Una cita era lo que me tenia tan
nerviosa, estuve todo el día sin poder tranquilizarme,
era a las 20:30 en el centro de la ciudad, era el chico
del chat, ese con el que tantas veces había hablado de
sueños, fantasías, pasiones, ese con el que me
desahogaba de mis neuras y de otras cosas también,
porque no decirlo.
Eran las 6 de la tarde y ya no
podía con los nervios me senté en el sillón para
intentar leer algo y poder tranquilizarme, una novela un
tanto sensual hizo que mi nerviosismo se transformara en
excitación y sin quererlo, mi mano se paseo por mis
piernas acariciando mi piel camino de mi pubis. Seguía
leyendo cuando ya estaba jugando con mi clítoris, me
apetecía mucho sentir un orgasmo, seguro que eso me
relajaría mucho, así que eso hice, la lectura ya no era
necesaria y deje caer el libro al suelo, ahora mis
pensamientos iban directos a ese hombre con el que tenia
la cita, como serian sus manos? Y su boca? Y su pene? Me
daría tanto placer como imaginé tantas veces?
Mi mente seguía su curso y mis
manos también, eran muchas las ganas que tenia de estar
con él, mis dedos estaban dentro de mi vagina jugando,
entrando y saliendo de mí, húmedos por mis flujos los
saque de allí y los pasé por mi boca chupando y
saboreando mis propios fluidos vaginales, estaba muy
excitada a punto de correrme y fue muy fácil
conseguirlo, mis manos no dejaban de acariciar mi coñito
y mi cabeza no dejaba de pensar en él.
Tumbada en el sofá y casi
dormida, sonó el teléfono, era él, que me decía que iba
de camino.
Tarde..., al final voy a llegar
tarde, una cita tan esperada y llego tarde, me puse de
camino hacia el sitio donde habíamos quedado sin dejar
de pensar en como seria nuestro encuentro, los nervios
volvieron ha aparecer, nunca me había sentido así.
Mis bragas seguían mojadas mis
piernas se juntaban oprimiendo mi clítoris, esa especie
de nerviosismo y excitación me superaba y no podía
disimularlo.
Por fin llego al punto de
encuentro, allí estaba él esperándome, me puse a correr
hacia él, cruzando la calle casi sin mirar, el claxon de
un coche me sobresaltó, él miró hacia mí, y su sonrisa
me lo dijo todo, ya estaba en sus brazos cuando un beso
rozó mi piel.
- No cambiaras, siempre dando el
espectáculo, susurro en mi oído. y al momento un beso
cálido juntó nuestras bocas y nuestras lenguas, después
de ese beso tan esperado por mí, me agarro por la
cintura y me preguntó.
- Dónde quieres que vayamos, a
tomar algo, o prefieres ir a un hotel y pasarlo bien?
Esa propuesta me pareció muy
atrayente, pero no quería parecer ansiosa por estar con
él.
- A un bar a tomar algo y luego
ya veremos. – le dije
Nos pusimos en marcha recorriendo
las calles buscando un sitio adecuado para sentarnos un
rato y tratar el asunto del hotel.
Unos copas de cerveza en la mesa
nos acompañaban ajenas a todo, sus bromas eran el centro
de mi atención y la risa salía de mi boca sin querer,
este hombre era toda una caja de sorpresas, supongo que
intuía que yo estaba intranquila y quería que se
desvaneciera cualquier tipo de duda que pudiera tener.
La chica del bar nos miraba,
éramos dos en una mesa, él y yo, y esa mirada me hacia
volver la mía hacia ella era como si me atrajese sin yo
quererlo. La mirada de esa mujer, me hacia sentirme un
tanto rara, excitada, tengo que confesar que he pensado
varias veces en un encuentro lésbico, pero nunca me he
lanzado, también soñaba con un trío, ¿seria ese el
momento?.
Soñaba despierta cuando mi chico,
me despertó con un comentario,
- Has visto la chica del bar? No
nos quita ojo desde hace rato.
- Si, le contesté, está muy
buena.
esas palabras sorprendieron a
Luis,
- Qué dices? No me digas que
ahora te gustan las mujeres?.
Quién sabe? No puede negar que en
alguna ocasión lo he querido, sentir las manos de una
mujer sobre mi cuerpo, su boca besando y lamiendo mi
piel y poder saborearla yo también.
Como no dejábamos de mirarla, la
chica se nos acerco.
- Queréis algo más?
- Puede. Le contesto Luis.
- Y que queréis?
Mirándome a los ojos me pregunto
a mí.
- Qué queremos?
Tenia ganas de responder, te
queremos a ti, pero mi vergüenza me lo impidió.
