Una vez realizada mi iniciación
sexual con mi prima Visi,
Cristina y mi tía Carmen,
continuaron los escarceos sexuales aprovechando las
salidas regulares de mis padres,
los lunes y viernes por la noche. Visi,
esplendorosa con sus 19 años, y
yo con mis trece, aprovechábamos para poner en
práctica las enseñanzas de
nuestra tía en todas las oportunidades, es decir,
cada vez que nos quedábamos a
solas, masturbándonos mutuamente con unas comidas
de coño y de verga antológicas.
La verdad es que resultamos ser unos alumnos muy
aventajados. Como por otra parte,
ganas no faltaban, no había oportunidad, en
que en aquellas veladas, no nos
corriéramos un par de veces cada uno, por lo
menos.
Mi tía después de aquella lección
magistral estuvo durante
unos meses sin volver a pasar a
casa, quizás algo pesarosa de lo que había
provocado. Nosotros la echábamos
de menos y así se lo insinué el día de mí 14
cumpleaños. Su regalo me había
hecho mucha ilusión, una bicicleta grande, como
decíamos entonces, de carreras.
En un momento en que estábamos a solas,
abrazándola con toda la pasión de
la que fui capaz, acerque mi boca a su oreja y
mordiéndole el lóbulo con
malicia, le dije que estaba encantado con la bici,
pero que quería poder
agradecérselo de una forma más personal, como yo sabía
que
a ella le gustaba.
Zafándose del abrazo y de mis
caricias, sonrió muy picarona,
diciéndome que el lunes siguiente
estaría sola en casa, ya que mi tío marchaba
de viaje y que nos invitaba a
cenar a Visi y a mí. Salté lleno de lujuria y le
di un beso fugaz en la boca,
quedando sellado el pacto, que prometía una noche
caliente de desenfreno y casi con
seguridad, la certeza de repetir la follada
con mi tía, cosa que con mi prima
era imposible, ya que para Visi guardar su
virginidad para el día de la boda
era incuestionable; la del coño claro, ya que
la de la cabeza, la tenía perdida
hacía tiempo.
El lunes siguiente mi tía les
dijo a mis padres que quería
que le hiciésemos compañía, así
que nos había invitado a cenar y a oír la radio
en su casa, y que no muy tarde
nos enviaría a la cama.
Nada más salir mis padres de
casa, pasamos al piso de al
lado, donde vivían mis tíos,
llamamos a la puerta y oímos el ruido de la mirilla
que se abría, una vez comprobado
que éramos nosotros y que estábamos solos, se
abrió la puerta y confirmamos que
la noche prometía. Mi tía apareció con un
picardías muy escotado, negro, de
gasa transparente, que dejaba entrever
aquellas tetas turgentes,
rotundas, preciosas, con los pezones agresivos, que ya
estaban duros, lo que me hizo
pensar que mientras se preparaba, había ido
adelantando el calentamiento.
Abajo, unas bragas de satén negro recogían y
moldeaban su maravilloso culo,
completando su atuendo unas finas medias de
cristal, también negras, sujetas
con unas ligas, negras con una cinta roja.
Calzaba unos zapatos negros de
tacón alto y fino, resultando un conjunto
tremendamente hermoso, insinuante
y excitante.
Nosotros, tanto mi prima como yo
mismo, también nos habíamos
puesto cómodos, sin ropa
interior, lo que nos proporcionaba un calorcillo
especial por el simple detalle de
transgredir las normas, pero desde luego
admirábamos la voluptuosidad del
conjunto de nuestra tía.
Cerrada la puerta y echado el
pasador, mi tía volvió a ser la
gran maestra de ceremonias que
habíamos visto en nuestra casa la vez anterior.
Pasamos al comedor y vimos que
había preparado una cena fría, rápida, ya que
sabía bien que lo que todos
queríamos era el postre. Rápidamente nos hizo poner
cómodos, es decir, desnudos, y
por su parte con aquel conjunto excitante se
desplazaba con un contoneo tan
insinuante que la reacción de mi pene no se hizo
esperar. Me gustaba sentir aquel
calor tan especial dentro de mí y mientras
esperábamos, intercambiábamos con
Visi tocamientos y besos lascivos, que nos
iban calentando y preparándonos
para lo que se avecinaba.
