La historia que voy a relatar me
sucedió hace un año, tengo 38 años y estoy felizmente
casada, y tengo una hija. Mi nombre es Soledad, soy
morena de ojos claros, cuerpo bien formado. Buenas
piernas, senos bien moldeados y un buen trasero como le
gusta a los hombres.
Mi vida sexual ha sido más que
normal y en esa época solo había tenido relaciones con
dos personas, mi primera vez a los 18 años con mi novio
la cual no fue una experiencia muy agradable, ya que él
se vino muy rápido y la frustración fue enorme por la
expectativa que yo tenía de perder mi virginidad.
Después de dos años de abstinencia conocí al que es mi
esposo, y padre de mi hija, quien me fue llevando poco a
poco hasta conseguir que me volviera a reencontrar con
el sexo. Después de un buen comienzo, fue llegando la
rutina a nuestras relaciones hasta que llegó Lucia. La
cual dedico este relato
Cuando mis padres me llamaron,
diciéndome que mi hermano menor, vendría a estudiar a la
ciudad y quería que vivir con nosotros me puse muy
contenta, y se lo comunique a mi hija y esposo, los
cuales se pusieron, tambien contentos, ya que habría
alguien de edad similar a Lucia que para en ese entonces
tendría 18 años y para mi, ya que a pesar de que
trabajaba en una boutique, me encontraba bastante sola
ya que mi esposo trabajaba de 7 a 6 de la noche y mi
hija, estudiaba todo el día y además no había hecho
buenas amistades en la ciudad.
A Lucia le dije que hacía 5 años
que no lo veía, a mi hermano menor, a Roberto que ese es
su nombre y no estaba preparada para el cambio
espectacular que se había efectuado en el. De un niño
desgarbado y poco arreglado a un extraordinaria
adolescente de aspecto muy sexy que sin duda debía
despertar los instintos sexuales de cualquier mujer.
Cuando llegó a casa traía puesto unos jeans y una
camiseta en la que se notaban sus pectorales libres bajo
la misma; mientras lo ayudábamos a acomodar sus cosas,
pude notar que todo su guardarropas era en ese estilo:
shorts, pantalones que daban la sensación de ser de
tallas más pequeños que el que él precisaba y camisas y
buzos más que sugestivos. A los pocos días de estar con
nosotros empezó a salir con mi hija (por supuesto nunca
lo sospeche, que la chica con la que estaba saliendo, no
era otra mas que mi hija) que constantemente la llamaba
por teléfono, y cuando salía con ella ponía especial
esmero en su arreglo. Porque a los dos dias se fue a
vivir a un apartamento solo, y solo me quedo su recuerdo
de un buen muchacho al cual miraba cada semana y seguí
transformándose en todo un hombre formal con aires
señorial y a medida que pasaba el tiempo me iba gustando
mas, realmente mi hermano menor enloqueció a mi hija.
Un día me dijo que la ayudara ya
que tenía una cita con Roberto y quería ponerse algo
distinto, le pregunte a ella, mas o menos asi. Mientras
se arreglaba para salir con Roberto su tío, que me
dijera la verdad sobre Roberto que si eran novios, lo
cual me respondió que si. "¿Todavía eres virgen?" Le
pregunté, a lo que ella contestó que si con la cabeza,
agregando, "Me parece que me da un poco de miedo el
acostarme con él". "Bueno, pero ¿Te gusta él o no?" Le
pregunté a lo que ella respondió "Si, muchísimo, es muy
simpático y encantador, y yo lo deseo con locura, no se
como me contengo para no dejarlo que me coja, sólo que
me da miedo la primera vez". "No te preocupes, no tengas
miedo, si lo haces con una persona de experiencia, como
creo que Roberto, lo vas a disfrutar mucho, me
intranquilizaría si fuera algún joven de tu edad porque
ellos no saben manejar esas cosas y se va a encontrar
igual de nervioso a usted lo que podría ser frustrante,
como me sucedió a mi la primera vez", le dije tratando
de darle poca importancia a su miedo, yo aconsejando a
mi hija, empujándola, hacia los brazos de Roberto, pero
ella dijo: "Mis nervios es porque la tiene muy grande y
gruesa, por eso es que lo masturbo, para tratar de
calmarlo".
