Todo comenzó hace apenas 3 meses,
tengo 58 años, casada y con 3 hijos, dos hembras y un
varón, Daniel. Ahora tiene 20 años, es un chico normal,
soltero y sin novia y claro está, vive con nosotros. Yo
soy una mujer alta, tengo una talla 120 de pecho, pero
debido a mi estatura y mi corpulencia no parecen
demasiado grandes, caderas anchas y un buen culo, a
pesar de mi edad, me considero una mujer joven.
Vivimos en un bloque de pisos,
donde por rellano solo hay dos viviendas, y mi vecina es
a la vez la madrina de mi hijo, ambas familias compramos
los pisos juntas ya que éramos amigos desde la infancia,
ellos no han tenido hijos, pero mi Daniel es para ellos
como un hijo. Nosotros vivimos en el último piso, justo
encima está la azotea, no muy visitada por los demás
vecinos ya que no hay ascensor en el bloque, y mi puerta
da justo enfrente de la escalera de subida.
María es la madrina de mi hijo
Daniel, y por lo tanto comadre, es una mujer algo más
bajita que yo, al no haber tenido hijos, también se
mantiene en buena forma, ambas decimos que debe ser por
subir los 5 pisos hasta nuestras viviendas, nuestros
balcones están unidos y se puede pasar desde un piso a
otro sin tener que salir al rellano. María y yo habíamos
sido cómplices en algún que otro devaneo con un joven
repartidor de una tienda del barrio, pero de eso hacía
ya algunos años y todo había vuelto a la normalidad,
fieles a nuestros maridos y manteniendo una vida sexual
aburrida y casi nula.
Todo comenzó cuando empecé a
notar en mi hijo un repentino aumento en las salidas de
casa, y sobre todo cuando siempre antes de esas salidas
escuchaba su móvil sonar, un timbre y se apresuraba a
salir, sin palabras y con sigilo. Una tarde salí detrás
de él para saber donde iba, pero no me dio tiempo a
llegar muy lejos, se había parado en el piso de abajo,
donde también vivía un matrimonio mayor, no hubo
palabras, pero desde donde yo estaba pude distinguir
como mi hijo se sentaba en uno de los escalones y
seguidamente como Juana, que así se llama la vecina de
abajo, levantándose la falda que llevaba puesta esperaba
a que Daniel se sacará la polla para sentarse sobre
ella, se la estaba follando en toda regla, mi hijo
magreaba a la Juana por encima de la ropa intentando
meter sus manos por dentro de su blusa para buscar sus
grandes tetas, esa mujer era algo mayor que yo, y se
estaba follando a mi hijo, apenas podía escuchar ningún
ruido, solo algún que otro gemido de la Juana, la sesión
tardó poco, apenas unos minutos, pero echando la cuenta
de las de veces que yo escuchaba el móvil de mi hijo y
él salía de casa, debían de ser unas dos o tres veces al
día.
Entré de nuevo en casa cuando
sentí que todo iba a terminar, pero en vez de sentirme
enfadada, me quedé pensando en lo diferente que era la
vida para la Juana y para mí.
Después de varios días espiando a
mi hijo, no pude aguantar más y se lo conté a María y
ahora éramos dos espiando a mi hijo, y sobre todo ella
envidiaba a la Juana por la posibilidad de tener una
polla joven que le diera placer, y yo le dije que me
excitaba ver como mi hijo se la follaba. María no tardó
en venirme con una de las suyas, me dijo que estaba
decidida en probar suerte con Daniel, y que si yo quería
me daría el espectáculo delante de casa, cosas que ya
habíamos hecho en alguna que otra ocasión, ver como nos
follaban nuestros maridos sin ser vistas.
