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La
historia que cuento es totalmente verídica incluidos los
detalles y los nombres.
Por exagerada que parezca es fiel
reflejo de mis relaciones forzosas con una chantajista
que abusó de su poder durante dos años después de ser
depyoria de mis secretas relaciones con dos hermanas
casadas.
En ella trato de relatar las
aventuras con una amante que tuve alla por los años del
91 al 96 y las desventuras con su continuación, y en lo
único que difiere es que en la realidad, Carmen y
Armando siguieron juntos.
Es más, cuando ella estaba
acostada conmigo en un motel de Casteldefels, (cerca de
Barcelona) su marido Armando la esperaba en Cambrils
ansioso por saber que le había dicho el médico.
Yo me divertía mucho con Carmen
ya que era una mujer muy guapa pero también muy rara.
Algunas veces llegaba diciendo
que no tenía ganas de follar y lo que quería era comer
en un buen restaurante.
La llevaba a comer y en plena
comida y sin venir a cuento se ponía susy y me pedía que
la metiera mano.
Yo como podía le hacía una paja
metiendo mis dedos por el borde de sus bragas,
acariándole el clítoris hasta que se corría aguantando
sus naturales espasmos producto del orgasmo.
Otras veces íbamos al motel y en
plena follada me decía que tenía hambre y que así no
podía correrse, por lo que después de pagar 9000 pts.
tenía que interrumpir el polvo e irnos a comer para
después pagar otras 9000 pts. y continual follando.
Venía con un coche "Mercedes"
grande, de su marido y un buen día hicimos carreras
desde Barcelona hasta el motel de Casteldefels.
Ella ganó a mi Toyota-Celica y se
metió en el parking del motel sola.
Ya sabreis que esos sitios son
muy reservados y cuando llega un coche, corren una
cortina detrás no admitiendo a un nuevo cliente mientras
no han acomodado a la pareja anterior.
Imagínate cual no sería la
sorpresa del empleado al encontrarse con un "Mercedes
300" conducido por una bella mujer ... y sin
compañía...!
En otra ocasión, se vino conmigo
a Valencia en una viaje mío de negocios y ya en el
hotel, sobre la una de la mañana, estábamos los dos en
la cama, follando de la forma más tradicional, ella
debajo y yo encima. Estaba a punto de correrme cuando de
repente ella se puso a gritar:
-¡Hay editor... por el culo no
que me duele... no.. no... por el culo no...
Hay cabrón que me la has
metido... qué dañoooooo....!
Le dije
-¡Pero qué te pasa... estás
loca...!
-Qué va...! - me respondió - Lo
hago para que rabien de envidia los demás habitantes del
hotel.
Otro día se trajo a su hermana,
cinco años más joven que ella y mucho más atractiva,
también casada, y dijo que quería que nos filmase un
vídeo mientras follábamos. Accedí a la situación y
fuimos los tres al conocido motel de Casteldefels.
Como no sabíamos si admitirían
tríos al mismo precio, su hermana Yolanda se metió en el
portaequipajes del Celica y de esa forma nos
introdujimos en el parking junto a la habitación
alquilada.
Como es natural acabamos follando
los tres y yo naturalmente dediqué más mis atenciones a
los nuevos agujeros que se me ofrecieron. Me corrí
cuatro o cinco veces. En el coño de Carmen, en el culo,
la boca y el coño de Yolanda, en el culo de Carmen.
Mientras me follaba a una, la
otra filmaba y aunque el vídeo es un poco chapucero, aún
lo conservo y de vez en cuando me hago alguna paja
contemplándolo.
Después de quella vez, he follado
con Yolanda muchas más hasta que se quedó en estado, no
sé si de su marido o de mí. Lo que sí es cierto es que
el marido también es rubio como ella y el chaval ha
salido moreno como yo.
