paja. Aquella semana mi equipo jugaba y decidí ver a
algunos rivales del campeonato. El juego de estos
equipos era tan aburrido que me dediqué a zapear viendo
las mejores jugadas del canal porno.
Me entretuve con la película más
de la cuenta algo que influyó a provocarme una erección
de caballo. Así que para disfrutar mejor el momento me
desnudé y tumbado en el sofá, llegué a uno de los más
prolongados orgasmos que he tenido durante mi escasa
vida sexual. La leche me salía a borbotones y parecía no
tener fin, salpicando de un lado a otro. La mayor parte
cayó sobre mi pecho y mi ombligo, pero también había
restos en el sofá y en el suelo.
Lo limpié lo mejor pude,
vistiéndome después. Temí por la mancha del sofá. Busqué
algo para limpiarla y miré en el canasta de ropa del
cuarto de baño. Encontré entre la ropa para lavar un
tanguilla de mi cuñada, era negro y tenía un olor ácido
que hizo que me empalmara de nuevo. Me atreví a
ponérmelo y me imaginé a mi cuñada con aquella diminuta
prenda, que no tapaba nada.
Pensé en su coñito, preguntándome
si lo tendría peludo o tal vez depilado, y ¿como podía
entrar en aquel diminuto trozo de tela?. Envolví el
tanga al rededor de mi capullo y me volví a correr, esta
vez en él. Lo limpié con agua en el lavabo y limpié con
la prenda íntima los restos que quedaron el sofá,
secando la humedad con un secador de pelo.
Todo parecía perfecto. Tuve que
poner el Carrusel Deportivo de la radio para enterarme
como habían quedado los equipos que terminaron a las
siete menos cuarto. Me vestí y me senté a esperar a mi
hermano viendo el álbum de fotos de su boda.
Ellos se conocían desde la
universidad. Mi hermano tiene 29 años y mi cuñada Mari
27. Llevan 10 años juntos, aunque casados solo 2. En la
foto, vestida de novia, estaba guapísima toda de blanco,
el pelo moreno recogido en un moño de fantasía que
aumentaba su belleza. Del vestido resaltaba un escote “palabradehonor”
cubierto por un velo de fino tul. Nunca antes me había
percatado de lo buena que estaba mi cuñada hasta ese día
oliendo aquel tanga.
Mis amigos de vez en cuando había
hecho algún comentario sobre la suerte de mi hermano con
aquella mujer, aunque a casi todos nos parecía que
estaba demasiado delgada para nuestro gusto femenino, y
sobretodo le faltaba algo más de tamaño en las tetas. El
día de su boda sí que estaba guapísima. Dejé el álbum
nupcial dedicándome a mirar unas fotos de este verano y
me fijé en la extrema delgadez de sus piernas;
decididamente a mi cuñada le faltan varios kilos, pensé.
En esto estaba cuando volvieron,
primero entró mi cuñada, que saludó preguntando
seguidamente por el resultado del partido. Le comenté
que yo creí que mi equipo jugaba a las cinco pero
finalmente jugaba a las ocho. Según escuché por la
radio, esa jornada le venía ideal a mi equipo, solo
tenía que ganar y ponerse líder. Ella se animó a ver el
partido juntos. Se sentó a mi lado mientras esperábamos
que mi hermano volviera de guardar el coche en el
garaje.
Hubo un pequeño silencio. Daban
las alineaciones de los equipos cuando mi cuñada de
sopetón me pregunta.
- ¿Qué has tomado? - Nada - Le
dije. - ¡Anda ya! si has manchado la mesa.
Mi cara se debió de poner como un
tomate cuando vi que sobre la mesa había una gran mancha
de líquido blancuzco. Yo acerté a pensar de lo que se
trataba, mi semen, y no atinaba a comprender como pudo
haber llegado hasta allí. Ella lo tocó con los dedos y
lo olió. Tal vez percibiera mi estado de nerviosismo y
de vergüenza.
- Bueno, no pasa nada si has
manchado algo. Ya lo limpio yo -
Y se dirigió a por un paño de
papel a la cocina, después de limpiar la mesa se dirigió
al cuarto de baño y cogió la ropa sucia para ponerla en
la lavadora que está en la cocina. Yo la seguía con los
ojos, nervioso, sin saber que hacer. Ella comentó que mi
hermano dejaba siempre la ropa en el suelo y esta se
había empapado, lo dijo mientras metía en la lavadora su
tanga mojado.
- No te preocupes más chiquillo,
-aseguró al verme cabizbajo- otro día te dejo algo para
que limpies lo que manches y sanseacabó.
