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HERMANAS
 
Los vestidos estaban listos, los zapatos de tacón alto y el
perfume de mamá también, Celia ve a su hermana y se ve así misma, con la sonrisa
dibujada de oreja a oreja, con la mirada extasiada y el hoyuelo en la mejilla
derecha, heredado de su madre, que también la luce, viendo a sus hijas tan
felices y con solo una toalla encima, esperando su aprobación para vestirse para
el quizá día más importante de sus vidas, el día en el que recibirían como
primera y única vez, el listón de graduadas de preparatoria. Hoy cambiaria todo,
hoy dejarían de ser absolutamente dependientes, hoy saldrían al mundo como
adultas, como tantas veces soñaron, como tantas veces alucinaron frente al
espejo viejo de su cuarto y cuando se decían "Ya no espero para estar en la
universidad, conocer gente mayor que nosotras y también bueno, ya sabes... más
experimentada".


Doña Carolina acaba el ultimo trazo que faltaba en el vestido
rosa de Raquel y feliz las mira. "Ya es hora hija, vístanse" les dice mientras
recoge el hilo de la maquina, y aspira por tercera vez su cigarrillo de menta.
Ellas no esperan más, de inmediato dejan caer sus toallas y desnudas buscan ropa
interior, miles de murmullos entonces se escuchan, Celia afirmaba que el tanga
rosa en este caso es lo más apropiado "no marca hermanita, además es cómoda",
Rebeca no sabe si sea lo correcto "Hija y si un viento nos pesca quedamos casi
en pelotas", su madre las ve discutir tan amigablemente, tan unidas, tan
distintas a la vez, pero con la tolerancia indicada, se siente orgullosa. "Toda
la vida serán más que hermanas, amigas" se dice así misma.


Raquel y Celia nacieron el mismo día, pero no de la misma
madre, me he olvidado de mencionar ese pequeño gran detalle, ambas se dicen
hermanas e hijas de Doña Carolina, pero en realidad... ninguna lo es, Doña
Carolina es estéril, se enteró cuando soñaba y soñaba con un par de gemelas en
brazos, y fue muy doloroso entonces, lloro meses y mentalmente hasta años, Don
Sergio no toleraba ver a su mujer así, sentía que su vida se iba entre lagrimas
y veía con impotencia a sus amigos cuando tenían hijos, uno tras uno. Fue cuando
pensó en adoptar, consulto con su esposa y luego de pensarlo bien, decidieron ir
al orfanato; no tuvieron problemas entonces , eran una pareja de clase alta que
además asimilaba virtudes y valores. En primer momento sólo quisieron un bebe,
de preferencia mujer, pero luego de meditarlo bien y ya con un poco más de
impedimentos adoptaron una más. Al principio eran muy iguales, parecían gemelas,
pero el tiempo las hizo disímiles, Raquel era más blanca, con cabellos rubios, y
ojos claros, con una sonrisa encantadora y unos cachetitos lindos de peñiscar,
Celia en cambio llevaba los cabellos oscuros de la "madre", con ojos cafés
hermosos y un color de tez llamativo y armonioso con su cabello, un poco menos
blanca que su hermana, ambas lindas, ninguna superior, pero eso sí, distintas,
al momento y luego, cuando sus personalidades cambiaron, cuando Celia era más
liberal, cuando cambiaba el té con los padres por las fiestas y a Moliére por el
chico de la tienda de la esquina.


Raquel, en cambio, siempre había sido pegada a su madre,
siempre la ayudaba en las labores y siempre había quedado en un puesto de merito
en la escuela, y hoy le tocaba dar el discurso de bienvenida, y eso la tenia más
preocupada, lo repetía mentalmente a cada instante, mirando el cuerpo desnudo de
su hermana que se probaba los interiores de ella e incluso los de su hermana,
esperando el indicado dijo ella - El indicado para qué- preguntó Raquel, su
madre se unió a la pregunta, Celia solo sonrió.

