Me llamo Marta, tengo 23 años.
Cuando paso todo tenia 19. Mis padres murieron de un
accidente de tráfico cuando yo era pequeña. Desde
entonces vivía con él. Es un hombre muy rico. De joven
fundo una empresa metalúrgica que llego a ser líder en
su sector. Cuando cumplió 58 la vendió a una
multinacional por varios millones de pesetas. La verdad
es que nunca me ha faltado de nada. Como soy su única
nieta me ha "malcriado" ya que desde pequeña me ha
llenado de atenciones y nunca me ha negado su capricho.
Su carácter dulce y atento conmigo cuando estábamos
solos en casa contrastaba con su fama de hombre
despótico y uraño en la fabrica.
Quizás por todo ello nunca fui
muy buena estudiante. Así que cuando cumplí 18 años le
comente a mi abuelo que quería dejar de estudiar. Mi
abuelo se enfado mucho. Como yo me negué a continuar los
estudios a pesar de su insistencia, él adopto una medida
radical: me dijo que me desheredaría y que a su muerte
solo tendría derecho a una pequeña parte de su herencia.
Cuando oí esto no lo podía creer. La verdad es que nunca
me había preocupado por el futuro ya que contaba con que
el abuelo me dejase todo su patrimonio ya que no tenia
ningún otro pariente.
Pase unas semanas muy preocupada
y confundida. Encontré una solución para evitar que mi
abuelo me dejase en la pobreza a su muerte; lo iba a
seducir. Mi abuelo era un hombre alto (1’80 m) y
corpulento y a sus 60 años sin duda aun conservaba mucha
energía sexual. Desde que murió la abuela, hacia años,
nunca busco a alguien para sustituirla. En la fabrica
nunca había acosado ninguna trabajadora y nadie le
conocía ninguna amante. Yo sabia que mi abuelo se
"fijaba" mucho en mi cuando me tenia cerca. Yo notaba
que estaba especialmente obsesionado por mi trasero. La
verdad es que tengo un buen trasero, respingón y muy
bien proporcionado. Por otro lado soy rubia y con ojos
azules, aunque no soy alta (1’62 m). Así pues, decidí
aprovechar mis cartas. Empecé a vestirme lo mas
provocativamente que pude sin "pasarme"; casi siempre
llevaba unos pantalones de tela muy fina que marcaban
muy bien mis nalgas y evitaba ponerme sujetadores para
marcar bien mis pezones.
El siguiente paso del plan lo di
cuando se presento una magnifica oportunidad. Mi abuelo
se rompió en enero (dos días antes de mi aniversario)
los dos brazos al caer cuando caminaba por una acera
helada. Como no podía valerse por si mismo contrato una
enfermera. Al segundo día de estar en casa sin embargo
tuvo que dejarnos por un contratiempo familiar. A pesar
que mi abuelo insistió en contratar otra enfermera, le
convencí que no hacia ninguna falta ya que yo me
cuidaría de el. Así pues cuide de mi abuelo ayudándolo a
levantar de la cama el día siguiente y haciéndole el
desayuno. Paso el resto del día en el salón mirando la
tele. Por la noche después de darle la cena me dijo que
quería ducharse. Mi oportunidad había llegado! Cuando
llegamos al baño le quite la ropa, cuando hice el ademán
de quitarle los calzoncillos pareció que iba a decir
algo pero me dejo hacer. Lo acompañe a la ducha, abrí el
agua caliente y cuando ya estaba totalmente mojado le
pase champú por todo el cuerpo. Por supuesto no intente
tocarle el aparato ni los testículos, pero con solo
rozarle el pubis tuvo una tremenda erección.
Aunque estaba incomodo intento
disimular lo que pudo. Después de secarlo le dije que
estando "como estaba" no podía ponerle el pantalón del
pijama porque le dolería. Intento decir algo pero el
pobre parecía que había quedado mudo. Era curioso. Mi
abuelo era un hombre de carácter, capaz de provocar el
pánico entre los trabajadores de su empresa y ahora lo
tenia yo a mi merced. Lo acompañe a su dormitorio y le
ayude a acostarse. Su erección no había disminuido. Así
que Cuando le iba a ponerle bien la almohada paso por mi
cabeza un pensamiento audaz y me decidí; mire a los ojos
a mi abuelo y le dije:
- No puedo dejarte dormir así
como estas, abuelo. Si quieres puedo tocarte un poco. Si
te alivias podrás dormir mejor.
Como no dijo nada entendí que
asentía. Con naturalidad le cogí el pene y empecé a
menearlo. Empecé lentamente y cuando vi que sus huevos
subían acelere el ritmo. No tardo en salir una gran
cantidad de leche. Mis manos quedaron llenas de la
"crema" de mi abuelo. Cuando dejo de eyacular pare de
menear y lo mire. Sin embargo el tenia la cabeza girada
de lado para evitar que se cruzasen nuestras miradas. Le
hice una ultima meneada para que sacase las ultimas
gotas, lo limpie con una toalla y me marche a mi
habitación no sin antes desearle buenas noches. Desde
ese día cada noche masturbaba a mi abuelo. Deje de
"visitarlo" por la noche cuando le quitaron la escayola.