Una tarde que nuestros
respectivos maridos no estarían en casa, casi nunca
estaban por sus trabajos, me dijo que me fuera para la
mirilla de la puerta. Allí estaba ella, estaba esperando
a mi hijo y lo pilló mientras subía, no podía escuchar
la conversación pero supuse como ella le decía que sabía
lo que estaba pasando con la vecina de abajo y que ella
también quería lo mismo, la cara de mi hijo se iluminó,
María pasaba su mano por el abultado paquete que ya
mostraba mi hijo debajo de los pantalones y sin más este
se lo bajo, dejando al aire una polla que para él se
quedaba, era más grande de lo que habría podido
imaginarme, palpitaba, hasta creo que María se
sorprendió de lo grande que la tenía, ella me brindaba
una visión perfecta, se agachó y pude ver como se
tragaba con glotonería la polla de mi hijo, que con los
ojos cerrados no tenía la menor idea de que su madre
tras la puerta había comenzado a propinarse una de las
mejores pajas de su vida, pero la que de verdad gozaba
era la zorra de María que no le cabía la polla en la
boca y que no estaba dispuesta a desperdiciar antes de
tiempo la posibilidad de que mi hijo la follara, así que
después de un buen rato mamándole, se desabrochó la
blusa un par de botones y se sacó por encima de ella sus
tremendas tetas y dejó que mi hijo se volviera loco con
ellas.
Ver como mi hijo se comía con
desesperación esas tetas me volvió loca, y estuve a
punto de abrir la puerta para unirme a ellos, pero María
no estaba dispuesta a compartirlo, hizo sentar a mi hijo
en los escalones, se subió la falda y quitándose la
braga pude ver como dejaba a mi hijo entre sus piernas y
pude ver perfectamente como se sentaba encima de su
polla, enterrándola en su peludo coño, desde mi posición
podía verlo perfectamente, veía la polla entrar y salir
de su coño, podía ver como ella se chupaba los pezones
intentando no perder el equilibrio y como las manos de
mi hijo iban de un sitio a otro, de las tetas a su
poblado coño, magreando sus grandes muslos, hasta que
por fin sacó la polla de su coño y soltó una cantidad de
semen descomunal sobre sus vellos, falda, llegando
incluso algún que otro chorro a sus tetas, nos corrimos
los tres a la vez y fue una pasada, las piernas me
temblaban por lo que tuve que irme al salón a sentarme,
seguidamente mi hijo entró en casa y se fue directamente
a su dormitorio sin decirme nada, aunque yo tampoco
hubiera podido decir ni una palabra.
Salí para la casa de María por el
balcón y me la encontré tirada en el sofá aun con la
leche de mi hijo por todos sus vellos, con una sonrisa
de oreja a oreja, me acerqué, refregué mi mano por sus
vellos esparciendo el néctar de mi hijo y me lo llevé a
la boca, era delicioso, María no hacía otra cosa que
suspirar, y me dijo que tenía un hijo que valía
millones, y que entre las dos íbamos a cuidarlo para que
no lo estropease ninguna chica joven. Todo aquello me
excitaba, ver a mi hijo follando con estas mujeres me
excitaba, pero otra cosa era follámerlo yo, que decir
tiene que a partir de ese día las salidas de mi hijo se
multiplicaron, tenía que darle placer a dos zorronas, la
Juana de abajo y su madrina María.
María venía casi todos los días a
explicarme las cosas que le gustaban a mi hijo, como se
la chupaba, como le gustaba comerle el coño y lo bien
que lo hacía, y sobre todo la insistencia de este en
darle por el culo, cosa que por lo visto no le gustaba a
la Juana, ni a María, y las grandes corridas que tenía
mi hijo, que a pesar de haber follado con María y Juana
y volver a follar al rato con María, le seguía soltando
una cantidad de leche descomunal. Mis pajas también iban
en aumento, me sentía excitada a cada momento de solo
pensar que en cualquier momento una de las dos podría
recibir esa leche y que porque no, podría ser yo
también.
Así que una tarde me armé de
valor, y aprovechando que mi marido estaría varios días
fuera por causa de trabajo y como ya sabía a la hora que
mi hijo recibía los timbres de la Juana, antes de que
pasara pasé al cuarto de baño y me metí en la ducha y
cuando sonó y sentí que mi hijo salía de su cuarto lo
llamé con el pretexto de que me diera una toalla, cuando
sentí que mi hijo entraba me agaché para coger algo del
suelo, brindándole una panorámica excepcional de mi culo
bien abierto, a mi marido le gustaba un coño con
cantidad de vellos, por lo que rara vez me lo depilaba,
yo también tengo mucha cantidad que me llegan hasta casi
la entrada de mi culo, soy muy blanca de piel, cuando
entró no dijo nada, ni me levanté, le dije que dejara la
toalla y salió sin cerrar la puerta, me levanté y me
sequé bien despacio, no había sentido la puerta abrirse
por lo que intuía que Daniel me estaba espiando, me
excitaba saber que lo estaba haciendo, y sin darme mucha
cuenta de lo que hacía comencé a tocarme, coloqué un pie
sobre el retrete y comencé a masturbarme dejando una
visión clara de lo que hacía, sentía mis pezones duros
como piedras y sabía que mis tetas eran más grandes que
por lo menos las de María, mantenía los ojos cerrados y
sentí como me corría sin poder evitarlo, hubiera deseado
que mi hijo hubiera entrado y fuera él con su lengua
quien me lo hubiera hecho, pero no fue así.