Raquel seguía viendo a su hermana, la consideraba más hermosa
que ella, con pechos bien formados y cuerpo bien trabajado en el gimnasio que
cada mañana acudía, además, su piel se veía más cuidada y suave, como sus
pechos, brillosos, con pezones rosas adornándolos, como su vientre, tan plano y
tan bien estructurado, sirviendo de apoyo a la mata oscura y bien depilada,
pequeños vellos adornando la vagina, esperando el tanga sin el temor de
sobresalir por el, pues bien preparados están, miles de infinidades de trajes de
baños pequeños y más pequeños han pasado y con ninguno han traicionado a Celia,
que sonreía pues... hoy Rodrigo la haría sentirse por primera vez mujer, eso le
gustaba, eso le hacia sentir tiernos escalofríos.


Raquel se avergonzó cuando su hermana, un poco cansada de sus
miradas volteó sin decir más, sintió como si la hubiera acosado con la vista,
pero no pudo entonces evitar ver su pequeño y lindo trasero, tan redondo y rosa,
quedo helada cuando su hermana se agacho un poco para ponerse el finalmente
escogido tanga blanco, y cuando pudo ver lo más intrínseco de la humanidad de
esta.

- Raquel ya, apúrate que ya vienen los chicos- dijo la madre,
con semblante algo cambiado luego de ver el rostro de su hija ante el hecho.

Sí mamá- respondió Raquel, pasando al lado de su hermana,
en busca del primer interior que encuentre.


Y fue cuando Celia volteó a ver a su hermana, con senos
pequeños pero raramente hermosos, tiernos, llamativamente lindos, con pezones
naranjas y puntiagudos, quizá por el frío, quizá por la excitación de ver a su
hermana desnuda, la siguió viendo, no tenia curvas pronunciadas, pero eso sí,
sin ningún rollo encima, una mujer normal, que no hace ejercicios pero si se
cuida en lo alimenticio, con una mata rubia y sin depilar en la entrepierna, tan
rustica a veces, mostrando la inocencia de ella en estas índoles, Celia la vio
de nuevo, y recordó a las antiguas diosas representadas en su libro de historia
helénica, con la inocencia requerida, con un trasero redondo también y según su
criterio, más lindo, que inclusive, los de ella. Fue un vistazo rápido, casi
invisible, Raquel se puso el braga rosa y ambas terminaron de vestirse.

En la puerta ya estaban Esteban y Rodrigo, chicos de la misma
preparatoria y parejas de las hermosas hijas de Doña Carolina, más que parejas,
acompañantes, un simple formalismo, pues dentro todos bailarían con todos,
aunque claro... siempre sentándose en la misma mesa con sus acompañantes,
siempre saliendo en fotos al lado de él, pero sin siquiera sonreírle a la cara,
al menos en el caso de Raquel, que muy fuera de haber aceptado a Esteban como
acompañante, no le gustaba en nada, lo veía fofo, aburrido, simplón, no veía en
él nada que le atrajera ni física ni mentalmente, sólo un chico que apenas sabe
fumar para presumir ante sus amigos. Pero... lo raro en ella era que veía
exactamente igual a todos los chicos de su edad, e inclusive mayores, no se
había enamorado aún, y la verdad, según ella, era difícil que en algún momento
lo haga.

El caso de Celia era distinto, luego de haber probado con una
cantidad significante de su escuela y alrededores, veía a Rodrigo como el chico
indicado para llevarla al baile, veía en él, espontaneidad, soltura,
inteligencia, alegría, además que le había prometido a él y solo a él, que esa
noche, después del baile, se entregaría totalmente.

Salieron en el auto de Rodrigo, un coche de finales de los
ochenta, con lunas polarizadas ilegalmente y un sticker de los Guns en la parte
trasera, llamativos como la corbata que lucia orgulloso, con estampado de una
guitarra y sangre cayendo de ella. Raquel no pudo evitar reír, lo hizo tan
escandalosamente que Celia le peñiscó una pierna para que se callara, así lo
hizo y no pudo evitar ver como la veía Esteban, y no pudo evitar poner cara de
incomoda.

