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A los
cinco minutos vi aparecer su rubia melena en el punto
reunión, al igual que la última vez que estuvimos juntos
nos quedamos sin palabras al vernos, pero no hicieron
falta, ese beso que nos debíamos se produjo en ese
momento, las caricias se multiplicaron, todos esos
sentimientos que teníamos reprimidos durante tanto
tiempo se pusieron al rojo vivo, como nos daba miedo que
nos descubrieran.
Nos fuimos a una obra que estaba
en la calle de arriba, allí, los dos en la penumbra nos
dimos un largo abrazo, y comencé a besar su cuello,
mientras tanto ella comenzó a meter sus manos por debajo
de mi camisa, acariciando todo mi pecho, en un impulso
de pasión se subió encima de mí y empezó a desabrocharse
su blusa, blanca, por cierto, pero le dije que me dejara
hacerlo a mí, que lo estaba deseando desde hace mucho.
Cuando se la hube quitado, le
subí con la boca el sujetador, entonces pude ver sus
pezones duros y apuntando de tal forma a mi boca que no
tardaron en ser acariciados con mi lengua, ella mientras
tanto, comenzó a acariciar mi cara y a decirme al oído
que no había podido dejar de pensar en mi desde la
última vez que nos vimos, pero que no se atrevía a
llamarme para no perjudicar mi relación y que había
empezado a salir con un chico, pero que cada vez que le
daba un beso pensaba en mí y que cada vez que él
acariciaba su cuerpo tenía que pararle las manos porque
era incapaz de quitarse mi recuerdo de la cabeza.
La conocí hace un año y medio,
cuando ella entró a trabajar en la empresa en la que por
aquel entonces estaba yo. Estábamos en departamentos
distintos, pero era habitual que tuviera que acompañar a
algún cliente hasta ella o que ella viniera hasta donde
estaba yo para pedirme algún producto que se había
agotado, trabajábamos en una tienda, y ella era la
cajera y yo llevaba el almacén.
En un primer momento no me llamó
especialmente la atención, no recuerdo cuando empecé a
sentir algo en mi interior por ella, pero sé que fue
naciendo poco a poco, a medida que su situación en la
empresa se iba haciendo cada vez más insostenible, no se
sentía valorada y no lograba encajar con el resto de
vendedoras, los compañeros del almacén nos dimos cuenta
e intentábamos provocarle una sonrisa, pero por alguna
razón ella y yo conectamos de forma especial, empezamos
a ser muy amigos, a buscar cada huecos para estar
juntos, nos pasábamos las noches enviándonos mensajes al
móvil.
Pero la cosa no llegaba a
mayores, ya que yo tenía novia, por lo que mi cabeza era
un campo de batalla de sentimientos enfrentados, estuve
durante varios meses durmiendo mal, despertándome entre
sudores fríos pensando en lo que podía hacer, por un
lado estaba mi novia, a la que quiero un montón, pero
por otro, algo dentro de mí me impulsaba a abalanzarme
sobre mi compañera de trabajo, y quitarle una de esas
camisas blancas que solía llevar, y que le realzaban la
forma redondita de sus pechos que más de un día
estuvieron a punto de ser cogidos por mis manos cuando
nos íbamos a la trastienda con la excusa de buscar algún
artículo que le hacía falta.
Mientras ella se desahogaba por
algo que le había dicho la encargada de tienda, yo la
intentaba consolar, pero también fantaseaba con que ese
cuerpecito de metro setenta y pico, sin gota de grasa,
moldeado a base de aeróbic, ese culito prieto, ese largo
pelo rubio, esos pechos con la medida justa para llenar
la mano de cualquier hombre que tuviera la suerte de
poseerlos, estaba que explotaba, incluso en la cena de
Navidad estuvimos a punto de liarnos.