Todo acabó cuando el bueno y
cornudo Armando comenzó a preocuparse seriamente por la
salud de su compañera y decidió acompañarla a Barcelona
a sus visitas con el doctor.
Carmen cambió instantaneamente de
"médico" y acudió junto con Armando a un ginecólogo
nuevo. Yo desaparcí.
Como he comentado, el relevo a
Carmen y Yolanda lo tomó Mara. Una antigua amiga mía y
de mi familia que había actuado con intermediaria en mis
relaciones con las dos hermanas.
Yo por aquel entonces, 1996,
dirigía simultaneamente dos empresas, una en Barcelona y
otra en Valencia pertenecientes ambas al mismo grupo
multinacional.
Pasaba dos o tres días en una
ciudad y otros tres o dos en la otra, desplazamiento que
hacía en avión y raramente en coche.
Un día que iba a emprender el
viaje por carretera, paré a comer en el pequeño
restaurante que tiene los padres de Mara, con los que me
une una gran amistad.
Ya después de comer y mientras
tomaba café para uniciar el viaje de 340 kilómetros
hasta Valencia, se sentó a mi lado la hija.
Describo su aspecto... realmente
impresionante...
Con una altura de más de un metro
setenta, pesaría unos ciento diez kilos, la talla del
sujetador no bajaría de ciento veinte y no sé si
encontraría bragas donde enfundar sus bajos.
Su única obsesión era preguntar
si estaba más guapa, si me gustaba el color de su pelo y
me decía que las faldas y los pantalones se le caían de
lo mucho que había adelgazado.
Yo siempre la veía como una
especie de elefanta, ya que los ojos los tenía semi-cerrados
por los pliegues de las mejillas.
Aquel día, al saber que me iba
para Valencia, me pidió si la podía llevar ya que no
conocía aquella ciudad y le hacía una cierta ilusión.
Yo le comenté que no volvería en
tres días y si quería volver antes lo tendría que hacer
en autobús.
Se apunto de inmediato y en menos
de un cuarto de hora apareció con su equipaje preparado.
Yo llevaba y llevo un automóvil
deportivo y lo puse por la autopista a más de doscientos
kilómetros por hora, para lograr con la tensión de la
valocidad, evitar que me diera la tabarra por el camino.
Fue inútil. Comenzó a contarme
sus historias hasta que al pasar Tarragona empezó el
ataque.
Sabía que mi relación con las
guapas hermanas habían terminado. Me comentó mi
infidelidad hacia mi compañera, amiga suya.
Me dijo que su obligación como
amiga de mi esposa sería decirle lo mal que me había
portado con ella.
Pero también me dijo que lo podía
pasar por alto y olvidarse de su moral obligación
mientras apoyaba su mano sobre mi paquete.
Se me pusieron de punta los pocos
pelos que me quedan, mientras sentía como sus dedos
bajaban la cremallera de mis pantalones y se introducían
buscando mi encogida polla.
A todo esto ya estábamos llegando
a Oropesa, cerca de Castellón donde la autopista se
retuerce en marcadas curvas consecutivas.
Aproveché para acelerar aún más
el coche hasta alcanzar los 230 kilómetros por hora,
pensando que el nerviosismo la harían renunciar. Pero ni
hablar...
Yo creo que se excitó aún más con
la velocidad y comenzó una paja con violentas sacudidas.
La polla, que no entiende de
mujeres gordas y feas, o de guapas modelos, reaccionó de
su forma habitual... comenzó a ponerse dura.
La vaca, cuando notó entre sus
dedos que aquello cobraba vida y se hinchaba, se puso la
mar de contenta.
- ¡ Te gusta cariño... ! - ¡Te lo
hago bien.....! - ¡ Me quieres.....!
Le dije que sí a todo y seguí
apretando el acelerador al máximo de potencia del coche
mientras la dejaba trabajarme la polla con toda su
energía, que era mucha.