Terminamos de cenar, una cena
llena de toqueteos, caricias,
besos y roces de nuestros
cuerpos, que nos pusieron muy a tono. Nos sentamos en
la sala de estar, ellas dos en un
pequeño sofá de dos plazas y yo en un sillón
orejero frente a ellas. Recuerdo
aquella escena, mi tía besando las tetas de
Visi y esta acariciando las
piernas y la espalda de mi tía. Lentamente Carmen se
fue despojando de su picardías y
arrellanándose en el sofá se ofreció para que
jugásemos con ella.
Me levanté y situándome de
rodillas entre sus muslos, sujeté
fuertemente sus tetas, apretando
quizás más de lo conveniente, besé y martiricé
dulcemente sus enhiestos pezones;
mis manos se desplazaron por su cuerpo
explorándolo, mientras mi
erección estaba en todo su apogeo. Tomé sus bragas por
la parte exterior de sus muslos y
fui bajándolas suavemente, mi tía se irguió
ligeramente y fui deslizándolas
hasta sacárselas totalmente, al tiempo Visi,
había bajado del sofá y le estaba
quitando sus zapatos, dejando sus medias por
indicación mía, ya que ver aquel
contraste me ponía tremendamente cachondo.
Visi aprovechó aquella postura
debajo del sofá, para hacerse
con mi pene y empezar una mamada
que comenzaba a descontrolarme. Carmen abrió
sus piernas apoyando una de ellas
en reposabrazos del sofá y mandando la otra al
otro extremo, abriéndose
totalmente y dejándome a la altura de mis labios aquel
coño sonrosado, jugoso y
deseable, con el que había soñado desde la vez
anterior. Mi lengua se deslizó a
lo largo de la raja, mezclando mi saliva con
sus jugos. Aquel aroma,
ligeramente acre, me embriagaba, acaricié sus labios
vaginales, mordisqueándolos,
sintiendo los gemidos y suspiros de mi tía, que ya
estaba tremendamente caliente y
receptiva. Me apoderé de su clítoris, prominente
y duro; poniéndolo entre mi
lengua, los dientes y el paladar lo titilaba,
presionando y succionándolo de
forma que veía a mi tía peder el control y
agitarse, retorciendo su cuerpo
de placer.
Pedí a Visi que dejase su trabajo
con mi polla, ya que estaba
a punto de correrme, y que
ayudase a la tía comiéndole sus tetas, buscando a
aquel primer orgasmo que se
preveía inminente y devastador. Carmen sujetaba mi
cabeza con sus manos, apretándola
contra su coño firmemente y retorciéndose de
gusto. Metí uno de mis dedos en
su húmeda vagina, empezando un metisaca lento y
profundo, me di cuenta que
aquello era poco para aquella cavidad tan glotona y
llegué a meter hasta tres dedos,
antes de que nuestra tía, con una cara
desfigurada por lo intenso del
orgasmo, chillase y como ya habíamos tenido
oportunidad de experimentar la
vez anterior, perdiendo el control, nos insultase
llamándonos cabrones, mamones y
otras lindezas por el estilo.
Quedó absolutamente derrengada
sobre el sofá, con sus brazos
descolgados a lo largo de su
cuerpo, mientras que yo seguía acariciando su coño
suavemente con la mano y besaba
su cara y su cuello, mientras iba recuperándose
en medio de unas postreras
convulsiones.
Visi volvió a sentarse a su lado.
Echándome hacía atrás, pude
observar a aquellas dos mujeres
espléndidas, calientes, que destilaban lujuria
por cada uno de sus poros. La
mata de pelos rizados de Visi, no permitía ver la
humedad de su coño, pero su cara
sofocada y algo desencajada denotaba una
calentura fuera de lo habitual.
Supongo que mi semblante no era muy diferente
del de mi prima, por lo que había
pasado y por la visión de aquellas dos
beldades desnudas, estaba
cachondo a más no poder y mi pene, en plena erección,
era un signo elocuente de mi
estado.
Carmen se levantó y nos hizo
seguirla hasta el dormitorio,
mientras nos dirigíamos hacía la
cama cogidos de la mano, Visi se atrevió a
insinuarle que la había visto muy
excitada cuando llegamos, hasta el punto que
su coño se veía húmedo y jugoso
como si hubiésemos interrumpido algo caliente.
Nos confesó que había tenido un
día de lo más turbador. La noche anterior había
celebrado la despedida con mi tío
como si fuese la última vez, con una sesión de
sexo furiosa y extenuante, quizás
todo ello, pensando en la noche del lunes.
