Recuerdo que hacía un frío
espantoso, como el de hoy. Yo venía llegando de mi
trabajo a la casa de mis padres, y me sorprendió que no
estuviera ninguno de los dos.
En cambio, solo estaba mi
hermana, una chica de 20 años que estaba de novia con un
tipo 10 años mayor que ella. Cuando me vio me saludó y
yo la noté muy triste. Le pregunté qué le pasaba y me
explicó que su novio la había dejado, pues había
descubierto que ya no la amaba.
Ella se había puesto a
llorar, pues habían quedado de encontrarse ese mismo
día, y ella ya estaba muy caliente. Ella me lo contó
todo, y me dijo además que ese día él se la iba a
culear, y que se había quedado con las ganas.
Bueno, después me preparó un
almuerzo y ella se sentó a mi lado. Yo notaba algo raro
en ella, sobre todo cuando se acercó a mí y me besó en
la cara. Eso no tenía nada de extraño, pues ella siempre
me saludaba con un beso.
Sin embargo, ella continuó, y
de pronto vi que estaba bajando su mano sobre mi pene, y
que me lo apretaba delicadamente. Yo la dejé hacer, y
rápidamente fui creciendo, hasta que el bulto se notaba
por sobre mis pantalones.
- ¿Te gustaría que me sacara de
encima las ganas que tengo? - me preguntó tímidamente, a
lo cual yo accedí.
Entonces yo me levanté del
asiento y dejé que ella comenzara con su trabajo. Me
bajó los pantalones y mi calzoncillo, y tomó con ambas
manos mi pene.
Me empezó a masturbar y, después de unos
cuantos minutos, me lo empezó a chupar como una
verdadera diosa. Yo no me podía aguantar, y sin poder
evitarlo bajé lo más que pude mis brazos y con mis manos
le toqué las tetas, que en ese momentos tenían el pezón
duro como palo. !Qué sensación m´ñas exquisita!
Después que me lo chupara como
una bestia, se subió sobre la mesa, desabotonó sus
pantalones, y dejó al descubierto su concha rosada y
peludita. Yo para esos momentos no me podía ni mover,
pero saqué fuerzas de flaqueza y me acerqué a ella,
mientras me preguntaba cómo podía tener una hermana tan
exquisita sin que me hubiese dado cuenta de ello mucho
antes.
Su concha tenía un aroma
exquisito, y pasé mi lengua por su clítoris no sé por
cuanto tiempo, pero sí sé que fue el suficiente como
para que ella gimiera de placer. Yo tenía la verga dura
y larga, y en esas condiciones se lo metí por primera
vez. Mientras me la estaba culeando, sus tetas se movían
a un ritmo candente, y cuando estuve a punto de acabar
me salí y se lo eché en la cara, rociándole de mi blanca
y caliente leche.
Ella después se dio la vuelta,
ofreciéndome todo el hoyo del culo. Me la volví a culear
esta vez por detrás, y acabe sobre su espalda. Yo sudaba
y ya no podía más, pèro todavía quedaba una cosa por
hacer. Nos bañamos juntos, y en medio del agua fría me
masturbó con su boca como la primera vez. Yo estaba
extasiado, y prometí nunca más dejar de follar a mi
hermana.
Desde ese día, hasta hoy, mi
hermana y yo somos uno, y nuestros cuerpos se funden
como dos verdaderos amantes.
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