La primera parte del plan había
funcionado. Lo más importante es que había dejado a mi
abuelo muy confundido. Deje pasar unos meses sin
intentar nada más. Como había dejado los estudios y no
tenia intención de trabajar pasaba todo el día en casa.
Solo salía para ir a ver a mi novio que me había echado
el ultimo año que estuve en el instituto. Por supuesto
el no sospechaba nada de las "atenciones" que había
prodigado a mi abuelo. Mientras tanto note que el
interés de mi abuelo por mi cuerpo iba en aumento. Lo
notaba en su mirada y en el bulto de sus pantalones. El
pobre iba empalmado casi todo el día. Debo decir a su
favor que nunca intento tocarme en esa época a pesar que
ganas no le faltarían.
Pasados unos meses una mañana de
primavera decidí avanzar. Para empezar la siguiente fase
del plan necesitaba atraer su atención así que decidí
simular estar ansiosa y preocupada y renuncie a comer y
cenar aquel día. Cuando, como cada noche mi abuelo dijo
que se iba a dormir le pedí si podía hacerle una
pregunta. Me dijo:
- Claro. Explícame lo que te
preocupa.
- Es que abuelo… no sé si debería
decírtelo.
- Venga, suelta ya lo que tengas
que decirme.
- Bien te lo diré. Mi novio
insiste desde hace días que quiere tener sexo anal y a
mí me da mucho miedo.
- Si no quieres, haces bien en
negarte
- Si, pero…ya mi primer novio me
pidió lo mismo y me negué. Creo que mi trasero vuelve
locos a los hombres. Estoy segura que tarde o temprano
cederé y tengo mucho miedo por el dolor.
- Si tu novio te "prepara" bien,
la primera penetración te dolerá poco. En las siguientes
penetraciones el dolor desaparecerá. Puede que te llegue
a gustar como a tu abuela.
Aunque no te lo debiera decir de
lo diré para tranquilizarte: tu abuela se negó en las
primeras noches después de la boda a la penetración por
detrás porque tenia miedo del dolor. Sin embargo la
convencí y con mucha paciencia y suavidad no le hice
daño ni siquiera la primera vez. Después de esta primera
vez fue una practica habitual en nuestro matrimonio. En
ese momento me decidí. Si "picaba" estaría ya bajo mi
poder y la posibilidad que me desheredara desaparecería
del todo. Baje los ojos, como si tuviera vergüenza y le
dije:
- Abuelo, seguro que eres todo un
experto. Me pregunto si… no me podrías "preparar" tu. Mi
novio es muy bruto. Seguro que se precipitara y me hará
mucho daño.
Clavo sus ojos en el suelo.
Parecía trastornado. En su interior sin duda había una
lucha entre la plena conciencia de deslizarse por una
pendiente peligrosa y su afán por satisfacer un deseo
oculto. Finalmente me dijo:
- Tres días antes de que tu dejes
a tu novio penetrarte analmente me avisas.
Asentí con la cabeza sin decir
palabra. El plan estaba a punto de entrar en su fase
final. Realmente era virgen por detrás y no tenia
ninguna intención de que mi novio me desvirgase por
allí. Espere unos días. El miércoles por la tarde le
comente que saldría a cenar el sábado por la noche con
mi novio. Añadí que tenia intención de ofrecerle mi
virginidad anal esa noche. El me contesto:
- Marta, si te parece bien
podemos empezar la preparación mañana por la mañana.
Hazte idea que las próximas tres mañanas las pasaras
estirada en la cama mientras tu abuelo te enseña a
relajar el esfínter y te dilata el recto. Cuando
empecemos la preparación debes tener el recto vació. A
que hora evacuas tu?.
- Después del desayuno - le dije.
- Bien. Cuando hayas evacuado
después de desayunar lávate bien en el bidet. Luego ven
a mi habitación.
Me costo mucho dormirme. Tuve que
ponerme el despertador para evitar levantarme demasiado
tarde. Desayune como siempre cereales y un café,
inmediatamente después de haber tomado el café sentí la
necesidad de evacuar. Fui al lavabo y al acabar me lave
en el bidet como me había dicho mi abuelo. Fui a la
habitación del abuelo en bragas. Me había quitado los
sostenes y solo llevaba encima una camiseta. Llame a la
puerta de su habitación y entre sin esperar respuesta.
Mi abuelo había hecho su cama y estaba en pijama sentado
en una silla leyendo. Me dijo que me sentase en la cama
y me pregunto si estaba nerviosa. Le dije que un poco.
El me contesto que estuviera tranquila que teníamos todo
el tiempo del mundo. A continuación me pidió que me
levantara de la cama y se acerco a mí. Mi hico girar
quedando de espaldas a el. Sin mediar palabra me quito
las finas braguitas azules que llevaba.
La visión de mi culo desnudo le
provoco una erección tremenda. Me cogió de la mano
tiernamente y me pidió que me estirase en la cama. Me
hizo un suave masaje en los pies sin tocarme el culo.
