Me llamo Eva y tengo treinta
años. No estoy mal, tengo una vida cómoda, pero por
razones de trabajo - soy profesora- vivo en zonas
rurales y no puedo llevar una vida demasiado
desordenada. La pasión de mi vida es el sexo con señores
mayores, no me importa la edad, siempre que estén sanos,
muy dispuestos, muy discretos y con ganas de gozar sin
límites.
Esto que voy a relatar es una
fantasía que aún no he satisfecho, pero que espero
hacerlo de ahora en adelante. Ojala encuentra aquí
hombres con las mismas ganas que yo, cuando lean este
relato.
Siempre que salgo del trabajo me
tomo una caña en el bar de al lado de mi casa donde hay
muchos señores bastante comunes, pero algunos de ellos
no están nada mal. Noto que me miran, seguramente
cotillearán después cosas sin importancia. Pero uno de
ellos siempre se me acerca y me habla. Tendrá unos
cincuenta y pico más o menos, pero eso da igual, porque
yo quiero follar con hombres mayores: lo tengo
clarísimo.
Me pregunta que si no me aburro
en ese pueblo, que qué hago tan sola, que tendría que
buscarme alguna diversión… y, como el que no quiere la
cosa se va acercando y me toca con disimulo por donde
puede. Me pone tan cachonda que siempre que regreso a
casa no hago nada más que masturbarme pensando en un
polvo con él. Un día comenzamos a hablar y no sé cómo
derivó la conversación sobre las maneras de follar.
- Con alguien como tú no pararía
yo de follar en todo el día. Seguro que a ti no te
asusta lamerle la polla a un hombre, dime ¿a ti te dan
asco las pollas?
Yo, no le contestaba, estábamos
en un sitio público, y aunque no nos oyera nadie,
todavía me daba un poco de cosa. Pero él no estaba
dispuesto a callarse. Seguro que a mí se me notaba en
los ojos que estaba caliente y que me faltaba poco para
caer.
- A ti te la metía yo aquí mismo.
Sentadita encima de mí, en aquel rincón, subiéndote y
bajándote con mis manos, con la polla dentro. Y yo
comiéndome esas tetas. Si te animas, vamos al baño ahora
mismo y lo que me como es ese coñito, que tengo unas
ganas de meterte la lengua, seguro que sabe a gloria.
A punto de correrme me fui al
baño. Cuando salí, pagué y me largué a casa. Y en la
enésima paja de la noche me dije: habiendo polla estás
haciendo el tonto masturbándote sola. Mañana, cuando se
te acerque te lo traes y le pegas un repaso de aúpa. Si
el tío es discreto podéis follar cuando queráis.
Dicho y hecho. A la misma hora
entré en el bar, pero él no estaba. Me tomé una cerveza
y mirando por la ventana vi que estaba en un banco al
lado del bar, en la calle. Me la bebí de un trago y tras
pagar salí caminando hasta donde se encontraba sentado.
Él estaba sólo, menos mal, pero
no me iba acercando y no me decía nada. Yo no sé si
estaba más nerviosa que mojada. Fui acercándome al banco
y lo saludé. Qué cara, se estaba sobando la entrepierna
por encima del pantalón. Y yo, con toda mi cara le dije:
- ¿Usted siempre quiere follar? -
Ya te lo dije ayer, si quieres, me abro la bragueta, me
la saco y nos damos una alegría. - En media hora te
espero en mi casa. Y me fui.
Me di una ducha rápida, me
arreglé y me puse perfume. Poca ropa, de la que se quita
rápido. Apenas estaba lista y ya estaba llamando a la
puerta.
- Madre mía, ¿y qué le digo yo a
éste ahora?
No hizo falta. Hacérselo con
jovencitos, con la cantidad de hombres mayores que hay
con unos pollones y unas ganas de follar que no veas…
Él, mientras tanto me había
desabrochado la blusa y tenía las manos dentro de mi
sujetador negro; yo me saqué las tetas por fuera del
suje y me dispuse a desvestirme:
- Mientras me voy desnudando,
piensa qué es lo que quieres que te haga primero. - Me
da igual, te la voy a meter por todos lados… ¿Te apetece
comérmela para empezar? - Te hubiera comido el rabo en
el bar mi
smo - ¿Delante de todos? -
Delante de todos. A partir de ahora ya no te quejarás
más de follar poco y mal.
Él estaba rojísimo, se le notaba
súper cachondo. Se quitó la camisa deprisa mientras yo
le bajaba los pantalones y los calzoncillos. Ya tenía
sus huevos en la mano, sopesándolos suavemente, mientras
me agachaba despacio, y comencé a lamerle la polla,
primero de arriba hacia abajo, por todos los lados, sin
dejar ninguno sin lamer. Después en círculos, cada vez
más profundo, hasta que tuve todo su rabo en la boca.