Me coloqué una bata finita sin
nada debajo y salí del cuarto de baño, Daniel no se
había ido, podía sentir como su mirada se clavaban en
mis tetas y en mi culo, podía ver como su abultado pene
luchaba por encontrar un sitio debajo de sus pantalones,
le pregunté si no iba a salir y respondió que no, le
dije que si no iba a salir porque no se ponía cómodo
para estar en casa, voló a su dormitorio y se quedó en
calzonas, no disimulaba la terrible erección que
mantenía desde hacía rato, ya estaba lanzada y sin saber
bien lo que pasaría le dije que sabía lo que estaba
pasando con la Juana y con su madrina, que era normal
que un chico de su edad tuviera esos deseos, pero que a
mi me encantaría que no tuviera que hacer esas cosas con
ellas, por lo que podría pasar si un día se enteraban
sus maridos y que estaba dispuesta a hacer todo lo que
él quisiera, con la condición de que nadie se enterase,
sobre todo su madrina y la Juana.
Estábamos los dos en la cocina,
con un poco de vergüenza le di la espalda y me puse a
fregar unos vasos en el fregadero, sentí como se
acercaba y como metía su mano por debajo de mi bata, su
mano rozaba mi piel, abrí las piernas, cerré los ojos y
lo dejé hacer, sentí sus dos manos agarrar con fuerza
mis nalgas y no tardó en avanzar entre ellas y llegar a
mi ya mojado coño, estaba completamente lubricada, me
tenía que morder los labios para no gemir, sabía lo que
hacer con sus dedos, jugaba con mi clítoris, metía sus
dedos en mi coño, abría mis labios, pasaba sus yemas por
el interior de mi coño, podía sentir una de sus manos
jugando con mi clítoris y como con la otra comenzaba a
jugar alrededor del agujero de mi culo, hacía mucho
tiempo que no sentía una sensación como esta, no tardó
en meter uno de sus dedos dentro de mi culo, tuve que
agarrarme al fregadero y soltar un gemido cuando sentí
que me corría, se separó un momento de mi para bajarse
las calzonas e intentó follarme, pero yo soy bastante
más alta que él, tuvo que buscar un pequeño taburete y
subirse para de esta manera quedar a la altura, no hubo
preámbulos, refregó su capullo por mis labios y la
hundió por completo, solté un gemido, me tenía sujeta
por las nalgas, y la metía y sacaba con fuerza, sabía
como dar placer a una mujer, eso estaba claro, me cogía
por los muslos para darme más fuerte y ver como mis
nalgas rebotaban en su vientre, me abría las nalgas con
las manos e intentaba meter uno de sus dedos dentro de
mi culo, paraba en seco dejando su polla bien dentro y
jugaba con sus dedos en mi clítoris, yo estaba ya casi
apoyada en el fregadero por lo que mis tetas colgaban,
metió sus manos por dentro de mi bata y me las apretó,
sus dedos pellizcaban mis pezones, sus movimientos se
hicieron más rápidos, se iba a correr, me sentí invadida
por una descarga interminable de leche caliente,
corriéndome de nuevo a la vez que él.