Rodrigo estacionó el coche, vio por ultima vez en el carro a
Celia y apagó la radio que minutos antes hacia sonar una balada de los Beatles,
indicada para comenzar una noche que no olvidarían, Raquel incluida.

Ya fuera del auto, Rodrigo fue en busca de Celia, esta lo
recibió con un glorioso beso en los labios y abrazados ingresaron al auditorio.
Entonces Esteban, un poco indeciso, tomo la mano de Raquel, esta suspiró un poco
y acepto el gesto, caminando con él por la alfombra que los llevaba al baile. La
bienvenida fue distinta, mientras una buena cantidad de chicas y chicos se
acercaron hacia donde Celia, sólo Mariana, única y gran amiga de Raquel, lo hizo
con ella, la escena era penosa, las hermanas se dividieron por primera vez en la
noche, con los populares y la no tanto, con las miles de risas y choques de
copas de champagne con el vaso de ponche que había salvado de milagro Mariana,
Esteban lucia aburrido, en realidad había invitado a Raquel porque sólo la
conocía de vista, y vio en ella una chica linda, pero de haber sabido como
era....


A ritmo de los Back street comenzó la fiesta, una canción
pop-romántica la abría, luego vino una más movida del mismo grupo y luego una
electrónica, Celia lucia feliz, con su gran amado Rodrigo y miles de copas
pasando por sus labios, en algún momento, ambos olvidaron en lo que habían
quedado, sólo pensaban en disfrutar esta ultima fiesta pre- universidad, tomando
cuanto licor encontraran y luciendo ebrios, y a la hora, totalmente
descontrolados, con Rodrigo peleándose con cuanto chico le haya caído mal en su
etapa de estudiante, llorando con sus amigos y recordando con dolor ebrio cada
instante memorioso , como la vez que conoció a Celia en la clase de historia,
como cuando ganó junto a su equipo de basket el campeonato nacional, en fin...

Celia bailaba y bailaba, con cada chico que se lo pidiese,
con cada pieza que tocara el DJ, llegó el momento en el que no tenia control de
nada, bailaba como se le apeteciese y hasta en algunas ocasiones mostró el tanga
blanco, causando vergüenza ajena en su hermana, que dejo la abulia de su meza, y
fue en busca de ella; la cargo, la llevo al patio, la recostó en un casillero,
vio como sonreía con una mancha roja en los labios, se acercó a limpiarla, pero
algo inesperado sucedió... Celia totalmente inconsciente pensó ver a Rodrigo y
la beso profundamente, Raquel sintió los labios de su hermana recorrer su boca y
su mano derecha jugar con su trasero, le gustó, también la beso, junto más sus
labios con lo de ella, y sintió por primera vez lo que era un beso profundo,
sintió lo resbaloso del asunto, sintió la experiencia magnifica del chocar de
dos labios netamente atraídos... o no?, demonios para ella, demonios para su
hermana, Celia reaccionó , Celia miró con cara de espanto a su hermana mientras
esta jugaba con sus labios, y fue cuando Raquel pareció entender todo , y fue
cuando la miró y corrió.


Jueves 10 de marzo del 2005

Raquel estaba de visita en la ciudad, unos años antes había
desertado presentarse a la universidad de su país para estudiar Literatura en La
Sorbona, en sus pocos años de escritora había publicado un par de libros en
París, y aunque levemente, había ganado un poco de popularidad entre escritores
latinoamericanos, que veían en ella un buen proyecto, con influencias fuertes de
Virginia Wolf y Julio Cortázar... pero por el momento, y luego de enterarse unos
años atrás de la adopción, con un sabor agridulce para ser sincero, decidió
visitar a su hermana( luego del beso no se hablaron y luego viajo)