- Mmmmm cariño, qué bien me la
comes. Me la vas a comer todos los días, ya no te vas a
librar… sigue comiéndome la polla por favor...
¡Qué gusto! No os imagináis lo
que estaba disfrutando con aquel pollón, mientras seguía
acariciándole los huevos; yo lamía cada vez con más
ganas, apretando los labios y girando la lengua por toda
la verga. Le puse las manos en mi cabeza por detrás para
que hiciera el gesto de follarme por la boca, para que
me acercara la cabeza a su gusto. Su cara era un
espectáculo, miraba su polla entrar y salir de mi boca y
ya casi no podía articular palabras entrecortadas
- Asssssssssí, Asssssssssssssí,
sigue, guapa, sigue, uffff, qué mamada…
Quería que recordase esa mamada
toda su vida. Que mañana, cuando me viera al ir a
trabajar se empalmara sólo acordándose de cómo me
tragaba su polla la tarde anterior. Y eso no era todo lo
que le iba a hacer. A pesar de tener el coño mojadísimo,
quería esperar primero a que se corriera para después
subírmelo encima y que se le volviera a poner dura entre
mis tetas. No le quedaba mucho, así que en unos segundos
comenzó a avisarme
- Me voy cielo, estoy a punto,
trágatelo como una buena chica Oír esa orden me calentó
más. No sólo quería follarme a ese hombre: quería que él
me mandara. No me hizo falta que me lo dijera más,
enseguida comenzaron a salir los chorretones dentro de
mi boca y me los fui comiendo, con mucho placer, la
verdad.
Nos tumbamos en el sillón y
mientras se recuperaba, me metía los dedos en el coño -
ahora te toca a ti, me decía, te voy a hacer una buena
paja, aunque no hace falta que te lubrique, estás a mil
- Estoy mojada casi siempre que te veo, hacer tiempo que
quiero que estemos así, me ponías muy caliente con tus
comentarios. No sé cómo he aguantado tanto. Si me he
hecho un montón de pajas pensando en ti.
El viernes pasado, después de esa
conversación tan larga, cuando fui al baño me masturbé,
deseando que entraras de repente y me la metieras allí
mismo. Y ahora mismo, al oírte siento que me corro de
gusto, dime lo que quieras, quiero hacer todo lo que me
digas, pero sigue metiéndome los dedos, cómeme las
tetas, así, más fuerte, que estoy a punto de correrme,
ahhhhh, sigue follándome, másssss, másssssss, que me
corro, que me estoy cono los dedos sin la verga dentro.
Se bajó y me la puso sólo el
glande a la entrada del coño. Yo no podía más, le
empujaba con mis manos, pero él estaba dispuesto q que
se lo pidiese más. Puso su rabo entre los labios de mi
coño y empezó a moverse despacito,
- Quiero que me la pidas, que la
desees, que tu coño esté siempre deseando comerse esta
pija. - Por favor… fóllame, te prometo que haré lo que
quieras, métela, necesito tu polla dentro - Quiero que
me prometas que mañana, cuando nos encontremos en la
calle, nos iremos al primer rincón que veamos para que
me la chupes y tragarte toda mi leche como lo has hecho
hoy.
Como yo asentía desesperada, me
la metió de golpe y empezó a meterla y a sacarla con
ganas. Qué bien bombeaba este hombre; yo le agarraba del
culo, quería tenerla lo más dentro posible, mientras
movía mi propio culo en círculos. Enseguida sentí que
tenía otro orgasmo. Él también se dio cuenta y empezó a
empujar como un animal, dándome muy fuerte mientras yo
chillaba de gusto. - Más, más, más, más, más.
Sentía las ráfagas del orgasmo
como nunca, hacía tiempo que no me corría así. Él no se
había corrido todavía y yo cada segundo estaba más loca
por ese hombre. Encoñadísima.
- Déjala quieta un rato -le dije-
y empecé a contraer los músculos
de mi vagina alrededor de su rabo
- ahhhhhhh putita mía, que bien lo haces, sigue
apretándome la verga así. Qué bien me estás follando,
que gussssto
Mientras tanto comencé a
acariciarle los huevos con una mano.
- ¿Dónde quieres correrte cariño?
Y antes de contestar me la sacó
de golpe y masturbándose con fuerza encima de mí. Le
quedaban pocas sacudidas. En seguida comenzó a correrse.
Yo me masajeaba las tetas, el cuello y la cara con la
leche que iba saliendo.
Había sido nuestro primer polvo y
no iba a ser el último.