Tras unos segundos, Luis le dijo.
- Tráenos unas cervezas y unas
patatas, por favor.
Ella se fue detrás de la barra ha
prepararnos la bebida, mientras yo me fui al servicio.
Estaba muy inquieta y asombrada de mí misma, quería
refrescarme y despejarme, no entendía lo que me estaba
pasando, nunca me había sentido así, qué era lo que me
tenia tan excitada? Seria la cita con Luis? Los nervios
de saber que dentro de poco tendría a ese hombre solo
para mí como tantas veces lo había soñado?
Mientras estaba haciéndome todas
estas preguntas, la puerta se abrió lentamente. Mis
manos mojadas en agua fría en mi nuca, me daban una
sensación de alivio, pero cuando vi entrar a esa chica
en los lavabos nada fue suficiente para que un sudor
frío apareciera por todo mi cuerpo, inmóvil, me quede
mirándola por el espejo, se puso detrás de mí y me dijo
al oído.
- Eres preciosa, así me gustan a
mí las mujeres y quiero tenerte.
- Te escandalizan mis palabras?
- No. - Le conteste como una
tonta.
Tan cerca estaba de mí que podía
oler su perfume, un perfume fresco que me recordaban
otros tiempos en los que yo usaba ese mismo perfume,
tiempos muy felices, tiempos de pasión y lujuria, cuando
era más joven y no tenia tantos miedos.
Miedos que empezaban a surgir
cuando las manos de esa mujer se posaban en mi cintura,
miedos que me hacían volver con las preguntas, porque
seria tan estúpida y no me dejaba llevar? Que tenia que
perder? En todo caso ganar, ganar una experiencia que
nunca había tenido y que tantas veces había pensado como
seria.
Distraída con mis preguntas no me
di cuenta que los botones de mi blusa estaban
desabrochándose uno a uno por las manos de esa mujer.
Que haces?.- Exclamé dándome la
vuelta.
Al hacerlo nuestras bocas se
encontraron, momento que aprovechó para lamer mis
labios, no era un beso no, era lo que he dicho, lamió mi
boca con su lengua, con su dulce y suave lengua. Una
sacudida electrizante, recorrió toda mi espalda y sin
dudar un momento abrí mi boca para que esa lengua suya
entrara en mí y se juntara con la mía, un juego húmedo
empezó a desarrollarse en nuestras bocas, ya no tenía
marcha atrás, mi mente estaba en blanco, por fin pude
alejarme de mis pensamientos, de mis dudas, ahora solo
quería sentir, sentir y hacerme sentir. Nuestras manos
se entrelazaron, nuestros pechos se juntaron, nuestros
muslos se tocaron y nuestras pasiones se desataron.
No me lo podía creer, pero estaba
buscando sus pechos con mis manos, bajo su camiseta
negra se escondían dos maravillosas tetas que me
apresure a tocar con mis dedos, pero solo con las yemas,
lo deseaba pero no me atreví a más. Ella sujetó mis
manos y haciendo que le cogiera sus pechos fuertemente
me dijo.
- No temas y mira como están mis
pezones, están duros y erectos por tu culpa, me pones a
mil, tócame sin miedo y veras como te gustan.
Eso hice y desde luego que me
gustaron, no eran muy grandes, pero las tenia muy bien
puestas, unos pechos preciosos que me llamaban a gritos.
Mi lengua bajó por su cuello
lamiendo y besando cada centímetro, hasta alcanzar uno
de sus pezones, dulce y duro, sumiso ante mis caricias
bucales, con los labios lo besé, con la lengua lo lamí,
incluso un mordisquito le di, estaba fuera de mí,
deseosa y húmeda, muy húmeda.
Mis bragas mojadas eran una
barrera para sus manos, que hábiles intentaban arrancar
de mí, pronto estaban a mis pies como un trapo sin
utilidad alguna y sin ningún reparo las arroje lejos de
nosotras, ya sin obstáculos de por medio sus dedos
jugaron con mi sexo rozando levemente mi clítoris
desatando el deseo de más.
Mi falda volaba, sus manos
acariciaban y su cabeza se fue descendiendo por mi
cuerpo hasta conseguir alcanzar mi pubis ávido de su
boca, cosa que le indiqué apretando su cabeza contra mí.
Su lengua era implacable con mi clítoris, chupando y
lamiendo con avaricia, consiguiendo mis más profundos
gemidos, sonoros, tan sonoros que temí que alguien
pudiera oírlos desde fuera, y así fue. La puerta estaba
entreabierta y una sombra se proyectaba sobre la pared,
tuve miedo y quise distanciarla de mí, pero era inútil,
sus manos aferradas y su boca saboreando mi coño me lo
impidieron.