Bajando la montaña, llegando a
Oropesa, saltó mi leche por los aires ante el regocijo
de la gorda que se imagino lo buena que estaba y lo
mucho que la quería para correrme entre sus dedos.
Al llegar a Valencia fuimos
directos al hotel Valencia Palace, en el que yo tenía
reservada la habitación de siempre y fui a pedír otra
habitación para Mara, pero ella se opuso rotundamente.
No me quería ocasionar gastos adiccionales y dormiría en
mi habitación.
Me resigné, imaginando a aquella
hipopótama metida en mi cama.
- ¡ Pensarán que soy tu mujer...
! - ¡ Si ella llegara a enterarse de tus relaciones con
Carmen y Yolanda seguro que te dejaba... pero no te
preocupes que yo sabré ser discreta... si no te enfadas
conmigo, claro... !
Estaba perdido...
Mara ignoraba que mi esposa me
había acompañado muchas veces en mis viajes y el
recepcionista del hotel sabía perfectamente que aquella
foca no era la mía.
En efecto, me miró con cara de
asombro al ver el "esperpento" que me había ligado para
pasar la noche... qué le vamos a hacer... el pobre
hombre pensó en los sacrificios que teníamos que hacer
los ejecutivos para mantener contentas a nuestras
clientas
Después de cenar, yo trataba de
alargar la sobremesa pero no me dió mucha tregua.
Dijo que estaba cansada del viaje
y que quería acostarse.
Subimos a la habitación, la 113,
no la olvidaré y yo que odio el fútbol, me tragué todo
el partido entre el Betis y el Real Madrid que ganaron
los béticos por dos a uno.
Mara, mientras tanto, se había
duchado y preparado para la "noche", un minicamisón casi
transparente que justo le tapaba el coño, dejando al
descubierto dos jamones mayores que las ancas de una
vaca, rellenas de morcillas y "michelines" y los
pitorros de sus impresionantes tetazas que me apuntaban
a través de la fina tela.
Se disculpó diciendo:
- ¡ Lo siento, pero como ha sido
un viaje imprevisto, no me he depilado las piernas..!
Y que piernas. Las columnas del
templo de Hércules no tienen la consistencia de lo que
se me presentaba.
Acabado el partido de futbol, con
el resultado ya conocido, bajé el volumen del televisor,
apagué la luz y me puse a ver la última edición del
telediario.
A los pocos minutos la vaca
dormía plácidamente, roncando como una central térmica.
Apagué el televisor y me
introduje entre las sábanas.
Mi paz no duró ni dos minutos.
Con el ligero movimiento del
colchón resucitó la vaca y se revolcó sobre mí.
- ¡ Hay cariño... que feliz que
soy... al fin estamos juntos... quiero que me hagas el
amor dulcemente y que me lleves a los cielos... quiero
sentirte dentro de mí....!
Yo permanecí en silencio y ni
intenté encender la luz... qué horror... prefería pasar
el mal trago con los ojos a oscuras.
Mara la encendió pero yo la volví
a apagar.
- ¡ Deja la escena a oscuras..! -
le dije - ¡ No estropees estos deliciosos momentos
distrayendo la vista y desviando el placer... goza de mí
hasta la saciedad...!
Y me gozó hasta la saciedad....
Puso su media tonelada sobre mí y
me folló...
Vamos creo que me folló, aunque
no sé si con el coño, o con uno de los pliegues de su
barriga.
La cosa estaba clara. O hacía que
se corriera o aquel monstruo me aplastaba.
Con gran esfuerzo la acometí
desde debajo pegándole unos viajes de polla salvajes,
deseando hacerle daño, hasta que comenzó a soltar
mujidos y a aflojarse a cada nueva estocada.
Yo, extraordinariamente, también
me corrí. Le disparé cinco o seis chorros de leche entre
los pliegues donde introducía la polla y descargué de
nuevo mis huevos.