Yo no sabía si lo decía porque
creía realmente que había tomado algo o porque
sospechaba en verdad lo que realmente había pasado. Esa
noche durante el partido, comentaron la película que
vieron y quedé en ir a verla con mis amigos, el próximo
miércoles, día del espectador, pues mis recursos
económicos son escasos.
Pasó la semana, eternizada por
varios exámenes de las asignaturas que peor llevaba. El
deseo de que llegara el domingo influyó que me bajara un
punto la nota, por fortuna, pude superar el aprobado.
Por fin llegó el domingo y
después de comer, me encaminé dando un largo paseo hasta
la casa de mi hermano. En el portal me esperaba mi
cuñada, se veía radiante y con un brillo extraño en los
ojos, que me parecieron más sensuales que nunca. Iban al
cine con otro matrimonio, amigos de ellos desde antes de
casarse.
Nuevamente en soledad, tendido en
el sofá, disfruté de los primeros compases del fútbol,
para más tarde hacer un recorrido por los canales porno
que tanto me excitaban. Como siempre, las chicas de
estos canales eran impresionantes, con sus largas
piernas, la melena de pelo en perfecto estado de
revista, el maquillaje intacto remarcado con unos labios
de carmín intenso que no se borraban con los besos, las
uñas de marfil, que en manos inexpertas podrían
despedazar a cualquier ser humano. Me entretuve con la
primera clavada y pasé al partido. Para entonces mi
equipo ganaba dos cero, me enfadé conmigo mismo por
perderme dos golazos y me quedé viéndolo hasta el
descanso.
Me desnudé velozmente pasando a
las películas porno; no sé si fue casualidad pero en una
de las escenas, entraba en la mansión una chica morena,
y delgada, de gran parecido a mi cuñada. Por descontado
era una mujer que sin dudarlo dos veces se desnudaba sin
más comentarios ni proposiciones. Yo deseaba continuar
viendo los avatares que le acontecía a la doble de mi
cuñada pero antes, busqué algo para limpiar los posibles
desperfectos que pudiera ocasionar mi más que eminente
masturbación.
Encima del canasto de la ropa, mi
cuñada, había dejado algunas prendas, entre ellas, una
braguita roja con encajes. La olí, percibí un leve olor
agrio, que imaginé que eran los flujos vaginales, y a
través del olfato fue aumentando mi excitación.
No podía esperar más y tendido a
todo lo largo del sofá, contemplé como aquella morena de
larga melena, tan parecida a mi cuñada, se masturbaba
con la ayuda de un rosado consolador. Yo la acompañé,
con la braguita rodeando completamente mi polla. Cuando
me corrí, dejé una gran mancha blanca y espesa en el
fondillo de la prenda interior. Disimuladamente la
coloqué en el mismo lugar, sin preocuparme que alguien
descubriera aquella extraordinaria mancha viscosa.
Continué viendo el fútbol. Mi
equipo ganó, no con tantas facilidades como se podía
prever en el primer tiempo, con un resultado ajustado de
3-2. Ya vestido esperé a que llegaran los anfitriones de
la casa. Primero siempre entraba mi cuñada, mi hermano
se quedaba guardando el coche en un garaje contiguo a su
vivienda; invariablemente tardaba unos diez minutos en
volver.
Mi cuñada me saludó deprisa,
excusándose por no escuchar mi respuesta pues no
aguantaba las ganas de ir al baño. Me acerqué y escuché
el potente chorro que caía sobre el retrete. La esperé
en la cocina, disimulando en buscar algo de comer. Ella
entró en la cocina con el cesto de la ropa para la
lavadora. En el instante que se disponía a meter las
braguitas rojas me miró y dijo:
- Es curioso, esta braguita se
han manchado no sé de qué. La dejé sobre el canasto, con
la intención ponérmela después de ducharme. Yo
aseguraría que estaba totalmente limpia, y ahora la he
encontrado toda manchada y húmeda. ¿Tú sabes qué puede
ser? - No - Dije totalmente nervioso.
- ¡Venga! Que no pasa nada, sí se
manchan las cosas, se lava y ya está. Pero dime la
verdad, ¿de qué es esta mancha? - Mi semen…
Dije ocultando mi cara de
vergüenza. - ¿Te has corrido en ellas? ¡O sea que ya
eres todo un hombre! - y me abrazó dándome un beso en la
cara. - La verdad es que tenía sospecha de lo que hacías
toda la tarde en casa solo, y me propuse averiguarlo. -
No se lo digas a mi hermano, por favor. - Tranquilo, y
gracias por confiar en mí y contármelo. Bueno, voy a
ponerme otra braga que la que llevaba con las prisas del
pis se mojó.