Se quedó un momento dentro de mi,
podía sentir como su polla palpitaba había bajado un
poco la dureza, pero no estaba flácida, yo deseaba más,
me giré y me lo llevé de la mano hasta su dormitorio,
una vez allí, me saqué la bata y él las calzonas y
quedamos los dos frente a frente completamente desnudos,
ver los ojos de mi hijo, con el deseo con el que me
miraba y ver como su polla volvía a palpitar alcanzando
de nuevo un tamaño considerable, me volvía loca, verme
deseada con tanta pasión era algo que no sentía desde
jovencita, le dije que se tendiera en la cama y me subí
sobre él, volví a meterme su polla en el coño, que
estaba completamente encharcado con su semen y mis
jugos, no tardó en abalanzarse por mis tetas, las
chupabas, las mordías, mientras yo como una loca lo
cabalgaba, gemía como nunca había gemido y era con la
polla de mi propio hijo, mi orgasmo no tardó en llegar,
pero él estaba loco con mis tetas, no dejaba de
chuparlas, como si le fuera la vida en ello, sentía la
misma sensación que cuando niño lo amamantaba con ellas,
su polla estaba dura como una piedra, me hacía daño
cuando la sentía en lo más hondo de mi ser, estaba
deseosa de sentirla en mi culo, pero imaginaba algo tan
grande y duro y me daba miedo.
Me levanté a duras penas y me di
la vuelta, no tardó en buscar mi boca para metérmela
dentro, comencé a chupársela como yo sabía hacer, y él
no tardó en tirar de mí, hasta conseguir que me subiera
encima suya, su cabeza quedó enterrada entre mis muslos,
debía sentir como su propio semen salía aun de mi coño
caliente, pero no sentía reparo, hundió su cara en mi
coño, mientras con sus manos jugaba con mis nalgas, yo
no tardé en sentir de nuevo otro orgasmo, me venían uno
detrás de otro, me mordía los vellos, los labios, el
clítoris, metía su lengua todo lo que podía en mi coño y
en mi culo, y yo intentaba a duras penas tragarme su
polla por completo, hasta que por fin, soltando un largo
gemido me soltó su leche en la garganta, me costaba
trabajo tragar, era tanta cantidad que tuve que
sacármela de la boca para respirar, era deliciosa, chupé
y chupé hasta dejarla completamente limpia, su dureza
había bajado, palpitaba, pero no estaba tan dura, sabía
que ese era el momento, le dije que le tenía guardado
una pequeña sorpresa, y le dije que se levantara de la
cama, me puse a cuatro al filo y con mis manos me abrí
las nalgas mostrándole en todo su esplendor y palpitando
de deseo mi tesoro más preciado, le dije que deseaba que
me la metiera por el culo, que deseaba que descargara lo
que le quedaba de leche dentro, esas palabras lo
volvieron loco, se abalanzó por mi culo, intentaba
metérmela, pero estaba lo suficientemente flácida para
que no lo consiguiera, metía sus dedos, yo gozaba como
nunca lo había hecho, sentir ese deseo y saber que era
mi hijo, también me estaba volviendo loca, dejaba mi
esfínter relajado para dejarlo que consiguiera meter su
capullo y lo apretaba para sentir como se ponía dura por
momentos, sacaba y metía ya con falibilidad su capullo,
y poco a poco iba sintiendo como su polla iba tomando la
dureza necesaria para embestirme con fuerza.
Los dos gemíamos, me abrí las
nalgas y le dije que apretara con más fuerza, su polla
se hundió por completo, fue doloroso, pero pronto el
dolor pasó y comencé a gozarlo tanto como él, me clavaba
las uñas en las caderas y sentía como mis nalgas
rebotaban con fuerzas haciéndolas sonar sobre su
vientre, mi hijo me estaba empalando, podía sentir todo
su tronco de mi, mis orgasmos se sucedían uno detrás de
otro, hasta que me vi inundada por su leche caliente,
fue una cantidad tremenda, su corrida duró una
eternidad, antes de que terminara le pedí que no la
fuera a sacar, quería sentirla aún más tiempo dentro de
mi, fui sintiendo como poco a poco perdía su dureza y
ella sola salió de mi culo, cuando me giré pude ver la
cara de felicidad de mi hijo, nos fundimos en un abrazo
y un beso, y quedamos rendidos en la cama.
Esos tres días que su padre no
estuvo en casa, no salimos de ella, no sé cuantas veces
follamos, me tuvo todos los días desnuda por la casa, y
a cada momento se abalanzaba sobre mí, follándome por
todos los sitios posibles, después tuvimos cuidado de
que su padre no se diera cuenta, y yo para descansar lo
dejaba que de vez en cuando se fuera con la Juana o con
su madrina, pero lo quiero solo para mi. Hace tres meses
que volví a nacer.
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