Después, cada vez que la he
mirado, me ha entrado vergüenza al recordar que aquel
monstruo consiguió sacarme la leche por dos veces en una
tarde.
La vaca dejó de mujir cuando
alcanzó su sexto orgasmo y al poco ya roncaba de nuevo,
agotada por el esfuerzo.
Yo también me preparé para
descansar ante la jornada del siguiente día en la que
tenía una importante reunión.
Me quedé dormido. No sé cuanto
tiempo, hasta que me desperté sobresaltado con la polla
prisionera entre los dedos de la elefanta.
Me la estaba sacudiendo en la
oscuridad, mientras que por los movimientos del colchón,
supuse que ella se estaba haciendo una paja
simultaneamente.
Nunca supe como era capaz de
encontrarse el clítoris entre aquel amasijo de carnes y
pellejos.
- ¡ editor... ahora que sé que me
quieres... te voy a pedir un favor.... !
- ¡ Dime "cariño"... ! (nunca
debí emplear aquella expresión)
- ¡ Hazme feliz del todo.... dáme
por el culo.....!
Creo que en aquel momento la
polla me desapareció... se encogió de tal manera que
casi se convirtió en vagina... se puso del revés...
- ¡ Sabes que yo te guardaré el
secreto de tus devaneos amorosos con las famosas
hermanitas... tu mujer nunca se enterará mientras seamos
amigos...!
Ya estaba, había que dar por el
culo a la vaca... ¿Lo podría encontrar... ?
La puse de medio lado y se la
metí de nuevo por el coño desde la parte posterior.
La polla casi no llegaba a
introducirse, debido por un lado a la distancia física
que existía hasta la avertura incrementada por la
flacidez de mi miembro.
A medida que froté su vagina con
mi glande, éste se fue entusiasmando y consiguió ponerse
tieso. Ya he comentado que la polla es ciega y no vé
donde se mete.
Mara encendió la luz y se revolcó
poniéndose a cuatro patas.
Levantó el trasero y con ambas
manos separó sus glúteos exponiendo a la "afición" un
diminuto agujero, apretado por las carnes y apoyando su
cara contra la almohada me pidió:
- ¡ Dame fuerte editor... quiero
sentir tu polla perforando mi ano hasta el éxtasis...
dáme por el culo por favor... nunca lo he probado...
fóllame ya...!
Resignado, introduje mi dedo
índice por aquel orificio y lo fui masturbando hasta que
noté que se relajaba.
Introduje un dedo más y seguí
trabajando el orificio mientras el esfinter se dilataba.
Me miré la polla y ví que no
estaba a tono para acometer la empresa que se me
encomendaba.
Me empecé a masturbar con los
ojos cerrados, pensando en otras aventuras hasta que,
con gran esfuerzo logré ponerla a tono
Ya tenía mis veinte centímetros
dispuestos para el ataque.
Abrí los ojos para el envite y la
polla comenzó a desinflarse ante el espectáculo.
No le dí tiempo. Saqué los dedos
de aquel agujero y los substituí por el decadente
miembro.
Entró.. La dí por el culo tal
como me había pedido. La estuve enculando durante diez
minutos, hasta que de nuevo sus mujidos resonaron por
las paredes del hotel.
Volví a correrme en su recto
sintiendo de nuevo vergüenza por utilizar "aquello" para
el desahogo de mi excitación.
Acabamos agotados y al día
siguiente, mi reunión de alto nivel no fue muy
brillante.
Después de ese viaje, Mara se
apunto a cuarenta más.
Ahora utilizaba otro argumento.
- ¡ Si tu mujer se entera de tus
amoríos con Carmen y Yolanda y de cómo me has "seducido"
a mí.. se te monta un cirio...! - ¡Pero estate
tranquilo, que yo seré discreta mientras seamos
amigos...!
Puedo jurar que después de
aquella noche, nunca me he vuelto a correr con Mara,
aunque lo aparentaba y la dejaba tan contenta.