La seguí distraídamente hasta su
cuarto, la puerta estaba entornada y pude ver como abría
el cajón de la mesita de noche de su parte de la cama y
sacaba una braguita blanca. Se las colocó con maestría
sin apenas mover la falda, dejándome con las ganas de
ver algo más. En ese momento entró mi hermano, yo
disimulé diciendo que me estaba despidiendo para irme.
Estaba tan obsesionado con mi
cuñada que había olvidando por completo a Pili, algo que
extrañó sobremanera a mis amigos que intentaron sin
acierto hacer algunas averiguaciones. Aquella semana fue
la mejor para mi nueva situación enamoradiza, mi equipo
jugaba el miércoles por motivo del ajustado calendario
liguero. Aproveché para llamarlos y pedirles ver el
fútbol con ellos. Por supuesto que estaban encantados y
me invitaron a cenar.
Llegué pronto, con la intención
de ayudar a preparar la cena. A pesar de que mi cuñada
no quería que yo la ayudara, me ofrecí a preparar una
ensalada y unos sándwiches calientes.
Ella aprovechó para ducharse
mientras que mi hermano se dedicaba a navegar por
Internet. Para cuando dejó de oírse el ruido del agua de
la ducha yo ya había terminado de hacer la comida y nos
dispusimos a cenar. Ella salió envuelta en una bata rosa
y una toalla del mismo color en la cabeza.
Se sentó, recogiendo ligeramente
la bata sobre el cinturón, momento en que pude
vislumbrar un pequeño triangulo negro entre sus piernas.
No llevaba bragas y eso me produjo una enorme erección.
Cenamos los tres viendo el
fútbol. Todo el partido lo pasé lanzando miradas
lujuriosas a mi cuñada, a pesar de que el encuentro
estaba bastante emocionante y aquel día mi equipo jugaba
de perlas. Marcó el primer gol en los primeros compases
del segundo tiempo, mi cuñada saltó conmigo y la bata se
entreabrió, mostrando gran parte de su desnudez. Llegué
a ver la forma de caída de uno de sus pechos, pero no
pude descubrir si lucía medio depilado el triangulo de
la pelvis.
- Cari, ¡Qué no somos de piedra!
- Dijo mi hermano, con tono de enfado, señalando el
descuido de su mujer. - ¡Uy! - Se arregló rápidamente
dándonos la espalda - Lo siento - Dijo totalmente
encendida.
- ¡El qué! - Disimulé yo, fijando
los ojos en la repetición del gol. - Nada, creí que
viste cuando se me abrió la bata. - ¿Se abrió la bata?
¡Vaya y yo me lo he perdido! - Dije bromeando - Tendrás
que repetirlo. - ¡Mira el niño, qué listo! - replicó mi
hermano - Será mejor que te vistas, Cari, que sino este
niño no ve el partido.
Cuando mi cuñada se marchó a
cambiarse de ropa, yo aproveché para llevar los platos a
la cocina, con el claro propósito de intentar ver desde
un observatorio más cercano a su dormitorio, como se
ponía el pijama. Ella se quitó la bata, dejándola caer
al suelo, colocándose delante del espejo que decoraba el
armario empotrado que ocupaba toda la pared. Me daba la
espalda y tapaba su reflejo, por lo que solamente pude
ver su culo respingón que sobresalía extrañamente de sus
delgadas piernas. Aquel culo tan hermoso realmente no
concordaba con la delgadez de sus piernas.
En definitiva tenía un gran culo,
totalmente blanco, el cual engrandeció al curvar la
espalda sin doblar las rodillas para coger el pijama de
la mesita de noche dejando ver la silueta negruzca de su
coño entre sus piernas. Seguidamente se sentó en la cama
abriendo las piernas. En el reflejo del espejo pude ver
que ella me miraba a la vez que se alisaba el vello y
recorría con un dedo la incandescente raja del centro.
- Chico, que van a tirar una
falta peligrosa y te la vas a perder. -llamó mi hermano.
Corrí hacía el comedor para
evitar que mi hermano sospechara de mi “operación
espía”. Lamentablemente al lanzador, el tiro le salió
demasiado alto. Comenté lo malamente que estaban los
lanzadores últimamente. Volvió mi cuñada con el pijama
ya puesto.
- ¿Mejor, celosillo?
Mi hermano no dijo nada, pero la
miró muy enfadado y se hizo un gran silencio. Yo les
pregunté que les pasaba y ellos no quisieron hablar,
pero las miradas que se echaban indicaban que aquella
noche iban a tener trifulca.
Aquel día mi equipo se puso líder
y evidentemente puse pies en polvorosa lo antes posible
con la simple excusa de tener que levantarme temprano
para mis clases en el instituto. El resto de la semana
lo pasé pensando que posiblemente mi hermano no me
dejaría ver el fútbol otra vez en su casa, pues tenía la
certeza que él también sabía todo lo que estaba pasando
en cuanto me dejaban solo, así que el siguiente domingo
evité ir a la casa, preferí quedarme escuchando los
resultados por la radio.
