"Entras en el apartamento
mientras yo cierro la puerta y me quedo con la espalda
apoyada en ella. Entonces tú te sitúas frente a mí
quieto mirándome intensamente. Tus ojos dejan translucir
la emoción y el deseo que te embriaga. Me late el
corazón muy deprisa a la expectativa de que entres en
acción. De repente, en un movimiento perfectamente
sincronizado, me acercas a ti rodeando mi cintura con tu
brazo derecho, me introduces la mano izquierda entre los
muslos y la lengua en la boca mientras que yo separo las
piernas y jugueteo con tu lengua respondiendo a tus
besos con pasión.
-Estás empapada, gatita
viciosa...- dices con malicia
Tu voz, con un tono excitado y
complaciente, suena muy lejos. Noto tu lengua suave y
tibia dentro de mi boca y después lamiéndome los labios,
la barbilla, el cuello. En ese momento mi mente deja de
pensar por primera vez, ahora tú pensarás por mí.
Intento abandonarme, echar la
cabeza hacia atrás, pero no me lo permites. Me alzas
firmemente la cabeza por la nuca y me pides que te mire.
Inmediatamente, sitúas una pierna entre las mías,
empujando hacia arriba, obligándome a frotar mi sexo
contra tu muslo.
Yo siento calor, siento que mi
sexo se hincha, se hincha cada vez más respondiendo a
una sensación que nada tiene que ver con el placer
convencional. Es más bien una sensación enervante,
insoportable, nueva, a la que soy incapaz de renunciar.
Entonces, me desabrochas la blusa
dejando al descubierto mis turgentes pechos desnudos,
los cuales acaricias, aprietas y estrujas con ambas
manos. Te separas para besar mis pezones y lamerlos con
fruición mientras que una de tus manos me agarra el
conejito con fuerza y después se desliza descarada bajo
la leve tela del tanga para acariciar mi monte sagrado.
Después tus dedos descienden y comienzan a acariciarme
los labios mayores que están depilados y suaves y q se
hinchan poco a poco. Progresivamente tus dedos van
introduciéndose entre ellos y empiezan deslizarse por
los cálidos y húmedos labios internos que semejan los
pétalos de una rosada orquídea. Muevo la pelvis para que
tus dedos se sitúen en las puertas de mi templo y
adelantándote a mis deseos introduces la punta de uno de
ellos, luego son dos más los que se unen y entonces
penetran intrusivos en el húmedo, ardiente y apretado
conducto de mi intimidad. Empiezas a moverlos despacio
primero y luego a un ritmo frenético en círculos y hacia
delante y atrás, volviéndome loca de placer ahhhhhhhhh!!!!!!,
gimo.
...En ese momento, escucho el
sonido inequívoco de una cremallera. Tomas mi mano
derecha y me la pones sobre tu hiniesto y ardiente
miembro. ¡Dios!!!!! Me parece magnífico, único, divino y
lo acaricio cadenciosamente frotándolo con la palma de
la mano arriba y abajo.
Segundos después, sin soltarte el
p.ene me acuclillo delante de ti con las piernas muy
separadas. Te miro inquisitivamente. Me sonríes. Me das
permiso. Primero lo tomo y lo apoyo contra tu vientre
para lamerte bien los hinchados testículos. Los lamo,
los chupo, los succiono, me los meto en la boca, te lamo
tb justo detrás de ellos cerca de tu entrada trasera lo
cual te excita haciéndote gemir suavemente. A
continuación tomo tu miembro con una de las manos y lo
sitúo en un ángulo de 45 grados para que veas mejor mis
avances. Deslizo mi lengua por la parte posterior de tu
mástil agitándola de un lado a otro mientras asciendo
muy despacio. Empiezo a besarlo por toda su superficie
antes de asomar la punta de la lengua y apoyarla en su
base, justo encima de los testículos. Entonces aprieto
el dorso de la lengua contra la piel y la mantengo
quieta un momento antes de comenzar a subir, muy, muy
despacito. Mi labio inferior se desliza por el rastro de
mi propia saliva. Cuando llego al final del mástil, sin
rozar el glande regreso a la base para volver a subir
muy despacio. Tú suspiras y respiras audiblemente. Esta
vez me atrevo con el glande, lo lamo sintiéndolo
caliente, duro y húmedo con la viscosidad de tus propios
fluidos. Recorro su hendidura con la punta de la lengua,
bajo por el frenillo y me sitúo justo debajo del grueso
reborde para seguir con la lengua su contorno, ladeando
la cabeza para pasar la lengua también por la parte
frontal. Sé que ansías que te lo coma de una vez, así
que sin más dilación lo aprisiono entre mis labios
rodeándolo por debajo de su borde y lo lamo golosa
moviendo rápidamente la lengua a la vez q le doy suaves
roces con los dientes, sin hacerte daño, simulando
mordisquitos. Permanezco así un rato hasta que te oigo
ordenarme:
-Vamos gatita cómete el resto de
la golosina. Inmediatamente y cómo si hubiese esperado
oír esas palabras durante siglos comienzo desesperada a
descender mi cabeza sintiendo como tu p.ene me llena por
completo la boca. Me lo introduzco hasta la garganta
modificando la posición del cuello para que llegue hasta
el fondo. Una vez con todo él dentro te lanzo una mirada
desafiante y comienzo a retirarme hacia atrás sin dejar
de mirarte. Luego de nuevo hacia delante y otra vez
hacia atrás cada vez más rápido apretando los labios o
separándolos sin dejar de agitar la lengua lamiendo toda
la piel. Tu apoyas tus manos sobre mi cabeza para
indicarme el ritmo aunque es innecesario pues lo estoy
haciendo de maravilla.