Ella vivía en una calle acomodada del centro de la ciudad,
ejercía de relacionista publica en un banco capitalino, luego de la preparatoria
había tomado conciencia y termino en el cuadro de honores de la universidad, su
vida cambió entonces, las mejores empresas se peleaban por sus servicios y
lógicamente terminó en la que le ofrecía más dinero, Rodrigo había quedado en el
pasado, se enteró que le era infiel y lo dejó, no supo más de él, salvo que
salió en busca del sueño americano, y de ahí nada. Ahora sale con un compañero
de trabajo de nombre Marcel, y pues... si todo sale bien, piensa casarse con él.
Ella también sabía de la adopción, aunque en su caso lo tomo más dramáticamente,
el beso ya había quedado atrás, creyó entender que su aun hermana estaba ebria
al igual que ella, y pues... eso explica todo.

La mañana era fría, Raquel caminaba, abrigo en pecho, por la
calle de La Armadura, cambiada totalmente, inimaginablemente llena de edificios
y fabricas, ¡En tan poco tiempo, Dios! Pensó, e inevitablemente lo relaciono con
su madre, cuando las llevaba a un parque en el que hoy es un centro comercial,
pobre, nunca llegó a ver a sus hijas profesionales, murió de un paro cardiaco
una tarde en la que las nubes cubrían la ciudad.

Tocó el intercomunicador un par de veces, sintiendo el aire
frío en la cara, deseando tener más abrigo y una taza de café al lado, estuvo
así unos instantes, mostrando el rostro al intercomunicador y esperando que la
viera Celia, que se acordará de su hermana, a la que por ultima vez había visto
el día del entierro de su madre, el día en el que se saludaron con un frío hola
y se despidieron con un ligero adiós, tan separadas entonces, aún meditabundas
por el beso.

Pero ahora era distinto, luego de que papá Sergio les contó
sobre la adopción, se unieron más que nunca, comenzando por Celia, que apurada
llamó a su hermana y entre lloriqueos, le prometió que nunca volverían a
distanciar, al menos mentalmente, y que seguirían siendo hermanas y que cuando
quiera su departamento estaría a su disposición y que cuando necesite, su mano
estará siempre al alcancé, y que cuando tenga sed, su poso siempre estará
abierto.

Eso ya hacía dos años, Raquel esperó terminar la carrera para
regresar a su tan querida ciudad, dejada tiempo atrás y siempre extrañada, con
aires coloquiales y casas virreinales, linda ciudad, acogedora, paraíso de
inmundicia y liberalismo, pero con la suficiente familiaridad como para dejarla
de lado, con los deliciosos pisco sour y las siempre rápidas líneas de ómnibus,
ciudad extraña a veces, con playas hermosas y clima nublado.

Hermana- Gritó Celia, abrazando fuertemente a Raquel- cuánto
tiempo Dios

No me apachurres hija, que me desparramas- exclamo Raquel
sonriendo, Celia la miró con la típica sonrisa de niña malcriada, la misma de
años atrás, subieron.

El departamento era lindo y acogedor, con cocina amplia y un
sillón muy cómodo en la sala. Raquel se sintió como en casa, preguntó donde
quedaba el café y preparó para las dos.


¿Y papá? ¿sigue de viaje?- Preguntó mientras se sentaba
al lado de su hermana y le alcanzaba su taza.

Sí, ahora debe de andar por Nápoles, pensó en visitarte
pero le dije que estabas aquí, no sabes cuantas mierdas soltó- Respondió
Celia mientras echaba una cuchara pequeña de azúcar a su taza.

Jajaja... pobre, pero bueno...quería venir a verte, luego
tendré tiempo de hacerlo con él- Dijo Raquel




Hablaron un poco más, hasta que Raquel notó la impaciencia de
Celia, que constantemente miraba de reojo el reloj de madera de la sala,
entonces le dijo que vaya a lo que tenga que hacer, que ella estará bien,
esperándola quizá. Celia entonces recogió las tazas y las puso en el fregadero,
contenta guardo el celular en la cartera y salió del departamento, no sin antes
decirle el clásico "estas como en casa".