Finalmente oí como si abriese un pote de algo (no podía
ver lo que hacia ya que mi campo de visión se limitaba a
la cabecera de la cama) y sentí como su dedo frió y
resbaladizo (se había untado lubricante en los dedos)
tocaba suavemente mi ano. Empezó un masaje suave sin
intentar meter los dedos. Solo al cabo de unos minutos
metió la punta de un dedo (no podía ver cual). Repitió
la operación varias veces (masaje en el borde del ano y
introducción de la punta) hasta que me relajo
completamente el esfínter. Note por primera vez como una
presión progresiva en la pared del recto cuando metió
poco a poco medio dedo. Lo saco rápidamente y repitió la
operación. Esta vez, sin embargo note como lo introducía
lentamente todo. Ahora ya no notaba solo una presión
sino verdadero dolor. Oyó mi quejido pero no lo saco.
Poco a poco me fui acostumbrando
al dedo insertado casi totalmente. El dolor dejo paso a
un escozor que fue cediendo poco a poco. Gire la cabeza
para ver a mi abuelo. Tenia la cara roja y su pene
estaba a punto de reventar el pijama. Cuando cruzamos
las miradas, el saco el dedo y me pidió que me quitase
la camiseta y me pusiera de lado. El se acostó a mi
lado. Podía notar su aliento en mi nuca. Me susurro:
- Así de lado estas mas relajada.
Puso su mano en mi hombro, luego
lo bajo hasta el vientre. De pronto note como dos dedos
suyos presionaban el ano. Note como una presión muy
fuerte y sentí como mi esfínter se daba por vencido. Me
metió la mitad de los dedos. A pesar del dolor estaba
increíblemente excitada. Oí otro susurro:
- Cariño, por hoy se ha acabado.
Cuando me incorpore me di cuenta
de la enorme erección que presentaba mi abuelo. Su pene
parecía que iba a romper el pantalón corto de su pijama.
No pude "ofrecerle" nada por que se fue rápidamente al
lavabo a masturbarse.
A la siguiente mañana mi abuelo
repitió las mismas "maniobras " para preparar mi culo.
El tercer día cuando llegue a su habitación me hizo
sentar en la cama y me dijo que seria conveniente llegar
a una practica que correspondía a la fase superior de la
preparación y que antecede ya a la penetración del pene.
Me explico que me introduciría un consolador sin
utilizar el vibrador. Puse cara de preocupada y abrace a
mi abuelo. Presione mis pechos contra su torso desnudo
(solo llevaba puesto un pantalón corto de pijama) lo
justo para que notase mis pezones endurecidos bajo mi
fina camiseta. A continuación me baje las bragas y en
vez de estirarme en la cama me arrodille en el suelo.
Cuando me puse en la posición llamada del "perro", mi
abuelo no tardo en ponerse vaselina en la mano e
introducir dos dedos en mi recto. Los tuvo dentro apenas
unos segundos. Después de sacarlos estuve tentada de
mirar atrás para ver el tamaño del vibrador. Finalmente
decidí que era mejor esperar su embestida sin verlo.
Pronto note la punta fría en mi
ano. Cuando percibí la presión en el esfínter adelante
un poco las rodillas en un movimiento reflejo. Mi abuelo
me cogió suavemente con una de sus manos un muslo y me
pidió que no me moviera. De pronto presiono con poca
fuerza pero de manera constante hasta que tuve todo el
aparato en mi recto. Sentí un fuerte escozor y la
sensación de que el plástico iba a romper mi intestino.
Cuando el escozor remitió pedí a mi abuelo que lo
moviese. Poco a poco fue moviéndolo simulando un polvo
anal. Antes de llegar a correrme le pedí a mi abuelo que
lo sacara. Cuando me libero de esa tranca simule un
pudor que sin duda era ridículo en esas circunstancias y
corrí a ponerme las bragas. Fui a abrazar a mi abuelo
que estaba de pie delante de mí. Note su pene, que
estaba punto de romper el pantalón del pijama, contra mi
estomago. Sin dejar de abrazarle le dije:
- Gracias abuelo. Estoy en deuda
contigo, pídeme lo que quieras.
- Marta, con que me alivies es
suficiente. Llevo tres días con erección permanente.
Le baje el pantalón y después de
ensalivarme la mano, le cogí el pene. Mi otra mano le
tocaba un hombro y nuestros cuerpos se tocaban. Después
de un par de lentas meneadas pare de masturbarle y me
quite la camiseta. Sus ojos primero y luego su boca se
precipitaron sobre mis pechos. Mientras lamía pechos,
sus manos se deslizaron hacia mi culo. Cuando ya estaba
totalmente fuera de si me aparte y me puse de espaldas a
el. Lentamente me quite las bragas y me arrodille encima
la cama. No tuvo tiempo de dudar. Su instinto largamente
reprimido venció. Cuando sentí su pene traspasar el
esfínter sabia que había ganado.
Desde ese día mi abuelo y yo nos
convertimos en amantes. Desde entonces lo tengo a mi
merced.