Pero la casualidad o la fortuna
no estaban por la labor y cuando nuestros ojos se
quedaron mirándose fijamente y nos íbamos a fundir en un
beso, llegó un amigo de ella que estaba tiempo sin ver y
no tuvo mejor ocurrencia que venir a saludarla en ese
momento, no se si fue por él, por así decirlo, coitus
interruptus, o por los remordimientos que tenía por
haber tratado de engañar a mi novia, que toda la cena se
me revolvió en mis tripas y empecé a sentirme fatal, al
poco tiempo decidí marcharme, me estaba volviendo loco,
ella se quedó triste, pero lo disimulaba bien.
Y ese día, Navidad del año
siguiente, la vi en la puerta del cine, quise evitarla y
entré con mi novia a la sala evitando que nos vieran,
pero pronto cambié de opinión, teníamos que hacer lo que
no pudimos cumplir el año pasado, le envié un sms y ya
veis, ya la tenía conmigo, a mi novia le dije que iba al
baño que no me encontraba bien.
Mi ex compañera se bajó de mí y
comenzó a desabrocharme el pantalón, besando mientras
tanto mi vientre, yo me estaba poniendo a cien, lo cual
quedó claro cuando me bajó el calzoncillo y quedó ante
ella mi polla, erecta y con las venas muy marcadas, la
cogió como nadie me la había cogido antes y comenzó a
frotarla con suavidad, arriba y abajo, arriba y abajo,
yo no podía más, trataba de aguantar, pero era difícil,
y menos cuando se puso de rodillas delante de mí y se la
metió en su boca y empezó a chuparla y a besarla.
Me temblaban las rodillas, creía
que no iba a poder aguantar más, ella se dio cuenta y se
levantó y me dio un beso en la boca, mientras que con su
mano cogió la mía y la dirigió hasta su sexo, el cuál
notaba húmedo incluso a través del pantalón, la subí en
brazos y la llevé hasta una escalera que estaba en
construcción, de forma que estaba acostada.
Con mucha suavidad le quité el
pantalón y dejándola sólo con las braguitas, blancas de
encaje, y fui besándola desde las rodillas hasta la
entrepierna, cuanto más me acercaba, más calor notaba en
mis orejas, notaba como todo su ser palpitaba y se
estremecía a medida que me acercaba a su coñito, hasta
que por fin llegué a él, le quité sus braguitas sin
dejar de besar su tesoro, continué metiéndole la lengua
hasta que me suplicaba que la penetrará con mi verga.
Le di la vuelta y me puse a
besarle la espalda mientras la masturbaba con dos dedos,
eso no se lo esperaba, pero le gustó, y se puso a cuatro
patas y me ayudó a masturbarla, entre gemidos mutuos
alcanzó su primer orgasmo, e impulsivamente me tiró al
suelo y se subió a mí e intentó introducirse mi falo en
su concha, pero le dije que se esperara un momento, que
había que tomar precauciones.
Rápidamente saqué un condón de mi
chaqueta me lo puse y ella con una sonrisa de
complicidad se puso de nuevo encima de mi y ahora sí, se
la metió hasta que mis huevos tocaron con su culo una y
otra vez.
Subía bajaba, mientras que yo la
abrazaba y besaba su boca, sus tetas, sus hombros, sus
lóbulos, su canalillo…, ella iba progresivamente
aumentando sus embestidas y yo de vez en cuando movía mi
miembro dentro de ella, a lo que ella respondía
contrayendo su vagina, aprisionando aún más en su
interior mi erecto y enrojecido capullo, por mis piernas
iba resbalando el flujo que salía de su coño…
Parecía que se estuviera
corriendo como un hombre, y nos corrimos, vaya si nos
corrimos, yo solté más leche que en ningún polvo con
ninguna otra mujer y ella quedó rendida y abrazada a mí,
mientras me quitaba el condón, me dijo Feliz Navidad, ya
que con la excitación no lo habíamos hecho, entre risas
nos fuimos vistiendo, quitándonos el polvo de la ropa y
peinando y nos fuimos corriendo al cine.
A mi novia le dije que me había
encontrado con un colega en el aseo y que nos habíamos
entretenido.
Ésta fue la primera de las
aventuras con mi ex compañera de trabajo…
Hay más aventuras si es que les
agradó esta dejen un comentario, gracias… |