Cuando la conocí en aquella
fiesta, quedé helado. Con ese vestidito blanco y tan
corto, pegado al cuerpo, muy pegado… dejaba ver su
figura adolescente desnuda, esa cintura fina, unas tetas
comprimidas deliciosas y un culo fatal, monumental,
impresionante… una manzanita perfecta para el bocado
prohibido. El cabello oscuro le caía un poco más abajo
de los hombros, y al darse vuelta, pude ver sus ojos
celestes, su nariz pequeña, sus labios carnosos y
provocativos. Fue instantáneo, ella se quedó mirándome y
me sonrió, aunque todavía no me conocía. Yo no sabía que
hacer, bajé un poco la vista pero ya era tarde. Caminó
hacia mí y me saludó, como si me conociese de toda la
vida.
-Hola.
-Hola. -le respondí, medio duro.
En realidad, tenía algo más duro que la lengua en ese
momento, pero recién estaba comenzando a despertarse.
-Linda fiesta. Pero hace mucho
calor. Voy a servirme un trago.
La muñeca parecía estar rompiendo
el hielo, y también, semejante trasatlántico… con ese
culo debería romper hasta el iceberg que hundió al
Titanic. Ella había aprovechado la ocasión para
acercarse a la gran mesa que estaba inmediatamente a mis
espaldas, donde estaban las bebidas y el ponche. Por
suerte, reaccioné enseguida sirviéndole un poco de jugo
de frutas, al mismo tiempo que me sentí aliviado porque
no me gustaba mucho que una mujer me encare de esta
forma, aunque en el fondo, uno siempre lo desea.
-Gracias. -me dijo… y me regaló
una lindísima sonrisa con sus ojos celestes clavándolos
en los míos y sosteniendo esa mirada en los míos.
Yo pensé que se me estaba
ofreciendo, pero estaba todavía nervioso. Viéndola desde
un poco más arriba, ya que ella me llega a los hombros,
podía ver sus pechos agitados y yo no podía hacer nada.
Un espanto. Nuevamente fui afortunado cuando alguien se
acercó, la saludó y ella se dio vuelta para charlar
brevemente con esta persona. Ahí pude contemplar su culo
magnífico. El vestido blanco no podía ocultar esa
diminuta tanga de color blanco que se le metía en los
más recóndito de la raya que separa las dos mitades de
su trasero. Imaginé por un instante que la tomaba de la
cintura con mis dos manos y arremetía dentro de esas
carnes tan suaves y calientes… un segundo después volvía
a la realidad, ya que ella se dio vuelta y me dijo.
-Por fin se fue… un pesado. Le
dije que me estabas acompañando… espero que no te
moleste.
-Para nada… al contrario. Pero no
sé ni cual es tu nombre.
Se rió con una leve carcajada.
-María Belén, mucho gusto.
Seguimos hablando y a medida que
lo hacíamos, íbamos entrando en más confianza, hasta me
animé a sacarla a bailar un rato. Era una mujer - niña,
apenas tenía 20 años, pero con un lomo infernal. Y era
más que simpática, a pesar que yo ya había pasado los
30. Quizás demasiado simpática. Estuvimos toda la noche,
casi hasta al amanecer. Quedamos en vernos, así que me
escribió su número de teléfono en la palma de mi mano y
yo hice lo mismo con mi teléfono en su mano. Me abrazó,
me estampó un beso muy ruidoso en la mejilla y me
agradeció por haber pasado con ella una noche muy
bonita.
Los días pasaron, ya era jueves,
y yo aún tenía en mi mente ese culo infernal. Pero
también esa sonrisa perfecta, esa mirada celestial… de
solo pensarlo, venía una linda erección. Pensé en
llamarla, pero como buen torpe, había olvidado de anotar
el número de teléfono y claro, ya no figuraba en la
palma de mi mano. Si al menos me hubiese hecho una buena
paja…
Me puse a pensar que la poseía
por detrás en forma salvaje… y no pude más. Me puse en
bolas y me fui a la cama… boca abajo, contra el colchón,
arremetiendo. Y me imaginaba a la loca gritando a más no
poder, pidiéndome que le rompa el ojete como nunca nadie
se lo había roto antes… y empecé a sentir como ven&iacu
te;a un orgasmo intenso, hacía
tanto que no me hacía una paja tan deliciosa, venía,
venía, era incontrolable cuando…. suena el teléfono.
