Esta historia me la platicó la
protagonista, júzguenla ustedes si será verídica o no,
pero en lo personal me pareció digna de contárselas.
Mely es una chica que actualmente
tiene 27 años, es una mujer preciosa en todos los
sentidos, de sonrisa que acaricia y mirada de gatito que
acentúan sus ojos verdes. Tiene un hermoso trasero,
divino diría yo, hace juego con sus piernas bien
torneadas y una tetas pequeñas, tirando a medianas, en
fin, es una mujer muy sexy. Cuando ella egresó de la
Normal de profesores, le asignaron una escuela para dar
clases en un pueblo de la sierra de Veracruz, México. El
lugar está apartado de la ciudad donde ella vive y tenía
que viajar cada ocho días más de ocho horas en autobús
por una camino de terrecería, por cierto que el camión
solo entra al poblado por la mañana y por la tarde. Por
si esto fuera poco, en ese entonces por la zona
merodeaba un bandido del cual se escuchaban rumores que
había cometido varios asaltos con violencia e infundía
miedo en la gente.
Cierto viernes por la tarde,
después de la jornada de clases, Mely abordó el autobús
para dirigirse a casa de sus padres a pasar el fin de
semana como de costumbre: ver televisión, salir con su
novio a algún bar o al cine. Para llegar a la ciudad, el
autobús seguía una ruta que pasaba por varios pueblos y
en estos subían y bajaban pasajeros. En un pueblo
intermedio bajaron casi todos los pasajeros quedando
solamente Mely y dos maestras que también daban clases
en la zona, nadie subió ya; así que solamente viajaría
el chofer y las tres mujeres solos por casi 80
kilómetros hasta el otro pueblo.
Así las cosas, el autobús comenzó
su andar y cuando llevaba más de la mitad de recorrido,
de pronto en una curva tuvo que frenar de emergencia,
pues había un tronco de árbol atravesado. No se habían
recuperado del susto cuando dos sujetos, altos fornidos
y con un pañuelo que les cubría el rostro, subieron
pistola en mano amagando al conductor y a las tres
pasajeras, muy pronto se dieron cuenta que al haber poca
gente su botín no sería el esperado, así que obligaron
al conductor a salirse del camino e introdujeron el
autobús en una vereda, lejos del paso principal.
• Muy bien –dijo el que parecía
ser el líder- si no hay cosas de valor, al menos hay
tres sabrosas mujeres que nos darán placer.
Las tres mujeres estaban mudas de
miedo, nerviosas y no hacían ruido, se miraban entre
ellas, como esperado que el asaltante escogiera a las
otras, pero se llevarían otra sorpresa más.
• A ver- volvió a decir el tipo-
les voy a dar tres minutos para que me mamen la verga,
la que mame más feo, la que no me guste como lo hace, la
voy a matar, así que relájense y empiecen, ah, eso si,
no se quieran pasar de listas porque recibirán un
plomazo en la cabeza.
Era tal el dominio del tipo, que
dicho esto, le hizo la indicación a la que estaba más
cerca para que iniciara, para suerte de Mely (o mala
suerte), ella era la última, pero desde donde estaba
pudo ver como la primer chica sin protesta se arrodilló
mientras el sujeto le acercaba la punta de la pistola
muy cerca de la oreja, toda nerviosa desabrochó el
pantalón del sujeto, al que, después se supo, llamaban
“el Toro” , y poniendo el ejemplo a las otras, suspiró
profundo, cerró los ojos y puso la mano en la trusa del
Toro mientras este abría el compás para quedar a gusto y
justo en ese momento se le escuchó de nuevo decir:
• Corre tu tiempo putita, veamos
que tan zorra eres.
Y para sorpresa de Mely, apareció
una verga aún sin erección, grande, unos 18 cm quizá, la
chica, delicadamente y con gran nerviosismo aún, cogió
con dos dedos la punta y lentamente echó para atrás el
cuero, dejando al descubierto la cabeza que poco a poco
iba tomando medidas descomunales, abrió la boca, cerró
los ojos y haciendo fuerza con los labios trató de
abarcarla toda, era enorme, entonces, como queriendo
encontrar la manera de acomodarse mejor y de
hacer tiempo, sacó la lengua y
comenzó a recorrer con ella desde la base hasta la punta
y regresando hasta los testículos, lo que hacía que el
Toro suspirara al tiempo que le decía:
• Sigue así puta, realmente
sabes, es un buen comienzo. Mely no dejaba de ver con
asombro y entre el nerviosismo y el miedo, sintió un
extraño escalofrío que recorrió su cuerpo y que se
concentró entre sus piernas: ¡se estaba excitando con
aquella escena! e increíblemente miraba que su compañera
en esa aventura igual estaba excitándose. Mientras
tanto, la chica que inició ya le había tomado medida a
aquella verga enorme, y ahora la succionaba toda, era
increíble, parecía que se atragantaba, pero al mismo
tiempo gozaba, creo que pensó en vencer a las otras para
no morir y ya que fue primera, estaba poniendo una meta
difícil para las otras dos, mamaba con gran exquisitez,
lo saboreaba y hacía gestos y caricias que envidiaría
cualquier estrella porno.