Ese día mi equipo perdió y
abandonó el liderato, aunque seguía peleando por la Liga
de Campeones a pesar de realizar, según los
comentaristas de Carrusel, un juego desdibujado y sin
brillo. Escuchaba el comentario de la jornada cuando
sonó mi móvil.
- ¿Como qué no has venido hoy a
ver el fútbol? - Oí decir por el audífono a mi hermano.
- No sé, tenía que hacer y después de la otra noche,
pensé que molestaba mi presencia. - ¿Pero como nos vas a
molestar? A nosotros nos gusta que vengas a visitarnos
ahora que todavía estás a tiempo, luego te saldrá novia
y dejarás de hacerlo. Entonces te echaremos de menos.
- ¿Y la noche de miércoles, que
estabais tan serios? - Me dio un no sequé por lo de la
bata, pero luego se me pasó e hicimos las pases. ¡Ya te
enterarás algún día que las reconciliaciones son lo
mejor del matrimonio! - Pero si yo no vi nada. -
¿Seguro? Bueno, si no me importa. Lo único que temía es
que con el calentón te dedicaras a la alemanita y
aflojaras en tus estudios. - José, que la masturbación
no afecta para rendir en los estudios. El próximo
domingo te llevo mis notas y verás que bien está.
Efectivamente las notas eran de
un notable de media, de ese modo el domingo fui
tranquilamente a casa de mi hermano con toda la
adrenalina y el deseo contenido de dos semanas sin
hacerlo. En la puerta estaban ellos, sonriendo. Me
extrañó mucho, pero los saludé dejando seguir su curso
habitual.
- Mal día has venido hermanito-
Me dijo sonriente mi hermano. - ¿Que pasa? ¿No puedo ver
el fútbol hoy? ¿Tenéis otros planes? - No, pero se ha
ido la tarjeta y no se ven los canales de pago.
Aquello era una contradicción, no
podía ver el fútbol, pues era tarde para contratarlo y
menos la peli porno con la que soñaba para desahogar esa
semana de exámenes.
- Entonces me marcho - Dije con
cierta tristeza. - No te vayas, quédate y escucha la
radio si quieres - dijo mi cuñada - o si lo prefieres
puedes ver alguna película de las que tenemos grabada.
Hay algunas muy buenas.
Enumeró una relación de películas
grabadas, mientras que mi hermano iba a sacar el coche.
Algunas sí que interesaba verlas, pero en ese momento
solo pensaba en que no tendría sesión de sexo. Me
tendría que conformar con la imaginación. Todo tenía
arreglo. En esto estaba cuando me exaltó las palabras
que dijo mi cuñada antes de que yo cerrara la puerta.
- No vayas a registrar mi cuarto,
que lo que tenemos allí es para nuestro uso exclusivo.
¿Vale? - Sí - contesté sin saber a que se refería.
Cerré la puerta sin esperar que
arrancara el coche. Los vi marchar al cine por la
mirilla. Aquel comentario último me inquietó y
evidentemente lo primero que hice fue entrar en su
dormitorio. Abrí el armario pero no había nada que
llamara la atención. Como lo que más me apetecía
registrar era el cajón de sus braguitas, al abrirlo me
encontré una cinta de video sin ningún tipo de
indicación del contenido por lo que inmediatamente la
coloqué en el video para ver de que se trataba.
La cinta comenzaba en oscuro y se
escuchaba música de fondo. Aparecía la fecha de la
grabación y curiosamente era del último miércoles que
estuve con ellos. Lentamente aparecía mi cuñada entre
efecto de fundido negro, estaba grabado en el dormitorio
y vestía solo tanga y sujetador. Daba la espalda a la
cámara.
Se desabrochó el sostén,
volviéndose para dejarlo caer de forma sensual al suelo,
mostrando unos pechos pequeños con una gran aureola
oscura en cada pezón. Giró varias veces insinuando que
lo próximo que se quitaría sería el tanga. Paré el video
y me desnudé completamente. Presentí que iba a ser una
de las mejores corridas de mi vida cuando mi cuñadita se
quitaba el tanguilla y se tendía en la cama con las
piernas abiertas para que mi hermano que hacía la
función de cámara. la grabara.
- Seguro que quieres que te grabe
- Se escuchaba la voz de mi hermano. - No seas
tiquismiquis. - Le decía mi cuñada - Grábame que luego
la veremos juntos. - Hubo un largo silencio enfocando
cada vez más cerca el coño de mi cuñada. - Ya verás como
esto es mejor que las películas porno que ves.