De pronto la puerta se abrió y
Luis apareció con una sonrisa en los labios y una mano
aferrando su miembro erecto que ya estaba fuera del
pantalón, seguramente llevaba allí escondido un rato
mirando la escena que allí se estaba representando y
como buen espectador respetuoso no quiso interrumpir,
pero dada la situación lo tuvo que hacer.
Luis se acercó a nosotras y
besándome en la boca me comunico con sus labios y su
lengua que estaba completamente decidido a involucrarse
en todo lo que allí estaba pasando.
La chica del bar se levantó con
cara de pocos amigos, parecía que la presencia de él le
molestaba, y yo quise tranquilizarla ofreciéndole una
caricia que fue aceptada con agrado por ella. La
situación se estaba convirtiendo en algo muy excitante
para mí, los tenia a los dos dispuestos a proporcionarme
un momento sin igual.
Las lenguas de los tres se
juntaron llenándonos de saliva y deseo, las manos se
deslizaban por los tres cuerpos sin ningún limite
impuesto, caricias y magreos se juntaban.
La chica del bar ya no estaba
molesta por la presencia de Luis, y se dedicó a seguir
con lo que hacia cuando nos interrumpieron, su único
cometido era explorar con su lengua mi jugosa vulva que
ha estas alturas estaba chorreando de placer.
Las caricias de Luis cubrían todo
mi cuerpo mis pechos eran su lugar favorito, mis pezones
eran retorcidos, pellizcados, sobados, lamidos y
besados, la locura me envolvía y quise corresponderle
cogiendo su miembro con mi mano, un suspiro salió de su
garganta y al oído me dijo.
- Esto es mucho más de lo que me
podía esperar, estoy a punto de correrme no aguanto más.
En cuanto oí sus palabras algo me
hizo reaccionar y sujete la cara de ella que estaba
arrodillada ante mí y la acerque al miembro de Luis,
ella no quería se alejaba de él pero una mirada y un
gesto mío lo consiguieron, saco la lengua y la paseó por
el glande encarnado y duro con algún escrúpulo, pero
pronto casi desapareció en su boca. Sus reparos se
convirtieron en frenesí y entusiasmo tragándose casi por
completo ese miembro rígido y casi a punto de explotar.
La cara de Luis lo decía todo, se
encontraba al borde del éxtasis, su boca y la mía juntas
hasta el momento en que explotó y se separó de mí
arqueando la espalda, eso me dejo ver como se llenaba la
boca de ella con sacudidas de semen,
De pie junto a mí ella me ofrecía
su lengua llena de leche, y ni corta ni perezosa acepte
su regalo, juntas saboreamos ese manjar con deleite.
Llagaba la hora de ser yo la que
actuara, lo quería, lo necesitaba, me desprendí de las
pocas prendas que me acompañaban, una falda negra que
tiré al suelo y un sujetador desabrochado que me
estorbaba, me puse frente a ella y le dije.
- Ven, súbete al mueble del
lavabo ahora quiero probarte yo.
Así lo hizo, y mi cara se puso
entre sus piernas, oliendo, besando y lamiendo su
entrepierna caliente, era la primera vez que me comía un
coño y me estaba encantando, y por la postura que ella
adopto, a ella también. Mi lengua se paseó por sus
labios mayores, buscando su clítoris y encontrándolo
duro y muy receptivo. Con mis dedos abrí la entrada de
su vagina e introduje mi lengua todo lo que pude. Sus
gemidos me decían que lo estaba haciendo bien y me daban
pie a seguir, chupé y lamí con más ímpetu si cabe hasta
que sus piernas se cerraron aprisionando mi cabeza entre
ellas y un sonoro gemido me confesó un orgasmo
impetuoso, casi violento, gritos y espasmos la sacudían,
y yo me sentía muy excita de verla, tanto que no me di
ni cuenta que Luis estaba detrás de mí exhibiendo su
mástil erguido otra vez, y a punto de embestirme por
detrás, su glande acariciaba mi ano y la entrada de mi
vagina y con un pequeño empujón se introdujo dentro de
ella, ummmmm, que delicia recibir y sentir su carne
caliente dentro, una embestida y otra mas y después
otra, sus movimientos se hacían rítmicos, acompasados,
acompañados por gemidos y frases que me daban ha
entender que el orgasmo se precipitaba, los mensajes
eran claros, y yo ya no podía mas tampoco, nos corrimos
juntos entre gemidos y espasmos mutuos llenándome por
dentro de su leche, allí quedamos reposando, yo sobre
las piernas de la chica del bar y él sobre mi espalda...