Paré un poco, me incorporé, y
tomé el tubo del teléfono de la mesita de luz. Miré mi
pija con la punta gorda, lubricada, terriblemente
enrojecida… cuando escuché la voz de Belén del otro
lado, se me puso más dura. Empecé a manosearla
lentamente…
-Be…lén…
Ella se puso a hablar con su
risita contagiosa, y yo estaba excitado y suspiraba a
más no poder, mientras me masturbaba terriblemente… era
incontrolable.
-¿Que pasa que te noto agitado?
¿Tuviste que correr para levantar el teléfono? ¿Estabas
ocupado? -Noooo… Belén… estaba pensando en vos… Toda la
semana estuve pensando en vos…
-Ji ji ji…
-¿Como estás vestida, Belén?
-¿Qué? -¿Que como estás vestida… contame.
Se quedó un poco muda. No sé si
estaba adivinando mis intenciones o suponía lo que
estaba pasando. Ella era muy chica, o yo quizás para
ella era un hombre muy grande.
-¿Belén? -Ah, hola… si… no… me
quedé sorprendida. ¿Estás bien? -Siiiii…. mmuy bien… Te
extrañé mucho….
-Yo también… Me estaba duchando y
me acordaba de vos.
Cuando dijo esto, me la imaginé
desnuda, bajo la ducha, mientras yo la levantaba contra
los azulejos y me la montaba encima, mordiéndole esas
tetitas tan deliciosas y haciéndola subir y bajar por mi
palo enjabonado, con ese culo perfecto resbalando por
los azulejos transpirados. Mi pija se puso enhiesta y la
mano que la agarraba, ya empezaba a babearse con el
flujo preseminal que era abundante y la misma
transpiración de mi cuerpo.
-Me quedé con la imagen de tu
lindo vestido de fiesta… me estaba acordando de vos…
-Es que ahora ya no lo tengo… me
estaba duchando… apenas tengo una toalla envolviéndome.
Fue un segundo y volver a
imaginarme a esa perra desnuda, caliente, bien puta. Una
nena virgen a la que ya quería poseer y desvirgar por
todos lados. Por la boca, por la concha, por el culo…
entre las tetas, en la raya del culo, cabalgarla por la
concha y el culo, meterle un consolador por un lado
mientras me la hacía por el otro… no podía más. Ya me
estaba viniendo.
-Uffff…. me estaba por duchar
también…
-Que momento… ji ji ji
Y exploté, y la leche saltó en
grandes chorros, y suspiré y me quedé tendido en la
cama, mientras escuchaba la respiración de Belén del
otro lado.
-¿Estás bien? -Ya tengo el
shampoo en la mano… -le dije maliciosamente.
-Ay, que yo me imagino cosas.
-¿Que te imaginas?
Fui demasiado rápido. Mi pene
empezaba a ponerse flácido, lleno de esperma, mientras
mi mano sucia de leche de hombre lo seguía manoseando.
Pero Belén fue demasiado más
allá.
-Te imagino desnudo.
La pistola empezó a ponerse dura
de nuevo. Yo estaba a mil. Y me parecía que la
respiración de Belén empezaba a agitarse levemente…
aunque parecía disimularlo.
-Estoy desnudo, Belén.
Solo se sintió un jadeo.
-Te llamo más tarde.
-No, no, no… esperá…. es que
quería llamarte… y no encontraba tu número de teléfono…
esperá… por favor…
-Pero estás desnudo.
-No te preocupes… no me ves…
-¿No preferís bañarte primero?
-Después… quiero hablarte primero.
-Disculpame.
-Noooo… está bien. No podía dejar
de pensar en vos. Y no tenía tu número de teléfono.
-Yo también estuve pensando en
vos toda la semana. ¿No te gustaría que nos veamos
mañana viernes? -Me encantaría.
-Bueno. Pasa por mi casa el
viernes a las once de la noche. Mis padres se irán de
viaje todo el fin de semana. Puedo cocinarte algo rico…
y si te gustó el vestidito, puedo ponérmelo otra vez.
-Nooo… no es necesario… me
encantaría pasar el viernes… ¿me das la dirección? -Tomá
nota.
Y después de arreglar la cita,
tuve que tomarme una ducha refrescante. El chorizo
seguía duro como un garrote y no quería bajar aunque
pensaba en otra cosa.
-Preparate, Belén, porque el
viernes te rompo el culo como nadie te lo rompió ni lo
romperá jamás… -me dije para mi mismo.
Y así llegó el viernes.