Después de habértelo besado,
chupado, mordido y frotado contra mis labios, mis
encías, toda mi cara, me lo trago entero y lo mantengo
un rato sintiendo tu vello púbico acariciando mi nariz.
Una de tus manos que reposa encima de mi cabeza la
mantiene pegada a tu pubis. Con la lengua, yo presiono
tu miembro contra el paladar, sintiendo como palpita.
Cuando retiro mi cara para verlo está casi morada,
tumefacto y palpitante. Excitada y complacida empiezo a
copularte con la boca sin dejar de mover la lengua en
todas direcciones y apretando los labios cuando los
acerco al glande. Insalivo profusamente y un hilo de
saliva pende oscilante de mi mentón. Con una de mis
manos te acaricio y estrujo suavemente los testículos y
en un momento dado abandono la felación para lamértelos
y meterme ambos en la boca mientras acaricio uno y otro
alternativamente con la lengua.................
Sin poder resistirlo más, me
tomas en brazos y me conduces al salón. Allí me
depositas en el suelo frente al sofá, te sientas y tras
deslizar a un lado mi diminuto tanga, me obligas a
sentarme a horcajadas sobre tu ardiente miembro
clavándomelo en mi sexo hasta el fondo en un solo
movimiento. Sientes cómo entra fácilmente debido a mi
excitación y cómo las paredes de mi vagina caliente y
húmeda lo abrazan con firmeza. Te rodeo el cuello con
los brazos y comienzo a subir y bajar sobre ti.
Balanceando al mismo tiempo la pelvis para aumentar la
frotación. Me agarras con fuerza por las nalgas, las
separas y empiezas a hurgar mi estrellita con tus dedos
lubricados con los fluidos que destila mi sexo. Deseas
introducir algunos dedos en mi estrellita para tomarme
simultáneamente por mis dos agujeritos golosones. Metes
hasta cuatro dedos de tu mano derecha y te satisface oír
los gemidos y grititos del placer q me causa la doble
penetración. Apenas unos instantes después, todo
comienza a girar a nuestro alrededor.
Tú te apoderas con fiereza de mí,
tu sexo se convierte en una parte de mi cuerpo, la parte
más importante, la única que en ese momento soy capaz de
percibir, entrando y saliendo en mi vagina, abriéndola y
cerrándola en torno suyo, taladrándome. Inesperadamente
sacas el pene de mi conejito y tus dedos de mi estrella
y lo metes de golpe en mi trasero, ¡¡¡¡¡síiiiiiiii!!!!!!!!!!!!,
grito, ¡¡¡¡¡¡¡¡rómpeme el culo cabrón!!!!!!!!, pierdo el
control de mi lenguaje Casi noto su presión contra mi
nuca, como si empujara todos mis órganos internos a cada
envite. Y todo lo demás se borra, mi cuerpo y el tuyo,
tan sólo existen nuestros sexos que parecen formar uno
solo. Esa es la última impresión que soy capaz de sentir
antes de dejarme llevar y centrarme en la sensación de
tu miembro taladrándome y los choques de nuestros pubis
empapados, que salpican flujo a cada envite, envites
cada vez más bruscos que estimulan mi perla
rítmicamente. Y entonces ya no puedo controlarme más, me
dejo ir entre gemidos de placer sintiendo rítmicas
descargas de placer en todo mi sexo, e inmediatamente,
tú, tras tres o cuatro empellones más, agónicos y
brutales, los últimos, te dejas atrapar también entre
las paredes elásticas de mi sexo, repentinamente
autónomo, que estrangulan entre espasmos el tuyo más
allá de mi propia voluntad. Finalmente, clavándome el
pene hasta el fondo y entre gruñidos dejas que escupa su
tibia y viscosa esencia en potentes chorros que salen a
cada contracción orgásmica. Nuestros sexos palpitan
rítmicamente durante unos segundos.
Después, incapaces de hacer otra
cosa que no sea permanecer así, unidos en un solo
cuerpo, tratando de recuperar el control, nos mantenemos
abrazados mejilla con mejilla moviendo despacio nuestros
sexos para embadurnarlos aún más con los fluidos de
ambos. Las palabras "increíble" surgen al unísono de
nuestros labios..."