Me asombró que mi hija me hablara
de ese modo tan crudo, y más ese comentario de "lo
masturbo" y le pregunté medio titubeando "¿qué es lo que
le haces?", y agregó "ya sabes, lo acaricio y se la
chupo. De esa forma lo voy postergando". Cuando escuché
ese comentario un escalofrío me recorrió, la espalda y
sentí que me excitaba al imaginármela a ella chupando la
verga de su novio ( de mi hermano, en mi propia casa) y
no supe que decir. Y ella murmuró "no se cuanto tiempo
más voy a aguantar sin hacerlo, él es muy ardiente y le
encanta que se la chupe, incluso me acaba en la boca y
yo me trago el semen" agregó con un tono algo excitado,
"no sabes lo grande que la tiene, casi no me cabe en la
boca". Yo a esa altura también estaba excitada y pude
ver en sus ojos un brillo extraño y su respiración
agitada. Terminó de elegir la ropa que iba a usar y se
fue a vestir. Al poco rato sonó el timbre y cuando fui a
abrir me encontré a Roberto que acababa de alquilar un
auto y una muchacha lo acompañaba, Roberto daba la idea
de que no era parte de mi familia, de ser mi hermano
menor, era todo un ejemplar de hombre, realmente
atractivo, que me preguntó si estaba Lucia lista para
salir, agregando, Roberto, ven quiero preguntarte algo,
me atraía mi hermano, con ese aire señorial y se me
mojaba mi concha, Lo hice entrar y al pasar a mi lado
sentí que me desnudaba con la mirada. Realmente no me
extrañaba lo que Lucia sentía por ese hombre. Su tío Era
un tipo capaz de lograr que cualquier mujer hiciese lo
que él quisiera.
Esa noche estuve más que
necesitada de sexo y busqué a mi marido, pero el sexo
con él era pura rutina. En realidad nunca se le había
ocurrido acabarme en la boca, como me había dicho Lucia
que le hacía su novio-tío y cuando me chupaba él a mí
tampoco me hacía acabar porque era sólo por algunos
segundos, sólo como preparación.
Al día siguiente solo trabajé por
la mañana porque tenía que hacer algunas cosas. Al
regresar a casa más o menos a las dos de la tarde me fui
a mi cuarto a cambiarme de ropa. Cuando ya me había
quitado el vestido sentí que la puerta de calle se abría
y entraban Lucia y Roberto y se iban al cuarto de ella.
Me extrañó que a esa hora estuviesen en casa, pero más
me extrañó que ella lo llevase al cuarto. De inmediato
escuché que se empezaban a besar y acariciar. A los
pocos segundos sentí gemir a Roberto y no pude resistir
la tentación, por lo que me acerqué hasta la puerta de
su cuarto, que habían dejado abierta, seguramente para
sentir si alguien llegaba a casa, pero lo que menos se
esperaban era que yo ya estuviese. Al asomarme al cuarto
vi a Roberto acostado en la cama, con los pantalones
bajos y a ella sacándose la ropa mientras su cabeza
estaba sobre la ingle de él. Por los movimientos que
ella hacía era evidente que se la estaba chupando, y los
gemidos de él indicaban que ella sabía bien como se
debía hacer. Me quedé petrificada ante esa imagen, ya
que si bien había visto dos o tres películas porno,
nunca había visto a dos personas hacer el amor "en vivo"
y a mi lado. Lucia, mi hija chupaba y chupaba el miembro
de Roberto y en determinado momento se movió y pude ver
lo que tenía en la boca. Realmente era muy grande, por
lo menos cinco o siete centímetros más largo que el de
mi marido y mucho más grueso. Yo veía ese gran miembro
desaparecer prácticamente todo en la boca de mi hija y
volver a aparecer, para que ella lo soltase y le pasase
la lengua con un placer para ambos que era difícil de
describir.
