Llevábamos muy poco tiempo
haciéndolo y ella había sido primeriza conmigo. Sus
padres se habian ido al pueblo con lo que su casa iba a
estar libre toda la tarde. Subí como de costumbre hasta
la sexta planta donde ella vivía y la puerta ya estaba
abierta. Al pasar estaba ella, Irene.
Irene llevaba puesto para mí su
vestido de fin de carrera, uno azul muy oscuro sin
tirantes y se había rizado el pelo para mí, como a mí me
gusta. Me llevó hasta su dormitorio y me arrodillé ante
ella. Le besé sus pies y sus zapatos de medio tacón y se
los quité. Ciertamente, estaba tan excitado que sólo
pensaba en desnudarla rápida y empezar a follar lo antes
posible. Le quité el vestido y se quedó sólo con el
conjunto de bragas y sujetador granate que tanto me
gustaba.
El sujetador en particular me encantaba porque
le realzaba los pechos barbaridad, como si de un wonderbra se tratase. La desnudé del todo, quedando yo
vestido y le besé el cuello, los pechos y le acaricié el
trasero y el lomo como a ella tanto le gusta. A ella le
encanta ser la esclava, ser la dominada...
La tumbé encima de la cama y me
puse a devorarle el coño sin parar. Me puse a comerle la
vagina y luego, con gran deleite de ella, el clítoris
haciendo mucha fuerza para separale las piernas porque
se resistía mucho a su placer. Llegado un momento se
puso a jadear como una loca agarrándose los pechos,
haciendo una fuerza bestial con sus piernas de tal forma
que casi me chafa la cabeza para pasar inmediatamente a
intentar apartarme de su fruta humeda.
Yo, por supuesto,
no me aparté y la hice sufrir y gozar por partes iguales
con el que fue su primer orgasmo conseguido con cunilingus en su vida. Me tumbé un rato a su lado
mientras ella ronroneaba desnuda sin podérselo creer. Se
sentía próxima a la muerte y la vida.
Al rato me empezó a desnudar y
una vez yo en pelotas me la empezó a chupar
arrodillándose entre mis piernas en el suelo mientras yo
estaba tumbado en el borde de su cama. Sólo veía su
melena castaña entre mis piernas. Al final se subió a
cuatro patas sobre la cama y me empecé e preparar.
El
pacto estaba a punto de cumplirse. La iba a tomar a pelo
por el culo, sin goma, y sin vaginal previo. Empecé a
untar mi dedo corazón de la mano derecha en vaselina y
acto seguido empecé a introducirlo por su ano. Ella
temblaba pero su esfinter estaba más receptivo de lo que
esperaba. Sin embargo, todo se torció. Su sentido
religioso le impidió continuar y ciertamente no me
gustó. Ella lo sentía mucho y para consolarme me ofreció
una sorpresa que fue, porcierto, la mejor de mi vida.
Me hizo ir a un cuarto de estudio
que tiene en el que hay una mesa entre sus estrechas
paredes. La misma tiene unos 60 cm de anchura y 1"20 m
de largo. Por supuesto, tumbado me salía por todos los
lados. Ella me trajo una toalla para que no cogiese
frío, era invierno, y de paso no sudase toda la mesa de
madera. Me tumbé y al poco apareció ella.
Irene llevaba puestas unas botas
negras de tacón de aguja hasta la rodilla, las bragas
rojas y una capa azul que iba, teóricamente con el traje
que he comentado que llevaba al abrir la puerta. Ignoro
si fue premeditado pero el caso es que la presentación
me encantó.
Me empezó a masajear los
pectorales hasta que decidió engullir mi polla de nuevo
que la tenía como una viga. Así estuvo un buen rato
hasta que me dijo "cariño, te voy a sacrificar sobre
mí". También ignoro, puesto que nunca me lo ha querido
revelar, a qué o quién me quería sacrificar, pero el
caso es que me hizo abrir las piernas y agarrar con las
manos las librerías que tenía a cada lado. Se quitó la
capa revelando sus preciosos y turgentes pechos. Me
empezó a comer los pezones advirtiéndome que no me
soltase bajo ningún concepto y me empezó a hacer una
paja bestial durante cosa de cinco minutos.
Al final, me hizo poner de pie,
cuando le anunciaba que me iba a correr y ya se derramó
algo de espuma seminal que lamió, pero empezó a pajearme
como una posesa y le bañe la cara y los pechos como creo
que nunca lo he hecho y, la verdad, ella se quedó
agradada con tal respuesta por mi parte. Espero que os
haya gustado. Ocurrió en noviembre de 2004.