- Pero si a mí no me gustan… -
Protestó mi hermano. - Mira como me masturbo. No te
gustaría comértelo. ¡No, tú grabas y no hagas caso de lo
que digo! -parando con sus palabras cualquier acto que
pudiera hacer mi hermano. - ¿Te gusta mi conejito? es
tuyo. Acércate. Tócalo.
Sus dedos se introducían
hábilmente por los pliegues de sus labios vaginales y
frotaban enérgicamente el excitado clítoris.
- Hazlo tú ahora. Mastúrbate
pensando en mí mientras me miras. Soy tuya. Salpícame
con tu rica leche. Quiero que te corras en mí. Córrete…
Córrete … Córrete … yaaaa ¡Ah!
Aunque quien grababa era mi
hermano, esos comentarios directo mirando a la cámara
realmente parecían que estaban dirigidos a mí. No tardé
en correrme sobre la pantalla del televisor en el justo
momento que ella lanzaba unos jadeos de placer. Continuó
la sesión cambiando de posición. Se puso de rodillas
sobre la cama para que mi hermano grabara una espléndida
visión trasera. Aquella posición ofrecía una perspectiva
espectacular de su lindo conejito ofreciéndose jugoso
debajo de su hermoso y blanco culito. ¡Quien te pillara!
pensé mientras soltaba la segunda corrida de la tarde.
Después de unos momentos de
recreo por sus posaderas, finalizaba la grabación.
Duraba unos veinte minutos, ¡pero que veinte minutos!
Volví a rebobinar la cinta y nuevamente me corrí sobre
mi cuñada. Paré el video con una bella imagen de aquella
mujer que me fascinaba, dejándola con las piernas
abiertas ofreciéndome el mejor de los panoramas.
Descansé un rato, y escuché los resultados de la
jornada. Mi equipo empató, pero me daba igual, yo había
disfrutado como un loco. Limpié la pantalla del
televisor con unas de sus braguitas.
Tocando aquella imagen con las
manos y la lengua, mi polla empezó otra vez a ponerse
dura, por lo que procedí nuevamente a realizar la que
sería mi cuarta eyaculación en la tarde. Escuchaba las
insinuaciones de mi cuñada a la vez que por la radio
decían los resultados de la quiniela. Me encontraba
desnudo, tendido en el sofá mirando la tele y
meneándomela cada vez con más energía, jugando con los
resultados de la quiniela. Con los unos me hacía una
paja de un solo movimiento por equipo, por cada dos
quinielístico me daba dos sacudidas y las equis eran
para tres meneos por equipo: Afortunadamente aquella
semana hubo muchas equis. Yo susurraba uno, dos y tres,
uno, dos y tres mientras que en la pantalla del
televisor mi cuñada pedía que me corriera.
- Ya voy cariño - dije yo
soltando un pequeño chorro de semen.- ¡Hala! - Escuché
decir a mi cuñada que estaba junto en frente del sofá.
Con la excitación se me fue el santo al cielo. Ella
había entrado sin que yo la escuchara, ni me percatara
de su presencia. - Vístete en el cuarto de baño que tu
hermano estará aquí en un par de minutos. Yo recogeré y
limpiaré esto para que él no sospeche nada.
Cogí rápidamente toda mi ropa y
cerrando la puerta del baño, escuché entrar a mi
hermano. A mi cuñada tan solo le dio tiempo a apagar el
video. Por suerte la última corrida no fue tan explosiva
como de costumbre, y la cantidad de leche era menor.
Toda cayó sobre mi cuerpo. Lo limpié sin problemas con
otras de sus braguitas pensando que si habitualmente mi
hermano tardaba sobre diez minutos en llegar, mi cuñada
debería haber estado algún tiempo más allí, viéndome
como me pajeaba.
- ¿Te queda mucho? - Preguntó mi
cuñada tocando en la puerta. - Me estoy haciendo pis. -
No, ya voy.
Salí temeroso, no sabía como
disculparme ni lo que hacer, nuestras miradas se
cruzaron y vi un destello luminoso en sus ojos y una
sonrisa picarona.
- Hombre ya era hora, desde que
llegué estás ahí metido. - No os escuché entrar. ¿Cuando
habéis llegado? -dije disimuladamente. - Tu hermano
ahora, yo llevo un buen rato esperando, si hubiera
sabido que ibas a tardar tanto apunto el resultado de la
quiniela que lo canturreaban por la radio cuando entré,
ya sabes eso del uno… dos… tres…, uno… dos… tres… - Dijo
mi cuñada, confirmándome que había visto toda la
masturbación.
Mi nerviosismo hizo que
rápidamente me marchara de la casa, temiéndole a la
reacción de mi cuñada.