He follado con ella.... La he
dado por el culo cuantas veces se le ha antojado... Me
ha chupado la polla siempre que ha querido... La he
hecho pajas a montones....
Siempre me decía, cuando iba a
comer a su restaurante, que no había nada mejor después
de una buena comida que un buen polvo..... y me daba una
comida mediocre y un polvo nefasto.
A partir de esta situación mi
vida cambió
La gorda de Mara me perseguía por
todas partes.
Me llamaba al despacho de
Barcelona y si no estaba me llamaba a Valencia por una
línea privada que no pasaba por la centralita.
Si le contestaba, colgaba sin
decir nada, se cogía el autobús y se presentaba en el
hotel, donde me esperaba para pasar la noche conmigo.
Tenía que follar a la vaca y
darle dos o tres veces por el culo.
No se si se llegó a dar cuenta de
que yo no me corría aunque hacía ver que sí, con jadeos
y suspiros y como ella soltaba flujo a montones en sus
orgasmos posiblemente la falta de mi sémen en sus
agujeros quedaba disimulada.
Me llegué a dar cuenta de las
coincidencias de las llamadas sin contestar con la
presencia de la foca en la ciudad del Turia y decidí
putearla.
A la siguiente llamada que se
produjo por la línea directa y que me colgaron sin
hablar, cambié de hotel y me fui a pasar la noche al
Astoria.
A la vaca le tocó pagarse la
habitación y la cena, unas 25.000 pesetas y volverse a
Barcelona sin comerse un rosco.
Me llamó al día siguiente a
Valencia y yo le dí una disculpa aunque no se si se la
tragó del todo.
Había tenido que ir a Castellón
por asuntos de trabajo y después de cenar con un
cliente, decidí pasar la noche en esa ciudad, ignorando
su presencia en Valencia.
Se lo repetí dos veces más, pero
a la tercera se puso seria.
Me montó una escena dramática.
¡ Ya no la quería... me había
cansado de ella.... la había seducido y ahora la
abandonaba.... me iba a acordar... !
Al día siguiente llamaron a mi
domicilio particular de Barcelona colgando cuando mi
esposa contestó. Volvieron a repetirse las llamadas tres
o cuatro veces más con el mismo resultado.
Se repitieron las llamadas al día
siguiente y se prolongaron hasta altas horas de la
madrugada.
Me lo comentó mi mujer al llegar
de viaje y no le dimos más importancia dando por
supuesto que era un pesado que tenía un número
equivocado.
Pero esa misma noche, sobre las
tres de la mañana, volvió a sonar el teléfono.
Lo cogí yo...
- ¡ Dígame...!
Me quedé helado...
Al otro lado del hilo se
escuchaba una musiquita producida por un acoplamiento
con alguna emisora de radio.
Yo conocía muy bien esa
interferencia que era característica en el teléfono de
Mara.
Me colgaron sin decir una
palabra.
Sonó el teléfono dos veces más
durante aquella noche hasta que lo dejamos descolgado.
A la semana siguiente invité a la
gorda a acompañarme a Valencia, pero se disculpo
diciendo que esperaba a unos tíos y no podía marchar.
El teléfono siguió sonando con
los mismos resultados.
Aquella semana únicamente estuve
en Valencia dos días y el martes regresé a Barcelona en
el último vuelo.
Esa noche se desató la tormenta.
A eso de las dos sonó el teléfono
y como siempre lo cogió mi esposa.
Esa vez no colgaron y una voz de
mujer joven preguntó por mí.
Mi mujer, con gran astucia, le
dijo que yo no estaba, a la vez que yo cogía el teléfono
supletorio y permanecía a la escucha.
La joven, que dijo llamarse Maria
del Mar, dio por seguro que yo estaba en Valencia y
empezó a contarle a mi esposa una historia de amoríos
conmigo en los que me dejaba muy mal parado.