Nada más marchar mi tío de viaje
de buena mañana, nos confesó que había tenido
que masturbarse urgentemente, ya
que una desazón interior le obligaba a tocarse,
pensando que de esta forma se
calmaría.
Había salido de compras con la
intención de distraerse y no
pensar más en ello, pero lo que
hizo fue pasarse por una tienda de lencería y
probarse conjuntos, los más sexy
que vio, con lo cual su calentura fue en
aumento. Mientras preparaba la
cena y se arreglaba, tuvo que echar mano de sus
"amigos" y nuevamente se había
masturbado salvajemente, por eso la habíamos
visto tan alterada, ya que este
último orgasmo tampoco logró calmarla. En plan
confidencial nos dijo, confiando
en nuestra madurez y discreción, que durante
todos estos meses que habían
pasado desde aquella primera y última vez, en
numerosas ocasiones estuvo a
punto de pasar a casa y repetirlo, pero no lo hizo
por esos miedos atávicos,
sociales y religiosos, al pensar que yo era muy
pequeño.
Cuando el día de mi cumpleaños se
lo pedí con tanto cariño,
echó todas las dudas por la borda
y se prometió que haría todo lo posible para
recuperar el tiempo perdido y con
solo pensar en eso, se había puesto tan
excitada, que desde entonces
había asombrado a su marido, forzándole a un sexo
repetido y salvaje.
Le pregunté muy intrigado que
había querido decir con eso de
echar mano de sus "amigos"; se
sonrió maliciosamente y después de decirme que
era un cabroncete al que no se le
escapaba nada, nos dijo que nos iba a revelar
un secreto. Se dirigió
contoneándose muy misteriosa hasta su armario y sacando
una caja de madera muy trabajada
y bonita, la depositó en la cama y con una
llavecita dorada que llevaba
colgada del cuello con una cadena y una medalla, la
abrió. En su interior se
encontraban una serie de artilugios muy curiosos,
algunos en forma de pene, dos
juegos de cinco bolas ensartadas por una cuerda,
uno de ellos tenía unas bolas de
unos cuatro centímetros de diámetro y el otro
de dos, más tarde supe que se
llamaban bolas chinas, había también una especie
de recipiente ovalado que en su
interior tenia algo que se movía, al parecer se
introducía en la vagina y
proporcionaba gran placer con el movimiento, también
había algunas revistas,
"París-Hollywood", de chicas desnudas y otras de chicos
desnudos, que creo recordar que
se llamaba "Absolu", o algo parecido. Por
primera vez en mi vida vi una
revista "Playboy".
Tenía libros y una novela en
francés, con muchas fotografías
en blanco y negro, elocuentes,
que contaba y mostraba una historia pornográfica
de un grupo de parejas pasando
sus vacaciones en una "péniche" por el río Loira,
en Francia, donde había
relaciones entre todos los miembros del grupo, desde
orgías hasta relaciones
homosexuales y de todo tipo. Más tarde tuve oportunidad
de leerla y aficionarme a este
tipo de literatura.
El artefacto que más llamó mi
atención era un pene artificial
de plástico, de un tamaño
considerable, unos 20 cm. de largo, con un grosor
proporcionado, que reproducía
perfectamente la constitución de uno natural, con
sus venas y rugosidades. Estaba
provisto de un arnés para poder colocarlo en la
posición adecuada y terminaba en
su parte posterior en una bolsa simulando los
testículos, que más tarde supe
que se trataba de un recipiente en el que podía
ponerse leche templada, para
simular, en el último momento, la eyaculación de
una forma más realista.
Visto aquel tesoro y aclaradas
nuestras dudas, ya que tanto
para Visi como para mí fue todo
un descubrimiento, mi tía nos explicó que
algunos fines de semana mis tíos
pasaban a Biarritz, en Francia, para ir a ver
películas porno y visitar algún
Sex-Shop. Hoy puedo decir que eran pioneros en
esta costumbre, ya que, mediados
los sesenta y en los setenta, cantidad de
españolitos hacían esas
excursiones de fin de semana, con el mismo objetivo, ya
que en España, hasta después de
la muerte del dictador en el año 75, estas
actividades estaban absolutamente
prohibidas. A partir de entonces la situación
ha cambiado drásticamente y,
afortunadamente, en estos momentos, España es uno
de los países más liberales y con
leyes más avanzadas al respecto.