El siguiente domingo no tenía
ningunas ganas de ver fútbol, ellos me llamaron al móvil
pero ni me molesté en cogerlo. Debía que evitar a toda
costa enfrentarme a mi cuñada. Al día siguiente por la
tarde, se presentaron en mi casa, con el pretexto de
saludar a mamá. Yo los escuché llegar y me encerré en el
cuarto. Me llamaron y rehusé contestar. Alguien tocó
suavemente en la puerta y tuve que abrir con gran
pesadumbre. Era mi cuñada que se interesaba por mí.
- Esto es una leonera - Dijo,
recriminándome de como tenía el cuarto de desordenado. -
Ya, quiero terminar unos deberes y me pongo a arreglarlo
un poco. - ¿Cómo qué no viniste ayer a ver el fútbol?
- Tenía cosas que hacer.- Nos
quedamos esperando - Y añadió en voz baja con una leve
sonrisa- Algunas bragas mías aguardaban a que las
mancharas. - ¿Qué? -dije desconcertado- No volverá a
ocurrir. De verdad que lo siento. No sé que me pasó al
ver la cinta. Era la primera vez que lo hacía.
- La primera vez aquel día,
porque a mis braguitas cada domingo las dejas peor, o
¿crees que no me doy cuenta de esas cosas?
Me quedé totalmente cortado.
Estaba a punto de llorar de los nervios, cuando ella me
abrazó.
- Si no pasa nada, es normal que
a tu edad te masturbes. Yo también lo he hecho alguna
vez. - Yo no quería pero una vez vi una peli porno que
la actriz se parecía mucho a ti… - ¡Ah, qué bien!
Entonces ¿te gustó lo que grabé? Estaba pensando en ti
cuando decidí que tu hermano me grabara. - ¡Ya verás si
me gustó! ¡Me corrí cuatro veces viéndolo! - Dije más
tranquilo. - ¡Cuatro! - Dijo sorprendida - niño, que
suerte tendrá la que te pille, eres un volcán.
Intenté besarla y ella giró la
cara rechazando mi boca, tal vez me hice ilusiones
demasiado pronto.
- Mejor seguir así - Me dijo - No
quiero hacerle daño a tu hermano. Si quieres podemos
seguir con este jueguecito, teniendo muy claro que se
trata de eso, un simple juego. Como lo ha sido en estos
días atrás, que tú te corrías y yo adivinaba donde se
quedaban los restos.
En ese momento yo tenía una
erección que no podía disimular. Ella se marchaba para
que yo tranquilamente me hiciera una paja para descargar
adrenalina.
- Espera me apetece hacerla
delante de ti. -Le dije a mi cuñada, cogiéndola de la
mano, mientras con la otra me masturbaba enérgicamente.
El chorro fue más espectacular
que nunca y parecía no tener fin. Salió lanzado en todas
direcciones, cayendo parte en la puerta de la habitación
que está a unos tres metros de donde estaba sentado.
- ¡Joder! Cuanta potencia - Dijo
mi cuñada - Y qué cantidad, ¡si te puedes ofrecer de
donante!- añadió mientras se apresuraba a salir toda
ruborizada. - Acepto el trato. -dije antes que cerrara
la puerta- Cuando esté en tu casa, yo me corro y tú
adivinas donde, si no lo adivinas me dejarás que te vea
desnuda. - De acuerdo, pero solo te correrás en mis
bragas - Y cerró con una sonrisa la puerta.
Durante un par de domingos,
nuestro juego continuó sin mucha diferencia reseñables,
ella siempre descubría cual de sus braguitas llevaba la
prueba de mis acciones intimas, condición imprescindible
para seguir con aquel juego obsceno, por lo que siempre
las buscaba y me las enseñaba antes de meterlas en la
lavadora. La tercera semana después de lo del cuarto, mi
hermano me llamó para decirme que no irían al cine pues
Mari, había cogido la gripe y estaba en la cama con
fiebre, a pesar de aquello, me invitaba a ir a ver el
partido de mi equipo.
Llegué más temprano que de
costumbre. Mi hermano realizaba un trabajo en el
ordenador y yo entré al dormitorio matrimonial y saludé
con un cariñoso beso a mi cuñada. Tenía la frente algo
caliente a causa de la fiebre y la noté decaída, con muy
pocas ganas de hablar. Sonó el teléfono, eran los amigos
que llamaban para ir al cine. Él les contó la situación,
pero mi cuñada lo alentó a ir. Ella se pensaba tomar una
infusión con limón y miel y el medicamento recetado por
el médico y guardaría cama. Yo me ofrecí a preparar su
petición y le dije a mi hermano que cuidaría de ella,
que la atendería en todo lo que pidiese.