Raquel se levanto del sofá entonces, y vio con detenimiento
el cielo, de a poco aclarándose, merodeó un poco por la casa, caminando por el
cuarto de su hermana, y atreviéndose a entrar, era de color rosa con alfombra
oscura, llena de ropas finas y elegantes: Versaces, Armanis y Guccis, Carolinas
Herreras y Hugos, entre tantos. No pudo evitar ponerse algunos, se deshizo de
sus ropas por un momento, y con el cuerpo desnudo se probó los modelos de su
hermana, le quedaban bien, en especial el Armani Beige, estuvo con el un buen
tiempo, viéndose en el espejo y mirándose algo ególatra, escondiendo de en
cuando el estomago y formando con las manos sus pechos, se sentía bien, por un
momento se sintió su hermana, elegante, sofisticada, superficial, se imaginaba
dueña de una gran empresa transnacional y con influencias fuertes en todo el
mundo, luego reaccionó, era contra todo lo que luchaba, sonrió entonces, un poco
avergonzada también, sus libros repelían ese tipo de sociedad y ella soñaba con
pertenecer a esta, ella...se quitó el vestido rápidamente.

Quedó desnuda, miró su cuerpo en el espejo, cambiado
radicalmente a comparación de años atrás, con trasero bien pronunciado y pechos
erguidos, yéndose al extremo en relación a su coño, que inversamente al de años
atrás, no lucia un solo vello púbico, completamente depilado, suave, tierno,
brilloso, resbaloso, se lo tocó un par de veces, lo apretó con fuerzas, sintió
descargar en el de mil amperios, sintió a su cuerpo vibrar en su eje, cayo en la
cama, y... se lo tocó por ultima vez.

Siguió caminando por la casa, aun desnuda, sintiendo
excitación por exponer su cuerpo en ventanas transparentes y algunas veces,
abiertas, dejando entrar el frío y dejarlo pasar por su cuerpo, que le respondía
con sus puntiagudos senos, siguió caminando, encontró el baño, dejó caer agua
caliente en la tina, entró de a poco en esta, sintió una agradable sensación,
enjabono un poco su cuerpo, comenzando por los dedos del pie, luego los
tobillos, la rodilla, los muslos, masajeando bien estos, siguiendo por el coño,
sobando bien su lampiñes, terminó, cerró los ojos y pensó en dormir, y... era
difícil así lograrlo, con el agua de en cuando cayéndole al rostro e incomodando
su sueño, tomo por levantarse y correr hacia su maleta, sacar un polo lo
suficientemente largo para recostarse en la cama de su hermana, y... ahí dormir
placenteramente.

Celia había salido de compras después del trabajo y llegó con
una bolsa del market, con las mismas chucherías que comían de pequeñas, con los
chocolates y la crema batida, un café tal vez, una cajetilla de cigarros de
todas maneras, entró al departamento y busco a su hermana, primero en la cocina,
luego en la sala, vio también al baño, "Pobre, de seguro llegó cansada" pensó
yendo a su cuarto, y la encontró ahí, tendida angelicalmente en su cama, con sus
mejillas rosas de toda la vida, y ese aura de paz que siempre le atribuyeron,
tiernamente abrazada de la almohada, besándola quizá, con una, para esta
ocasión, pequeña ropa encima, que mostraban parte de su hermoso trasero desnudo
al estar de espaldas, Celia no pudo evitar ver, era un trasero atrayente,
hermoso, un poco abierto también, no sabía que hacer, si levantarla y decirle
que se ponga interiores o dejarla así, "total, ya esta grandecita la niña y
hasta tiene carrera intelectualona", nunca supo por qué pero siempre el cargo de
hermana mayor se le atribuyó a ella, desde pequeñas y a pesar de su rebeldía,
siempre parecía la hermana mayor, la que tomaba las decisiones y la que daba la
cara, y ahora.... ahora no le podía decir nada, la dejo durmiendo y se fue a
hacer la comida.