Volviendo a la historia, mi tía
hizo sentar a Visi en el
borde de la cama, en el centro y
la obligó suavemente a tumbarse boca arriba, me
hizo una indicación y yo me situé
entre sus piernas, separándolas, colocándolas
sobre mis hombros y comenzando
con unos lametazos en su coño que la
transportaron a otra galaxia. Si
de por sí, ya estaba suficientemente caliente,
aquellas lamidas y mordisqueos en
su raja y en su clítoris la estaban
descontrolando, haciéndola
gritar, suspirar y revolverse, aplastando su nuca en
el colchón y levantado su pelvis,
tratando de presionar aun más su sexo contra
mi boca. Mi tía me susurró que
estaba a punto para que la penetrara,
sorprendiéndose, cuando yo le
comenté su rechazo a la penetración por el tema de
la perdida de la virginidad.
Carmen dijo no entender nada y
sacando un pequeño recipiente
de su caja de tesoros que
contenía vaselina, me dijo que llegase con mi lengua
hasta su pequeño ojete y se lo
acariciase. Debió gustarle a Visi, porque siguió
con sus convulsiones y
exclamaciones, absolutamente lujuriosas y viciosas. Mi
tía me iba indicando que con un
dedo untase de vaselina su ojete y que fuese
introduciéndoselo lentamente,
ensanchando el agujero suavemente. En un primer
momento Visi, pareció que
rechazaba la caricia, pero yo seguía con mi trabajo en
su coño y poco a poco introducía
más y más mi dedo en su culo. Cuando había
avanzado unos cinco centímetros,
escuchamos que decía que eso era bueno y que
siguiera moviéndolo más fuerte y
más profundo.
Mi tía me hizo separarme y
poniéndome un poco de vaselina en
mi endurecido pene y de nuevo en
su rugoso rosetón, me indicó que la penetrará
por ese agujero suavemente. Lo
intenté y tuve que presionar con fuerza hasta
hacer pasar mi glande por el
esfínter, Visi acusó el dolor, pero Carmen, al
tiempo que acariciaba sus tetas,
le decía que se relajase, que le iba a seguir
gustando como antes. Dejé pasar
un instante y sujetándola por sus caderas,
comencé con un suave bombeo,
rápidamente Visi volvió a retorcerse, pero esta vez
de placer, acelerando y forzando
la penetración hasta el fondo. Yo por mi parte
estaba gozando locamente, aquella
estrechez, aquel calor, que no recordaba desde
el día que follé a mi tía, me
tenía absolutamente congestionado, el corazón
bombeando a mil por hora y mi
pene penetrando, ahora ya salvajemente, en aquel
agujero tan acogedor. Visi se
aferró a mis brazos que la sujetaban y clavó sus
dedos como garfios, mientras
experimentaba un orgasmo descomunal. Yo no pude
aguantar más y me corrí en su
interior, soltando una gran cantidad de leche que
inundó sus intestinos.
Permanecimos abrazados mientras
terminaban nuestras
convulsiones, manteniendo mi pene
en su interior durante unos minutos que fueron
maravillosos. Cuando finalmente
lo saqué, sonó un pequeño, plof, y mi prima
salió disparada al baño, ya que
al parecer mi regalito le había revuelto un poco
en su interior.
Mi tía me limpió el pene
dulcemente con un pañuelo y
permanecimos acostados y cogidos
de la mano hasta que regresó Visi, con una
alegría en su cara, que denotaba
su satisfacción interna. Ágilmente salto sobre
mí y cabalgándome, me agarró
suavemente las orejas con sus manos y dándome un
beso rápido en los labios me
dijo, Primito, esto ha sido demasiado bueno, vas a
tener que repetirlo muchas veces;
siempre a tu servicio, le respondí.
Carmen nos miraba con una sonrisa
de satisfacción y ambos
caímos en la cuenta de que la tía
quería algo más de sus sobrinos. Alegremente
saltamos sobre ella metiéndole
mano, besándola y chupeteándola por todas partes.
Al llegar a su coño vimos que
tenía ensartadas aquellas bolas chinas, las
grandes, que antes habíamos
visto, nuestras bocas se apoderaron de cada uno de
sus pezones, mordisqueándolos,
empezando un pequeño tormento para Carmen, mi
mano acariciaba con malicia su
coño, mientras que las manos de Visi arañaban
suavemente su cintura y sus
costados, desencadenando una desazón en nuestra tía,
lo que determinó que nuevamente
tomase la iniciativa. Fue sacándose una a una
las citadas bolas con gran placer
y dirigiéndose a su caja mágica, se apoderó
del pene gigantesco con arnés,
dándoselo a Visi le ordenó ponérselo. Una vez
ajustado nos confesó que quería
hacer realidad una fantasía que tenía hacía
tiempo y que solo había podido
realizarla a medias. Quería que la follasemos por
ambos agujeros a la vez.