Después de cuatro o cinco minutos
de estar chupando, él le tomó la cabeza y la guió hacia
arriba diciéndole "esta vez no voy a acabar en tu boca,
ya es tiempo de hacer otra cosa". Ella un poco temerosa
dijo: "Mejor otro día, tengo miedo", pero él se mostró
inflexible: "no, lo vamos a hacer ahora" y la fue
empujando suavemente sobre la cama terminándole de sacar
el sujetador y la braguita, dejando ver el pubis poblado
de vellos negros, rizados, hacia donde se dirigió y la
empezó a chupar a ella. Empezó por sus labios vaginales,
recorriéndolos de arriba a bajo con su lengua, siguiendo
con su clítoris el cual tomó en sus labios y lo halaba
hacía si produciéndole a Lina un placer inmenso, su
cabeza giraba de un lado a otro y sus gemidos eran cada
vez más fuertes; de verdad que estaba gozando y yo
también. Después de un rato se detuvo al tiempo que
decía "esta vez no vas a acabar en mi boca, vas a acabar
con mi verga adentro". Al oír esto sentí un calor que me
subía desde la entrepierna y me excité tremendamente,
con una leve culpabilidad de excitarme mientras espiaba
a mi hija y a mi hermano, especialmente en el momento en
que ella iba a ser desvirgada. Nunca pensé que ver
desvirgar a una mujer, mi hija, me fuera a producir
tanto placer, y ver esa verga enorme y gruesa, enhiesta
como un asta, apuntar hacía esa frágil vagina de mi
hija, me produjo un escalofrío en todo mi cuerpo e
instintivamente mi mano fue a dar a mi sexo. Ella gemía
de excitación mientras él le iba apoyando su miembro
erecto en su entrepierna, mientras mi hija se abría para
recibirlo, aunque pedía "por favor, despacio, tengo
miedo, despacio", a lo que él respondía "no te
preocupes, relájate, sólo te va a doler un poquito al
entrar y después la vas a gozar como loca". Roberto tomó
su sexo con una mano y con la otra fue abriendo los
labios virginales, introduciendo muy despacio su enorme
glande; una vez los labios arroparon la cabeza del pene
y éste llegó al himen de mi hija, ella lanzó un corto
grito pero él siguió de largo rompiéndolo por complet,
mi hija jadeó algunos segundos como si se estuviera
ahogando, y de inmediato comenzó a gemir, pero no de
dolor, sino de placer, mientras él empezó unos
movimientos suaves pero firmes hasta introducirle
tremenda verga por completo. Una vez estuvo a tope
inició unas embestidas fabulosas que la hicieron gritar
de placer llevándola a levantar más sus piernas y a
cruzarlas encima de su espalda, como no queriendo que se
fuera a salir lo que tenía adentro, aunque era evidente
que esa cosa no tenía la intención de salirse. Comenzó a
jadear cada vez más fuerte, mientras gritaba de placer
en el evidente inicio de un orgasmo, el primero
provocado por un pene dentro de ella. Cada vez se movía
más rápido, al ritmo que le imprimía Roberto en la
penetración.
La visión era más que
espectacular, desde donde yo estaba podía observar como
esa pequeña vagina engullía totalmente tremenda verga y
era muy excitante ver como los testículos rebotaban
sobre las nalgas de Lucia a cada embestida de Roberto.
El también se empezó a acercar al orgasmo y apresuró sus
movimientos cada vez más, lo que hizo que ambos llegaran
al orgasmo al mismo tiempo. La visión era
extraordinaria, ver a mi hija clavada hasta el tope por
esa tremenda verga, hizo que mis dedos se aceleran
también hasta llegar al clímax, lanzando un gritito de
placer. En ese momento Roberto volvió la cara hacia la
puerta y me vio parada allí, recostada sobre el marco,
totalmente excitada y mojada por lo que acababa de ver,
vestida sólo con sujetador y bragas. Era tal el gozo
recibido que mi hija que no se percató de mi presencia,
Roberto me guiño un ojo, mientras se movía para
ocultarme de la vista de mi hija y permitir que ella
saliera de debajo quedando ella de costado, de espaldas
a la puerta y él de frente mirándome sonriente. Yo me
retiré rápidamente hacía el dormitorio totalmente
excitada y con las imágenes frescas en mi memoria, y
desnudándome completamente me metí a la ducha, esperando
calmar esa ansiedad que me invadía.
Mi hija y Roberto se retiraron
rápidamente y yo me quedé en la tina como una hora
tratando de olvidar lo que había pasado, hasta que
escuché el timbre de la puerta, salí rápidamente,
pensando que mi esposo había regresado muy temprano y
con extrañeza, pues él tenía llaves, me coloqué una
salidera de baño y fui a abrir. Cual fue mi sorpresa
cuando me encontré de frente con mi hermano Roberto,
estaba apoyado sobre el marco de la puerta con una
botella de vino en la mano y sonriente me dijo: "vengo a
terminar lo que quedo iniciado". Me quede petrificada,
no podía creer tanto cinismo, acababa de cogerse a mi
hija, la había desvirgado y ahora venía por mi, claro
que yo había dado pie para todo esto y no estaba
arrepentida, así que de la sorpresa pasé a la acción, lo
tomé del brazo, lo jalé hacía adentro y cerré la puerta;
eran las tres y treinta de la tarde, mi esposo y mi hija
llegaban a las seis y treinta del trabajo y del estudio
así que tenía tres horas para calmar esa picazón que me
empezó a recorrer por todo el cuerpo.