La había engañado diciéndole que
estaba separado y la había seducido, abusando de su
buena fé hasta conseguir acostarme con ella en su propio
apartamento y en su misma cama.
Durante varios meses me había
aprovechado de ella y que muchas noches que en teoría yo
estaba en Valencia, la realidad es que estábamos juntos
ella y yo en casa de ella.
En ese momento intervine yo en la
conversación y la famosa Marimar, en lugar de colgar
como era de esperar, aguantó el tipo.
Mi esposa quedó escuchando y yo
fui acorralando a preguntas a la joven hasta que quedó
bien claro que no me conocía de nada, aunque estuvo en
todo momento asesorada por otra persona que estaba con
ella.
Repetía cada una de mis preguntas
sobre mi estatura, el color de mi pelo, mi forma de
vestir, la marca, el color y el tamaño de mi automóvil.
Hasta le pregunté por la longitud
de mi polla.
Le pregunté por los días que
habíamos estado follando en su casa, lo que habíamos
cenado. Que licor tomaba yo, si coñac o wisky o anis o
ginebra (no tomo licores...), mi vino preferido si
blanco o tinto o rosado.
Como me gusta la merluza, si a la
plancha o a la vizcaina (no como pescado...)
Le pedí que se tomara el rato que
quisiera en las contestaciones pero que no repitiera la
pregunta....
Fue metiendo constantemente la
pata en las respuestas hasta dejar bien claro su
superchería.
No había musiquita de fondo en el
teléfono lo que me indicaba que la llamada se efectuaba
desde un teléfono diferente al de la vaca.
Después de colgar mi mujer, que
no tenía ninguna duda sobre la falsedad de la llamada,
se preguntaba el motivo de la misma, pero yo no tenía
ninguna duda del mismo. Era el primer ataque de la gorda
en su venganza anunciada.
Al día siguiente la llamé y la
invité a comer.
Le conté la aventura de la noche
anterior con María del Mar y le pregunté si ella había
dado alguna información.
Se me puso por las nubes...
... Cuando ella tuviera que hacer
daño, lo haría del todo....
La tuve que llevar a un motel y
dejarla contenta por todos los agujeros... tenía que
ganar tiempo mientras se me ocurría alguna idea...
Volvieron de nuevo los viajes a
Valencia y los desenfrenos nocturnos, pero yo seguía sin
correrme. La vaca sin embargo disfrutaba como una enana,
de orgasmo en orgasmo mientras mi pobre polla se
irritaba entrando y saliendo por su ano o por el coño.
Las llamadas terminaron.
Por fin me vino la idea...
malévola idea... tenía que lograr amenazarla con algo
que le pudiera traer complicaciones...
En el siguiente viaje me llevé la
cámara de vídeo y aprovechando la televisión del hotel,
le pasé el vídeo en el motel con las dos hermanas, en el
que se me ve follando con una y con la otra.
En uno de los primeros planos se
me ve perfectamente cómo después de lubricar con crema "Atrix"
el culo de Yolanda, la penetro hasta las bolas, follando
los dos como locos hasta que se la saco en el momento de
la descarga que chorrea por entre sus nalgas.
La gorda hasta se puso celosa y
me dijo que era de muy mal gusto pasarle por las narices
mis cerderías con las dos hermanas... ademá con aquellas
dos "mierdas" delgadas y casi sin tetas, que su único
atractivo era su juventud y llegó a pedirme que
destruyera la cinta.
Me negué rotundamente diciéndole
que formaba parte de mi museo de experiencias personales
y que a veces me hacía alguna paja rememorando y viendo
las imágenes de mis correrías sexuales.
Pero esto era el comienzo de mi
estrategia que consistía de tres partes, habiendo tenido
en cuenta que el padre de Mara era y es el alcalde de la
ciudad en que reside.
Después de que la tuve
"mosqueada" le dije que no había punto de comparación.
