Lo que les contaré ahora siguen
siendo experiencias vividas. Yo vivía en un pueblo, en
el norte de Perú, en un pueblito llamado Zaña, este
pueblito es maravilloso, tiene mucha vegetación y
terrenos de cultivo por allí atraviesa un río llamado
por el mismo nombre, o sea Zaña. Uno de los alcaldes
construyó hace muchos años un canal o un tramo de
acequia para que por allí pasara el agua. Y otro canal
se había construido para que desfogue el agua y sea
parte del regadío de las chacras.
Las tres acequias pasaban en
parelelo. Les cuento esto para que se imaginen y sepan
luego de que trata y me den la razón.
A veces había agua en las tres
acequias juntas. Esas aguas hasta ahora son cristalinas
y siempre la gente en general optaba por irse a ese
lugar para lavar ropa, bañarse, divertirse, incluso
gente que venía a visitar el pueblo no se hacían de
rogar e iban a tirarse un chapuzón. Por lo mismo del
calor sobre todo en verano.
Estas acequias tienen un
recorrido bastante largo y al final llegan al mar, en
todo ese recorrido las acequias pasan por chacras,
sembríos, puentes, parajes solitarios y algunos llenos
de gente.
A mis 13 años y con gran
intereses en la desnudez de los hombres y por sobre todo
en la de los hombres fuertes, musculosos que trabajaban
en las chacras… Estos hombres de mi pueblo. Como era
costumbre… al pasar el puente y frente a una canchita de
fútbol, que es un deporte muy de aficionados por allá,
todos los que iban a jugar y terminado su partido. Iban
a la acequia, se desnudaban completamente y se daban su
chapuzón, llevaban su jabón, su champú e incluso al que
no llevaban le prestaban y todos felices.
Era un sitio prácticamente
reservado para los hombres. Solo nosotros ingresábamos,
mientras las mujeres pasaban por otro puente donde
hacían lo mismo ellas. Siempre me gustaba ir, sobre todo
los fines de semana, pues me deleitaba con los cuerpos
musculosos por el fútbol y por el ejercicio en las
chacras o agricultura.
Veía toda clase de cuerpos
varoniles, grandes con bastantes músculos, algunos
cuerpos blancos, otros cobrizos, otros oscuros y por
sobre todo como me iba a bañar me gustaba estar
sumergido en el agua viendo pollas lindas… algunas bien
afeitadas, otras con mucho pelo púbico, otras con vellos
ralos. Pollas adolescentes, pollas jóvenes, pollas
adultas, pollas viejas, pollas de conocidos y no
conocidos. Pollas casi siempre en su estado de reposo y
a veces pollas en estado de excitación. Creo que el
promedio de todas ellas generalizando eran de 18 cm.
Algunas de éstas eran más pequeñas, otras bien gruesas
que me llamaban la atención. En fin todo un carnaval y
algarabía para mis ojos.
Recuerdo un día que escaseo la
comida por muchos problemas tanto nacionales como de mi
hogar yo estaba bastante turbado, mortificado… quería ir
a despejarme y despreocuparme. Entonces opté por ir a
ese lugar. Creo que fue un día miércoles como a las 6:30
de la tarde. Pensando en bañarme, llevaba mi toalla y
mis cosas para asearme, ingreso al lugar. Como era un
día cualquiera no pensé en encontrar a nadie. Resulta
que inicio con quitarme el polo que llevaba puesto,
luego el short y las sandalias y me quedé en
calzoncillos. Yo me disponía a entrar y bañarme pues
siempre lo hacía con calzoncillos a pesar de que los
demás lo hacían desnudos. Pues mamá siempre nos enseñó
que debiéramos ser recatados.
Entonces escucho una voz y un
saludo que me quitaron la turbación. Hola que tal – y al
voltear veo a un amigo que vivía al frente de mi casa
este tenía como 25 años se llama Miguel. Venía con su
polo en su hombro con el torso desnudo y un short Negro,
medía como 1.70 y me agradaba su figura que era bastante
robusta. Le dije hola que tal.