A la hora se levanto Raquel, estirando un poco los brazos y
sintiendo la gratísima sensación de satisfacción, había dormido muy bien en la
cama de Celia, y veía ahora como ella hacia el lonche, caminó hacia la cocina y
abrió un par de panes, cortó el jamón y lo sirvió en ellos, ante la atenta
mirada de su hermana que aun no olvidaba el incidente, pero que trataba de
mostrar calma, sonriéndole y cargando un poco más el café.

Se miraron toda la noche las caras, cambiadas y no tanto, y
sonrieron, con las bromas solapadas de Raquel, y las carcajadas escandalosas de
Celia, sintiendo unirse de nuevo después de tiempo, sintiendo volver a ser niñas
y practicar la siempre mentada tolerancia de su madre, gran gestor de sus
personalidades, de su manera de ver el mundo, quizá de distintos puntos y
circunstancias pero con la armonía necesaria para conjugarse, los ojos de Celia
brillaban, miraba a su hermana, y veía a una triunfadora, una chica alegre de lo
que hacía y comentando sobre escritores como quien habla de dioses; muy distinta
a ella, que aún no había logrado la alegría plena en lo laboral, que aun
refunfuñaba una mañana de lunes, pero se le quitara, al menos, eso espera...

Luego de charlar durante horas y ver un programa de
televisión, y ya con sueño, decidieron acostarse, dormirían en la misma cama
hasta que puedan conseguir otra, y ninguna se opuso a eso. Llegaron a la
recamara y Raquel se tiro cual niña en la cama, había dormido toda la tarde pero
ni lo notaba, el viaje había sido duro, lleno de escalas y revisiones técnicas.
Seguía hablando con Celia, siempre complementadas con los comentarios de su
madre que de en cuando una recordaba. Celia, al ver que Raquel ya estaba dentro
y sin ninguna inclinación a salir, empezó a desvestirse mientras seguía
charlando, primero fueron los zapatos tacón alto, luego el saco y después la
falda, con un poco de vergüenza se quito el corpiño y mostró sus pechos, un poco
más grandes que la ultima vez, pero con el mismo color rosa y las mismas
aureolas puntiagudas y pitonisas, pensó entonces quitarse el braga, pero después
desistió, el ver como su hermana miraba de disimulo la asustó, se puso el pijama
encima y entró a la cama con ella.



La noche la pasaron chocando sus cuerpos, abrazándose a
veces, dándose la espalda otras tantas, sintiendo sus cuerpos calientes en la
helada noche, abrigándose ante la odiada nevisca, sirviendo sus alientos de
calefacción y sus cortos pijamas que de nada servían, quizá imprevistos, quizá
se guiaron del cálido anochecer.

Al amanecer, cuando el sol entraba de a pocos en la
habitación y caía también de a pocos en el rostro de Raquel, Celia se levantó de
la cama, de a pocos, tratando de no despertar a su hermana; se quitó el pijama y
el braga, se puso una toalla encima y entró a la ducha.

Raquel se levantó a los minutos, un poco ida, un poco más,
caminó descalza por la alfombra del cuarto y luego la mayólica del patio, iba en
dirección del baño, sabía que Celia lo usaba, pero no veía nada de malo, tocó
una vez la puerta y luego entró sin más, Celia quedo helada, Raquel recostaba su
trasero en el inodoro y la miraba, como quien mira una pared, conversando con
ella y sonriéndole de en cuando, viendo su ya no tan depilada entrepierna y sin
ningún gesto de incomodes, como su hermana, que no sabia que demonios hacer, que
no esperaba la hora en que Raquel se vaya, finalmente lo hizo, jalo la palanca y
con la mitad del trasero al aire fue al cuarto.