Mi hermano se marchó en seguida
haciéndome dudar si de verdad tenía ganas de quedarse en
casa toda la tarde, por la manera tan rápida que decidió
irse.
-¿Te apetece algo más?- Le
pregunté a mi cuñada, sin doble intención. - No, gracias
-contestó- intentaré dormir. Por cierto, tú haz como si
yo no estuviera aquí. Esta enfermedad no evitará nuestro
juego. - ¿Puedo manchar cualquier braga? -Pregunté. -
Siempre que estén usadas, claro que sí.
Puse el partido, pero como no
empezaba, otra vez visité el canal porno. Me desnudé con
el morbo de saber que mi cuñada podía salir en cualquier
momento de su habitación. Me quedé en una película donde
nuevamente la actriz era la morena que tanto me
recordaba a ella. Comencé a masturbarme, parando de vez
en cuando para cerciorarme de que aún estaba dormida. Se
le escuchaba tranquila, la llamé por su nombre desde la
puerta del dormitorio, no contestó.
En mi entusiasmo por hacerlo, no
lo pensé y me acerqué a la cama, ella dormía
placidamente, no sé si por efecto de la infusión o por
el medicamento. Me introduje entre las sábanas y la
abracé por la espalda levantando el camisón y colocando
mi pene sobre la prenda que cubría su culito. Me
masturbé rápidamente y me marché a ver el fútbol. Me
vestí en el salón y disfruté de la primera parte del
partido. En el descanso se levantó mi cuñada.
- ¿Que haces? - preguntó. - Nada,
viendo el partido - dije. - Hoy no pones la porno. -
Bueno - y pasé al canal- Mira, esta chica me recuerda
mucho a ti. - Dije señalando a la chica en cuestión. -
Yo no le encuentro parecido, quizá algo, aunque yo no
tengo los labios menores tan salidos como ella. - Es
verdad - dije yo - Tú los tienes más interiores y los
labios mayores más carnosos. - ¡Pero bueno!
- dijo con un pequeño golpe de
tos - ¿Cómo sabes tú eso? - Estuve algún tiempo
recreándome con la cinta de tu desnudo. - Me voy a la
cama de nuevo -dijo- y no te preocupes si te apetece
masturbarte, lo puedes hacer tranquilamente. - Ya lo he
hecho - sentencié. - Entonces, voy a buscar la prueba
antes que llegue tu hermano.
Buscó en el canasto, no
encontrando nada. Miró en la lavadora y en varios sitios
más por el comedor.
- Seguro que lo has hecho ya? -
Me preguntó temblorosa. - Claro, ¿te rindes? - Está
bien. Me rindo.
Me puse de rodillas delante de
ella, introduciendo las manos por debajo del camisón.
- Dijiste bragas usadas y esta
está usada - y se la bajé de un tirón. -¡Qué gamberro!
-sonrió mientras levantaba uno de los pies para sacarla
- pensé que esa humedad era debido al sudor de la
calentura.
- Te tienes que desnudar por
completo- dije- - ¿No prefieres mejor otro día? Hoy no
es el día más apropiado -contestó apesadumbrosa. - Un
trato es un trato - repliqué en tono egoísta.
Ella aceptó de mala manera
quitándose primeramente la bata rosa, le siguió el
blanco camisón de dormir que tenía prueba más que
refutable de que yo era el ganador del juego de ese día.
Se Quedó con tan solo el sujetador y los calcetines, a
estos le permití tenerlos, me parecía que aumentaba su
erotismo. El sujetador sí me lo lanzó sobre la cabeza.
-¡Ya está! -me dijo, mostrando
las palmas de sus manos para indicarme que aquello era
todo.
Tranquilamente recogió todas sus
prendas y se dio la vuelta. Cogió el canasto de la ropa
sucia, protestando, enseñándolas antes de meter sus
prendas manchadas en la lavadora. Sin embargo no la puso
en marcha.
- ¿Puedo vestirme ya? Voy a coger
una pulmonía. - ¿Puedo vestirte yo? -contesté con otra
pregunta
- Ven al cuarto. La calefacción
allí está más alta -dijo invitándome a entrar.
Sacó del cajón un tanga de color
azul marino, yo lo rechacé, me apetecía más ponerle la
braga roja donde me corrí la vez que ella las dejó a
conciencia encima del canasto de la ropa. Subí la prenda
lentamente, sin dejar de mirar el oscuro objeto de mi
deseo.
-¿Puedo tocar? - No.
A pesar de su negativa, me atreví
a ajustarle los perniles en las piernas y pude rozar
disimuladamente su conejito. Antes de terminar de
taparlo con la prenda, rápidamente me lancé sobre él,
dándole un prolongado beso.
- No te pases… no te pases -
protestó ella.