Miguel me preguntó si tenía
jabón- claro- le contesté.
Ahh bacán me dijo, pero sabes
estoy acostumbrado a bañarme en mi propia chacra, crees
que me lo puedas prestar. Como su chacra estaba a 1
cuadra más allá le dije que sí.
Pero luego cambió de idea y me
dijo que lo acompañara pues se iba a quedar allí a
dormir para cuidar su maíz. Y que me invitaba para
hacerle compañía un rato. No dudé un instante y me fui
con él a su chacra al lado donde pasaba el río. El cogió
mis prendas que le pedí por favor que me las llevara y
yo corriendo a orillas del río todo de frío y en
calzoncillos hasta ese lugar.
Estando allí se dispuso a
bañarse, se puso de espaldas y su polo lo puso en una
piedra, se empezó a sacar su short y vi su hermoso culo
redondo a través de sus calzoncillos blancos y sus
piernas gruesas, con abundantes bellos muy bien
moldeadas por el fútbol y los trabajos del campo.
También ví que algo le colgaba en esos calzoncillos.
Eran sus enormes huevos que podía divisar estando él de
espaldas.
Luego y para placer mío se puso
de frente y me miró e inició una conversación con temas
de nuestras familias y chismes del vecindario a los
cuales no les prestaba ni la más mínima atención.
Agarró de lado a lado sus
calzoncillos y se los sacó. .. yo me quedé inmóvil
viendo un cuerpazo de ensueño con unas lindas tetillas
endurecidas por el airecillo que recorría. Unos lindos
abdominales que de por sí se habían tallado, pues Miguel
descendía de una mezcla muy linda. Su papá blanco y su
mamá Morena. Al recorrer mi visión más abajo vi la
gloria. Tenía una polla en estado de flacidez, una polla
grande, media oscura y con una mata de pelos que me
dejaba sin aire.
Me fui reponiendo… él me seguía
comentando diversas cosas y sacó a relucir el tema de su
enamorada que había viajado a Lima hacía 15 días, para
realizar un trámite de traslado para estudiar allá.
Yo solo atinaba a emitir
monosílabos. Y a calentarme… a seguir más y más hasta
donde pudiera.
Miguel ingresó al agua con su
lindo cuerpazo y se zambulló, logré ver su pene que se
contorneaba y sus huevos que estaban a reventar a mi
parecer por falta de sexo.
Luego yo tomé la delantera me
puse en un lugar donde no me sumergía mucho y donde solo
se podía ver la parte de mi espalda y mis redondas
nalgas. Y vi que a Miguel le gustó ese espectáculo. Me
dijo que me saque el calzoncillo que ahí nadie iba a
visitar ni a entrar, pues era parte de su propiedad.
Estando yo así, asentí con la
cabeza y me saqué el calzoncillo. Pero seguía en la
misma posición y desnudo… así abrí mis piernas y sumergí
mi cabeza, creo que se me veía mi lindo anito.
Luego al voltear a ver a Miguel
lo vi masturbándose, creo que lo había excitado. Me
pidió el jabón, se lo pasé. Y al dárselo noté que su
pene había crecido de forma descomunal, tanto así que me
dio miedo y ya no quería seguir con ese juego. A pesar
de haber recibido ya otra polla.
Pero Miguel me agarró de la mano
me tiró hacia él, me dio un beso muy largo, su lengua
ingresó en mi boca y empezó la exploración, mientras yo
me excitaba más y más. Luego me dijo que quería tener
sexo conmigo que estaba muy calentón, pero como era muy
pequeño para su tremendo aparato, sabia que no lo podía
recibir y cobijar en mi culito. Yo me reí, pues él
pensaba que sería mi primera vez, pero le comenté de mi
primera y segunda experiencia, y como mis primos que ya
habían viajado a otros lugares me hicieron feliz y que
desde hacía unos meses extrañaba una polla en mi culito.