Eran poco más de las once de la
noche, por lo que teníamos
algo más de una hora para jugar,
seguimos con el calentamiento hasta que mi tía
entre suspiros entrecortados, me
pidió que se la metiera y empezase a bombear
con ganas, cruzó sus piernas a mi
espalda, pidiendo que se la metiera más y más
fuerte. Durante un rato seguí
así, yo en la gloria, y Carmen mordiéndose los
labios y suspirando
entrecortadamente. Súbitamente me separó y ordenó a Visi
que
se acostase boca arriba, con
aquel falo descomunal apuntando al techo. Ágilmente
se puso sobre mi prima y empezó a
meterse aquel pollón en su vagina. Poco a poco
fue entrando hasta que quedó
totalmente ensartada, empezando a bombear,
suavemente, mientras su organismo
se adaptaba a él, tumbándose sobre Visi, dejó
a mi vista aquel culo desafiante,
diciéndome que ya sabía lo que tenía que
hacer.
Dejé la cajita de vaselina cerca,
lanzándome como loco a por
aquellos glúteos que me atraían
desesperadamente, los besé, los apretuje y los
mordí con saña, luego, más
sosegado y como me había enseñado Carmen, pasé mi
lengua por el espacio que quedaba
entre su coño y su ojete, ensalivándolo bien,
tratando de meter la punta de mi
lengua en aquel agujero portentoso. Ella seguía
bombeando y yo untándole su
rugosa entrada con vaselina, fui introduciendo uno
de mis dedos abriendo camino.
Supongo que aquel agujero tenía algo de
experiencia en la operación, ya
que fue más fácil que con Visi. Cuando entendí
que estaba a punto, cambie de
dedo, metiendo mi polla de un solo envite, hasta
el fondo. Carmen dio un respingo,
pero solo le oí decir, cabrón, con rabia,
entrecortadamente.
Para mí fue otra experiencia
increíble, notaba perfectamente
las protuberancias del otro falo
a través de una delgada membrana de carne y una
vez superado ese momento de
sorpresa, acompasé mi movimiento con el de mi tía,
que estaba gozando como una
posesa, mis manos estaban libres y apoyando mi
cuerpo en su espalda agarré sus
tetas y continué masajeando sus pezones
enérgicamente, hasta que dio una
sacudida y se corrió entre convulsiones,
suspiros, gritos y espasmos de
todo su cuerpo.
Fue sacando el falo artificial de
su vagina, mientras yo
seguía moviéndome y eyaculando en
su interior, permaneciendo sobre ella un largo
rato hasta que nos calmamos. Visi
soportaba el peso de los dos, abrazándonos y
besándonos cariñosamente. Nos
levantamos, mi tía recogió los aparatos que se
habían utilizado y se dirigió,
cojeando ligeramente, al baño a arreglarse y a
limpiar adecuadamente sus
herramientas, para guardarlas hasta que nuevamente
fueran necesarias, lo que
conociendo a Carmen, no creo que fuese por mucho
tiempo.
Pasamos a la sala y todavía
tuvimos una charla muy cariñosa
en la que cada uno contó las
sensaciones que había tenido. Visi estaba
supercontenta, ya que una puerta
se había abierto para nuevas y gratificantes
experiencias, podía ser penetrada
sin perder su virginidad. Carmen reconoció que
las sensaciones que había
experimentado y su orgasmo final habían sido realmente
salvajes, si bien aquel pene, tan
rígido, le había molestado, sobre todo al
final. Nos confesó que estaba muy
contenta por la experiencia y mirándome con
esa sonrisa maliciosa en sus
labios, me dijo que tenía que trabajar en la
solución a ese problema, y que ya
sabía como resolverlo. Mañana después de clase
ven y te lo cuento.
Nos arreglamos y después de unos
besos muy cariñosos,
volvimos a nuestra casa a dormir
y a soñar, no con los angelitos, al contrario,
en mi caso con aquellas dos
angelitas, que me transportaban al cielo.
Espero que os haya entretenido.
Volveré en breve para
contaros la solución que maquinó
mi tía Carmen. Besos para todos.
Ver el Video del Relato
|