El siguió directamente hasta la
alacena y con una seguridad pasmosa tomó dos copas,
destapó el vino y las sirvió, yo me encontraba en el
centro de la sala se acercó a mi y me ofreció la copa,
la agarré en mis manos y tomé un sorbo largo y el efecto
fue inmediato, un calor invadió todo mi cuerpo, bajó
desde mi cara hasta los pies pasando por mi sexo.
Roberto lo notó de inmediato, terminó su copa y
acercándose a mi me besó en la boca, por lo que pude
sentir el gusto del vino en sus labios. Luego, me abrió
la salidera de baño y comenzó a acariciar los senos y
chupar los pezones lo que me hizo calentar más todavía,
al mismo tiempo que descendía por mi cuerpo con sus
labios, alcanzando mi sexo mientras yo me recostaba en
el sofá. Me chupó el sexo con una pasión que nunca había
puesto mi marido, abriéndome los labios con su lengua y
recorriendo toda la zona desde el ano hasta el clítoris,
tomándolo en su boca y lamiéndolo hasta que me hizo
llegar al orgasmo en medio de grandes gemidos.
Luego de esta primera sesión, me
tomó del brazo y me llevó hasta mi cuarto completamente
desnuda, allí lentamente le quité la ropa y me dediqué a
darle la mejor mamada que él hubiera recibido. Me apoyó
la mano en su miembro y me preguntó "¿te parece que es
grande?" Yo, sin voz, le contesté que si con la cabeza,
al tiempo que cerraba mi mano en torno a su miembro.
Roberto, mi hermanito menor, se acomodó en la cama y me
atrajo hacia él empujándome la cabeza hacia su miembro
al tiempo que susurraba "chúpamela". Yo me fui acercando
lentamente, guiada por la mano de él en mi nuca y abrí
la boca al acercarme a su verga. Me introduje la cabeza
poco a poco, y realmente como dijo mi hija, era enorme y
tuve que abrir bien la boca para que entrara. Sentí como
si una brasa caliente me quemara la boca y empecé a
succionar esa cabeza mientras mi lengua la recorría, el
placer era enorme, mi cabeza estallaba en mil pedazos.
Traté de introducirme esa vergota hasta la garganta,
pero era muy grande y solamente entró hasta la mitad,
por lo que empecé a mover la cabeza hacía arriba y hacía
abajo apretando mis labios alrededor de ella lo que le
produjo a Roberto gemidos de placer.
Al poco tiempo sentí que se iba a
venir, yo no sabía que hacer y la saqué de mi boca, pero
él me dijo "siga, hágalo acabar y vas a ver que divino
es", ante lo cual yo me volví a meter en la boca esa
tremenda verga, dura y palpitante, y moví mi cabeza
hacia arriba y hacia abajo, metiéndola y sacándola de mi
boca, lamiendo la cabeza con mi lengua y sintiendo que
se ponía más y más dura, para lograr, al cabo de poco
más de un minuto, que Roberto se arqueara y se viniera
dentro de mi boca, llegándome hasta la garganta con su
leche. Al mismo tiempo que esa cálida corriente se
derramaba en mi boca, me decía: "¡trágatela, hermana...
trágatela!" ante lo cual yo tragué su semen.
Luego de un pequeño descanso
inicié de nuevo mis caricias hasta ponerlo a punto y
ante su gran excitación me tomó por los hombros, me
recostó al borde de la cama, tomó mis piernas y las
subió a sus hombros quedando al descubierto mi sexo
palpitante que recibió lo que había estado esperando con
ansiedad y tal era su grosor y tamaño que me llenó
totalmente. Sus movimientos rítmicos de mete y saca se
acompasaron rápidamente a los de mis caderas que se
movían en círculos alrededor de su verga, perdiendo la
noción del tiempo y desencadenando una serie de orgasmos
que me dejaron medio muerta, y él al ver mi gozo y
placer demoró a su antojo su eyaculación permitiéndome
disfrutar a lo máximo. Nunca antes nadie me había cogido
como ese día, fue algo fabuloso, fui hasta el cielo y
volví. Así nos pasamos las tres horas, gozando de una
forma increíble, era insaciable.
Al final quería mi ano que no
había sido utilizado nunca pero por la premura del
tiempo, ya que mi esposo llegaría en cualquier momento y
Roberto tenía que ir a recoger a mi hija a la
universidad y quedamos que la próxima vez iniciaríamos
por ahí.
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