Ella tenía mucho más atractivo
que las dos hermanas juntas, (lo que no era del todo
mentira, ya que la superficie y la masa de su cuerpo
superaba el conjunto de las otras dos)
Se empezó a poner tierna y a los
pocos minutos ya estábamos en pelotas revolcándonos en
la cama mientras de la "tele" salían los gritos de
placer de mis anteriores ligues.
Le dije de nuevo que ella era lo
más hermoso que había encontrado en mi vida (seguía sin
mentir, porque lo de hermoso no venía por lo bella si no
por lo grande)
Entonces, aprovechando la cámara
de vídeo le pedí que se masturbara ante ella para
guardar el recuerdo de sus atractivos.
No se hizo de rogar, estimulada
por la visión del vídeo y deseando pertenecer a mi
colección particular de pornografía personal, tratando
de desbancar a sus rivales en mis próximas pajas ante el
vídeo.
Desparramó sus ciento diez kilos
sobre la cama, encogió sus mostruosas piernas y las
abrió de par en par como si de un parto se tratara.
Su descomunal coño semi-cubierto
por una suave capa de bello rubio se abrió en una
espantosa sonrisa vertical emergiendo el abultado
clítoris por encima de los labios menores (por llamarlos
de alguna manera)
Puse en mrcha la cámara y fui
regulando con el zoom la imagen para grabarla en todo su
esplendor.
La vaca se empastifó el coño con
crema para las manos y comenzó a tocarse la guitarra,
acompañándose con agudos gruñidos.
Mientras yo la mano derecha
aguantaba la filmadora y manejaba simultaneamente el
zoom, introducía mis dedos índice y corazón por entre
los pliegues de su vagina, ayudándola en la paja que se
estaba haciendo y poniendo bien a la vista mi alianza de
casado que me había puesto para la ocasión ya que nunca
la util.izaba.
Había tenido la precaución de
quitarme el reloj "Rolex" que llevo, para que no se
pudiera identificar la mano pajeadora.
La cámara enfocaba el coño en un
primerísimo plano, después fui alejando el zoom y
recorrí el vientre, las tetas una por una, pasando de
pezón a pezón, subí por su papada hasta detenerme en su
cara, acercando de nuevo el zoom hacia sus entrecerrados
ojos y labios por entre los que sobresalía la sofocada
lengua.
Me había puesto tieso a más no
poder. No por el espectáculo, que nada tenía de
excitante, si no por los pensamientos de libertad que
pasaban por mi retorcida mente.
Acerqué como pude el duro glande
a sus labios, sin dejar de filmar y le enchufé los
veinte centímetros en el fondo de la garganta.
Sujetaba como podía la cámara
mientras follaba su boca, hasta que noté que iba a
correr.
Saqué la polla en contra de su
voluntad, ya que la siguió levantando su cabeza, me
acabé de pajear con la mano izquierda y le disparé
cuatro chorretones sobre los ojos, la nariz y la cara.
Aquel día ha sido la excepción a mi abstinencia de sémen
en los agujeros de Mara de los últimos tiempos.
Me esmeré en obtener los mejores
planos de la leche chorreando por su cara mientras yo la
extendía y la arrastraba hacia sus labios para que ella
se relamiera.
Mi anillo de casado estaba
siempre en el primer plano de la imagen.
Después de la corrida me aparté y
seguí filmando su masturbación entre espasmos a cada
orgasmo que alcanzaba.
Tuve que cambiar la cinta ya que
los cuarenta minutos que dura el mini-vídeo ya se habían
agotado.
Hice de tripas corazón y decidí
poner el broche de oro a la filmación.
Paré por unos momentos la cámara
para no grabar mi voz y propuse a la vaca.
- ¿ Quieres que te la meta por el
culo...?
La gorda se entusiasmó... le
encantaba que la enculara...
Ni me contestó. Se puso en cuatro
en el borde de la cama y con ambas manos se separó los
jamones mostrando el apretado orificio de su ano.