• Mmm, ahhhh, ricooooo, que bien
sabe tu verga papito mmmm…
La mujer aquella, tal vez en un
principio estaba actuando, pero realmente le tomó sabor
y se fue excitando en demasía. De pronto, nuevamente se
escuchó la voz del Toro:
• ¡Ya putita, ya, vamos a
calificar a tu competencia!, eres buena.
Jalándola de los pelos, retiró a
la primer chica, y le hizo señas a la segunda, que al
igual que la primera, le puso la pistola en la sien
mientras con mirada lujuriosa le señalaba su instrumento
ensalivado por la primer chica. Mirándolo retadoramente,
en silencio, la muchacha se puso de rodillas y como toda
una experta comenzó por estudiar su objeto de trabajo, y
seguramente recordando lo hecho por su anterior rival,
comenzó por acariciar con la lengua y cuando llegaba a
los testículos aprovechaba restregársela contra la cara,
de pronto, sin cambiar de posición, levantó los brazos
para buscar el torso del hombre, acariciándole las
tetillas con la puntita de los dedos, jugando con ellas
mientras sin guía de las manos su boca hacía el espacio
suficiente para recibirlo en su interior, era increíble
como ponía tanta enjundia para lograr satisfacer a aquel
macho, las manos en el pecho de él, acariciando sus
vellos tupidos, las tetillas y daban vuelta para
terminar en la espalda y regresar, se acoplaron como si
tuvieran años de conocerse, el Toro daba unos gemidos
que rompían el silencio de aquel desolado lugar. Mely,
entre tanto, estaba super mojada, y en su interior pedía
la oportunidad que recibiría más tarde, pero de mientras
preparaba el terreno, aquella escena que veía era
realmente cachonda.
Al fin el Toro, dio por terminado
el turno de la segunda muchacha:
• Ya zorrita, eres muy buena
también, veamos si lo mejoras tú, puta, que se ve que
tan bien te gusta mamar, veamos como lo haces. Y
empujando a la chica, le hizo señas a Mely para que se
acercara…
Realmente tenía una misión
difícil, las otras chicas hicieron muy bien el trabajo y
de ella dependía salvar su vida. Se acercó al Toro y se
puso de rodillas mientras con su mirada buscaba los ojos
del hombre, sabía que era poseedora de una belleza sin
igual, y sin duda buscaba intimidarlo un poco, pero se
llevó una sorpresa cuando los ojos negros del toro
penetraron sus ojos verdes, al tiempo que le gritaba:
• Vamos puta, tal vez te otorgue
el premio de venirme en tu boca.
Mely comenzó igual que las otras,
usó los dedos y le recorrió nuevamente el escalofrío
cuando pensó que la saliva que tocaba era de las otras
dos chicas, pero eso la excitó aún más, sintió como
humedecía totalmente su tanga y con decisión abrió su
boca para introducirla en ella, mmm, cada centímetro que
entraba en la boca era delicioso, hizo con sus labios un
anillo que apretaba el perímetro de aquella verga enorme
y con una presión que le daba máximo placer al toro que
se retorcía de placer, insultándola y gritándole lo
buena que ella era para la mamada, al igual que la
segunda.
Mely comenzó a usar las manos,
pero en lugar de recorrer el abdomen y llegar a las
tetillas, las guió a la parte interior de los muslos, en
esas piernas velluda los dedos de mi amiga jugaban
acariciando y transmitiendo toda la calentura que a esta
altura ella tenía, llegaba hasta las nalgas de aquel
hombre y delicadamente comenzó a buscar con el dedo
índice el ano, jugó primero en el canal que separa las
nalgas, abrió con fuerza las nalgas y
al mismo tiempo jugaba con su
ano, después de un rato llevó su dedo hasta la boca y lo
introdujo para ensalivarlo y regresarlo al esfínter de
ese hombre que juraba que nadie le había hecho una
mamada tan rica, de pronto, a Mely la respiración se le
hizo muy intensa tal vez por los nervios, por la
excitación o por aquel trozo de carne entre su boca…
Realmente ella lo comenzó a
disfrutar, y el Toro, ni se diga, bramaba de gusto, se
retorcía de placer, pero imponiendo su autoridad, la
separó y mientras se daba un respiro, miró a las tres
mujeres dispuestas a dar placer a cambio de su vida:
• Vaya trío de putas, son buenas
las tres, necesito otra opinión para definir la
ganadora, están muy parejas.
Mirando a su cómplice, que hasta
ese entonces solo se había dedicado a mirar y se notaba
ya muy excitado al igual que el chofer que en ningún
momento dejó de estar apuntado por la pistola del
cómplice, les dijo:
• Vayan cada una con mi amigo y
le vamos a convidar al conductor, tú –le dijo a Mely-
sigue conmigo, mientras ellas pasan con mi amigo y el
chofer, después intercambiamos y dependiendo de lo que
me digan ellos, sabremos quien es la mejor…ah, pero las
quiero desnudas.