A los minutos la sensación fue en inversa, mientras Celia
había olvidado todo, e incluso llamó a Raquel a tomar el desayuno, esta no
pensaba en nada más que en el cuerpo desnudo de Celia, en la vellosidad del
entrepierna, no tanto como los de ella en la adolescencia, pero si mucho más que
cuando los vio mientras se cambiaban para la fiesta de graduación, pensó en sus
senos, en su delicioso trasero, estaba excitada, y no podía evitarlo.


Buenos días- dijo Raquel sentándose en la mesa

¿Cómo has amanecido?- Preguntó sonriente Celia

Bien... ya amoldada a los cambios de clima de mi linda
ciudad- Respondió Raquel sirviéndose una tajada de pan

Jajaja... oye, te quería decir que hoy en la tarde viene
Marcel- Señaló Celia

¿Marcel?- Preguntó sorprendida Raquel

Ah! Me olvide de hablarte de él... él es.. bueno... esta
saliendo conmigo- Indicó Celia

Ah ok- Dijo, a secas, Raquel.




Esta situación me esta matando, realmente no sé que sentir,
creo que desde pequeña he sentido una ligera atracción hacia Celia, y hoy,
después de tanto tiempo, creo que la atracción se va ensanchando, y luego de
enterarme que no somos hermanas, más aun, fue una sensación agridulce debo
decir, sentí que pues sí, que sí se podía, pero... no sé, es difícil sentir lo
que siento, es difícil saber si ella también siente lo mismo o simplemente un
cariño de hermana, que ahora no lo es tanto. Estas ultimas incidencias entre
nosotras me han estado matando, en la mañana la vi desnuda y demonios!!! fue lo
más hermoso que han visto mis ojos, sus ojos deslizándose de vergüenza,
hermosamente tímidos, su voz lánguida ante el hecho, sus erguidos pechos y
poblada entrepierna, su manera de abrazarme, de besarme, pero... la confusión se
apodera de mí, y creo que es por insistencia mía, pues ella no siente nada, al
final ella no siente nada, carajo!!



Esta situación me aterra, por momentos siento que Raquel...
no, no puede ser, ella no puede pensar que ... seria tonto además, ja, de seguro
que todo esto es una confusión de mi estúpida mente, cómo puedo creer que mi
hermana sienta algo por mí, carajo, es mi hermana, yo la quiero mucho, es casi
un ídolo para mí, no sé, veo en ella a una chica que lucho por lo que quiso y lo
consiguió, que dejo la carrera de economía por la de literatura, y en nada menos
que la Sorbona, codeándose con los futuros escritores vanguardistas, refutando a
profesores de renombre e inspirándose en el mismo lugar donde Cortázar y el gran
Bryce lo hicieron. Es una buena chica, aunque a veces, rara, cómo se le pudo
ocurrir entrar al baño mientras me duchaba, y como se le pudo ocurrir ver de tan
cerca y con tan soltura mi entrepierna, que bueno, somos mujeres ambas, pero sus
miradas parecían guardar algo extraño, un cierto sentimiento que espero sea
fraternal, pero no sé...