Pero que parecía que la de él, era muy grandota y
gruesísima. Pero él me dijo que si ya lo había hecho era
cuestión de probar nada más. Que quería ser mi marido y
que me iba a poseer siempre que yo se lo permitiera.
Luego de otro beso así de
escandaloso y con su lengua descubriendo cada parte de
mi boca me llevó sus manos a mis hombros y me empujó
hacía abajo. Yo por mi parte bajé, me arrodillé y me
puse a la altura de su grandioso, maravilloso, jugoso,
grueso y gran pene le di besitos, lo lamía como un
gatito a su leche, lo chupaba como jugando con mis
chupetines cuando estaba solo, le estaba haciendo tal
mamada que el se había puesto burro (con su pene crecido
al máximo) obvio que no me entraba tan grande cosota a
mi pequeña boca, pero hacía el esfuerzo. Apenas podía
tragar ese sable, me ahogaba, pero siempre entraba más,
me sentía con mi cuerpo lleno de toda clase de
cosquillas que me llegaban a mi anito y hacían salir
jugos. No sé como pero se me mojaba y remojaba mi anito
de puro gusto. Yo seguía con esa pieza… la trataba de
engullir, poco a poco… fui descubriendo como hacerlo, la
lengueteaba, me la metía hasta adentro, sentía como ese
animal ingresaba y se alojaba más que en mi garganta y
me dejaba sin respiración y volvía a sacarlo para
reponer fuerzas e ingresar aire a mi maltratada boca y
órganos respiratorios. Luego de esa posición, él se
cansó y decidió sentarse y yo buscaba instintivamente su
pene, nuevamente lo engullía lo hacía subir y bajar en
mi boca, lo besaba y me lo tragaba hasta más de la
mitad. Él estaba bastante excitado, me dijo: me
vengooooo me vengooooo. Y yo no saqué mi boca al
contrario me la hundí casi todo hasta que sentí el
choque de sus huevos en mi cara y su leche se depositó
en mi garganta. Casi me ahogo si no fuera porque me la
saqué de completo y empecé a tragar esos chorros ricos
de semen. Tanto así que hasta lo dejé enjuagado y todo
limpiecito. Yo también me había venido junto con él,
pues había aprendido con mi primo a llegar hasta el
orgasmo sin tocarme.
Miguel me besó e hizo acostarme
junto a él en una parte donde había pasto, me abrazó y
luego nos fuimos a bañar, me lavó mi culito y mi pene e
hizo que yo le pasara el jabón por todo el cuerpo como
si fuera un niño al que estaba bañando. Habían pasado
como 10 minutos de su descarga, me seguía besando y
abrazando y me dijo que se había sentido tan bien que ya
no deseaba que venga su enamorada sino que conmigo la
estaba pasando muy bien. Además me contó que a ella no
le gustaba hacer sexo oral y que era un poco fría y no
quería cambiar de posición en la cama.
Yo le dije que esperaba que no me
estuviera mintiendo y que si era así, yo le iba a dar mi
culito solo a él y también mi amor.
Miguel luego inició su excitación
sexual sobándose su gran paquete, lo tenía en su gran
mano y el pedazo de carne crecía y crecía. Por mi parte
no quería intentar la penetración por lo grueso que lo
veía y se me venía a la mente el dolor que me había
causado la polla de Juanji en la primera vez, Miguel
entonces me dijo que si quería ser todo suyo e incluso
terminar con su enamorada tenía que dejarme hacer lo que
me pidiera para desfogar su calentura conmigo y ya no
buscase a nadie para satisfacerlo.
Me animó porque me dijo que para
introducir su pistola siempre la engrasaba y como mi
hueco iba a recibir sus balas, también lo aceitaba, así
no habría mayor problema. Entonces me tomó de la mano y
nos alejamos un poco de la orilla donde había una
chocita de paja construida para cuidar las cosechas y la
gente no se robe el maíz.