Le ayudé a colocarse un camisón
de color celeste con pliegues bordados y trasparencias
en el pecho que le sentaba magníficamente. En ese
momento yo no podía con mi erección. Ella sutilmente me
invitó a salir de la habitación. Yo no estaba de
acuerdo, sin embargo, ella dijo que tenía frío y sueño.
Otra vez en el comedor, ojeé el
partido. Había empezado hacía cinco minutos la segunda
parte, pero mi excitación podía con el deseo de ver el
fútbol.
Nuevamente pasé al canal porno,
desnudándome por completo. Tenía unas ganas tremendas de
eyacular. Apreté fuertemente el capullo, dirigiéndome al
dormitorio de mi cuñada. La volví a llamar en susurros.
No contestó, y a las chiticallando no dudé en meterme de
nuevo entre sus sábanas. La abracé tiernamente por la
espalda, acariciando su cuerpo. Cogí los encajes del
camisón, me propuse a subírselo para correrme como la
vez anterior.
- Esta vez no me manchas las
bragas - dijo sonriente mi cuñada, sorprendiéndome, ya
que la creía dormida.
Palpé su cuerpo, y descubrí que
se quitó la braga roja que le puse. Reconocí que me
había ganado y con el rabo entre las piernas como se
suele decir, me dispuse a saltar de la cama.
- ¿Donde vas? Quédate dándome
calor en la espalda.
Yo acepté, pegándome lo que pude
a ella, rozando mi pene con su culo.
-¿Has tocado alguna vez a una
mujer? - No - y era verdad.
Mi cuñada me cogió una mano,
calentó los dedos y se los llevó al clítoris.
- Hazlo así -me dijo, indicándome
claramente como tenía que ser los movimientos de mis
dedos dentro de su raja- con suavidad.
Ella me guiaba de la manera que
le gustaba las caricias. Yo cuidadoso y servicial
obedecía, descubriendo intensamente la plenitud de un
cuerpo de mujer, abstraído por todos los sentido,
gozando de las sensaciones y la calidez de aquel cuerpo
efervescente que temblaba con mis caricias.
Se volvió hacia mí, proponiéndome
que le comiera el coño. Lo dijo con esas palabras, de
forma imperativa que no pude ni quise rechazar.
Colándome por debajo de las sábanas, saboreé sus jugos
mientras ella daba indicaciones por donde le gustaba que
viajara mi lengua.
-Ven -me llamó. Sin dudar,
obedecí.
Ofreciéndome su boca nos fundimos
en un prolongado beso, mientras que ella buscaba con
mucho acierto mi pene empalmado y hábilmente lo
introdujo en la entrada de la vagina. Yo di un empujón y
ella lanzó un sensual quejido. Cogió mi cintura con sus
manos, dirigiendo el ritmo de cada embestida, acelerando
en cada segundo la métrica sexual. Se vino
escandalosamente abrazada a mi cuerpo, gritando en mi
oído izquierdo, estremeciéndose conmigo con mis
sacudidas. Yo derramé sobre ella la mayor cantidad de
semen que pudiera recordar. La llené por completo. Antes
que se escurriera entre sus labios vaginales, cogió las
braguitas rojas y se taponó la entrada para no perder ni
una sola gota. Me levanté cuando la escuché dormir.
Cuando llegó mi hermano, yo
estaba sentado totalmente vestido en el sofá. Se extrañó
que a pesar de perder mi equipo, me encontrara tan
feliz. Su mujer seguía durmiendo cuando me marché.
Por la mañana, mi cuñada llamó al
móvil, me dijo que lo de anoche fue una locura y que no
podíamos repetirlo. Yo me quejé, pero ella insistió y me
animó a que con mi experiencia le dedicara el tiempo a
una chica de mi edad. Esa semana me atreví a proponerle
a la chica de mis sueños a salir juntos. Desde entonces
somos novios, llevamos saliendo juntos dos meses y
gracias a las enseñanzas de mi cuñada, ha disfrutado del
sexo conmigo, en especial los domingos por la tarde en
casa de mi hermano.
Esta mañana, escuché a mi madre
emocionada hablar por teléfono.
- Ves como os ponéis nerviosos
con las prisas, yo sabía que más tarde o más temprano
ocurriría. Ya os dije que no hacía falta ponerse en
manos de médicos, cada cosa llega en su momento. -¿Qué
pasa? -le pregunté a mi madre. - ¡Que voy a ser abuela!
- Dijo con una alegría desbordante - ¡Mari está
embarazada! - ¡Ah! ¡Pásamela que la felicite! - dije
arrebatándole el teléfono a mi madre.
- ¡Enhorabuena, cuñadita!
Hubo un silencio eterno antes de
oír una única frase por teléfono.
- Enhorabuena a ti también, papá.
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