Raquel regresa a la cama, acomoda bien su cabeza a la
almohada, y piensa en diversas cosas, sin olvidar en detalle la mata de su
hermana, la esta volviendo loca, de pronto... y de imprevisto recuerda que Celia
dejo regada su ropa, interior incluida, en el suelo, su mente le dice que no,
algo en el fondo que sí, camina timorata, indecisa, las ve regadas en el suelo,
tan indefensas, tan atrayentes, lo piensa bien una vez más, no puede aguantar,
se humedece de solo pensar que pueden estar en sus manos, camina un poco más,
llega al lugar, temblando coge el pijama, lo huele y siente su olor a rosas,
acaricia con el su rostro, se siente tan bien, se quita la ropa y se lo pone, se
siente de nuevo su hermana, ahora ve el interior, rosa este, como casi todos los
que tienen ambas, color preferido de toda la vida, lo ve, lo ve de nuevo, se
anima, luego no, finalmente sí, lo coge temblando escandalosamente, sudando
inclusive, lo toca entonces, siente su suave cuerpo y lo delicado de la prenda,
se siente sucia, morbosa, pero no puede más, se lo lleva de lleno al rostro,
siente un ligero aroma a mujer, se siente en las nubes, huele un poco más
profundo, siente tener un orgasmo, siente la necesidad de pasar la prenda por su
entrepierna, cierra los ojos, introduce de a poco el interior en el pijama,
siente que de a poco le llega al entrepierna, siente ya la ropa dentro de el, lo
soba fuertemente, se viene en el, no podía más, gemía, gemía de placer, tantas
noches de intimidad, tantas mujeres que pasaron por su alcoba de la calle de
Louvre, no pudieron jamás soltar tanta excitación en ella, tanta exaltación,
tanta necesidad de tener sexo, con cualquier ser mortal que cruce la puerta,
hasta con Marcel; y lamentablemente, hasta con él lo hizo.

Marcel había salido temprano del trabajo al haber concluido
temprano con el file que le había encargado su jefe, se despidió de Celia y le
dijo que iría a ver a un amigo, luego quizá a la casa de su madre y que pasaría
a eso de las diecisiete por el departamento. Pero los planes cambiaron, el amigo
no estaba, y lo de su madre fue solo una idea, entonces se le ocurrió ir al
departamento y prepararle una sorpresa a su amiga, pero la sorpresa se la lleva,
y vaya tal!!, una hermosa chica masturbándose en medio del pasillo y viéndolo
excitada.

La cogió sin mesura, la beso fuertemente y la penetró tantas
veces pudo, importándole un bledo el gozo de ella, solo importándole su pene y
su autoestima, tan elevada ahora, le chupo los senos y... la penetró de nuevo.

Eh.... es totalmente innecesario contar detalladamente el
hecho carnal, es totalmente inútil describir algo tan burdo como Marcel, que muy
al traje y todo, llevaba un adolescente de 16 años dentro, tan pero tan
integrado a él que se sintió orgulloso luego de hacerlo con... ja, el pensaba
que era una amiga de Celia y ja de nuevo, torpemente se le enredo la lengua al
recibir la noticia en boca de Celia, ya de noche, cuando una Raquel llorosa se
encerró en el cuarto, pensando en su hermana, tan fuera de sí en aquel entonces,
y tan centrada, para mal, ahora.

En la noche, cuando Celia se cansaba de preguntar sobre el
por qué de su estado, Raquel aun llorosa y con un fuerte dolor en el alma le
contó lo sucedido, tan generalmente, pero tan flagelante también. Celia, llorosa
también, le dijo que se vaya de su departamento, de su vida, ella camino
entonces lentamente por los pasillos, sintiendo miles de estacas atravesando su
alma, sintiendo los pies pesados, y la cabeza fría, sintiendo la enorme
necesidad de decirle a Celia lo que en realidad siente por ella, esperó un poco,
empaco levemente, abrió la puerta, vio a su hermana acercarse... no se contuvo
más.


Celia, en realidad... yo... pues yo..... te amo con una
dulzura que... que....que no puede ser fraternal.

Hasta nunca "hermana"




Raquel sintió centenares de látigos en el cuerpo, sintió como
si cada letra pesara, y pesaran tanto que ni podía alzar la frente, suspiró
fuertemente entonces, suspiró con el fin que entre aroma y aire vuele todo lo
que sentía por Celia, pero no consiguió más que hacer vergonzosa la partida.

Fue la ultima vez que Celia vio a Raquel, fue la ultima vez
que le dijo hermana.



"Comparando el pasado y el presente, el corazón se rompe
de pesar, pero yo sufro con serena frente y mi pecho palpita eternamente, por la
sola mujer que puedo amar"
 
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