Me excitaba la idea de hacerlo en
esa choza, se lo dije y me excitaba mucho más vernos a
los dos correr hacia allí, pero sobre todo ver su verga
endurecida y parada apuntando hacia arriba y abajo con
aquella corrida.
Llegamos y entramos a la choza,
los dos en cueros, entonces veo que de un cajón sacó una
botella de aceite y me dijo: - esto va a ser tu
salvación y no sentirás dolor. Ya lo verás.
Me hizo ponerme en cuatro (por
ese tiempo en mi pueblo ni se conocían las enfermedades
venéreas ni los condones) e inició la aceitada a mi ano.
Le puso un poco de aceite y me pasaba su dedo de arriba
hacia abajo causándome un gran placer. Luego lo
introdujo fácilmente, pero seguía echando más y más
aceite, luego fueron dos dedos y luego sentía tres y a
cada que insertaba echaba el aceite. Yo estaba
excitadísimo mi ano se había abierto él lo notó, se
notaba mi hueco un poco abierto. Entonces me dijo que ya
era hora de horadar mi agujero para hacerme sentir su
hombría y virilidad de macho. Me agradó mucho ese
comentario y abría lo más que podía mis piernas y a mi
ano le hacía ejercicios de ajustar y abrir. Miguel por
su parte aproximó su tremenda verga a la entrada de mi
orto dilatado, yo me revolcaba de placer y mordía una
almohada que encontramos. Me pasaba la cabeza de la
pinga de varias formas, esto hacía que me enloqueciera y
pidiera ser poseído. Sentí la verga como una tabla dura
y suave a la vez. Luego inició el empuje. Me traté de
zafar sabía que dolería, pero él con sus grandes brazos
me rodeo y me detuvo. Estaba acostumbrado a una verga
grande pero no tan exagerada como la de él. Miguel por
su parte me dio ánimo para seguir… echó más aceite y me
dijo que estaba experimentando algo muy distinto y que
era algo bueno para ambos. Sus palabras me causaron
excitación y traté de empujármela adentro a pesar del
dolor, lo hice, se dio cuenta. Entonces miguel como todo
un joven de 25 años sabido de aventuras me la empujó
toda de un solo y certero golpe. Mis lágrimas rodearon
mi cara. Miguel decía sin parar: te amo y aguanta hasta
que se acostumbre, hasta que se acostumbre. Luego de un
minuto o más… ensartado de tal forma brutal Miguel
inició el clavado y desclavado de su verga. Poco a poco
con el aceite que nuevamente lo llevaba con su mano y
embarraba toda su verga fui albergando y acostumbrándome
a su hermoso monstruo. Sentía todos los pliegues de mi
culo templados y él excitado. Luego me estaba dando
placer tanto que me descontrolé y empecé a gemir con
mucho entusiasmo. El seguía un mete y saca furtivo,
tanto que tenía que controlarme para no venirme. Luego
él me echó en un colchón que tenían para cuando se
quedaban a cuidar la cosecha y me agarró las piernas, y
las puso en sus hombros fuertes y me metió sin
miramientos toda su verga y siguió machacando y
machacando. Estaba disfrutando de lo lindo entonces
Miguel lo hacía cada vez más rápido hasta que se vino
dentro de mí, echándome sus mecos en mi anito treceañero.
Yo también me vine junto con él. Nos quedamos así hasta
que pasado unos minutos su verga fue volviendo a su
estado de reposo y me la sacó echándonos los dos
cansados de tanto placer.
Yo sentía mi anito ardiendo, pero
también sentía que había ganado mi nuevo hombre que me
seguiría amando y haciéndome sentir placer.
A propósito un día medí su verga
y me quedé atónito al ver que me estaba ensartando 25 cm
reales de pura carne. Y un grosor que no lo medí por
dejar algo a mi imaginación.
Miguel terminó con su enamorada
que se quedó en Lima y yo ahora cuido su chacra como
peón. Pues él la administra. No sabiendo su padre que
también me administra la ración o porción de semen que
me imparte casi todos los días.