Puse de nuevo la cámara en marcha
a la vez que me untaba los dedos con crema y se la
introducía por el agujero, junto a dos de mis dedos.
La fui lubricando y ensanchando
el esfinter, manejando a la vez el zoom de la cámara
para filmar su cara vuelta de lado sobre la sábana de la
cama.
No quería que quedara ninguna
duda de quien era la que estaba siendo dada por el culo
por un hombre casado.
Cuando su ano estuvo a punto, mi
polla había recobrado de nuevo la alegría y la apunté
hacia su agujero, guiada por mi mano izquierda.
Acerqué el plano de filmación,
enfocando la entrada y mi glande apoyándose en los
bordes.
Se la fui metiendo centímetro a
centímetro hasta los huevos.
Una vez dentro la bombeé a lo
salvaje, que era cómo le gustaba, hasta que sus mujidos
despertaron a todo el hotel.
La estuve follando el culo hasta
que la cámara me avisó que quedaban dos minutos de
cinta.
Saqué mi polla del dilatado
agujero y me corrí sobre sus jamones mientras su ano iba
recuperando su tamaño original.
Mi cámara no perdió detalle de
las contracciones del dilatado ano ni de los chorretones
de sémen por sus nalgas.
Follamos tres o cuatro veces más,
pero ya no volví a filmar ni a correrme. Ella sí. La
vaca era una máquina de fabricarse orgasmos.
La primera parte de mi plan se
había consumado con éxito.
Las otras dos partes esperaba
superarlas con el mismo resultado.
En poco tiempo tenía que ser
capaz de montarme la estrategia adecuada para librarme
del chantaje de la gorda.
He repasado el vídeo una par de
veces y desde luego... me ha dado hasta vergüenza.
El fin, en este caso, justifica
los medios. Pero parece imposible que yo pudiera llegar
a correrme dentro de aquellos amasijos de carne.
Ya tenía los elementos
disuasorios para conseguir mi libertad.
Comenzaba la segunda parte del
mismo.
De regreso a Barcelona, hice tres
copias de los vídeos empalmados cada una de ellos en una
cinta de dos horas y me lancé al ataque.
Metí en mi cartera de documentos
dos de ellas, previamente etiquetadas con el nombre y
los dos apellidos de la vaca y me cité con ella en una
cafetería de su ciudad, cuya propietaria era amiga
nuestra.
Cenamos juntos en aquella
cafetería y estuve haciendo tiempo hasta la hora en que
Ana, la propietaria, bajó la persiana para cerrar,
aunque nos dijo que podíamos continuar hasta la hora que
quisieramos en el interior del establecimiento.
Permanecimos más de una hora,
mientras la dueña recogía el establecimiento, tiempo que
aprovechó la gorda para tratar de hacerme una paja, no
logrando que me corriera y yo la masturbé varias veces
provocándole estrepitosos orgasmos que Ana, casi
retrasmitió.
- ¡ Qué bien te lo pasas...
tía... quién estuviera en las manos de este macho...!
A última hora y a punto de
marcharnos, los tres ya sentados alrededor de una mesa,
saque de mi cartera una copia del vídeo y se la entregué
a Mara delante de su amiga.
- ¡ Toma Marga... esta es la
cinta de nuestra última orgía en Valencia...!
Mara la tomó ruborizándose
ligeramente comentando.
- ¡ Vamos editor, sé más discreto
que Ana va ha pensar que estamos follando todo el día!.
Guardó la cinta en el bolso e
iniciamos la marcha.
Yo discretamente, coloqué sobre
la mesa la otra copia y seguí a las dos mujeres hasta
que la dueña nos despidió cariñosamente y cerró la
puerta a nuestras espaldas.
La "bomba" de relojería había
comenzado su cuenta atrás....
No pasaron dos días cuando Mara
me llamó horrorizada.
- ¡editor, que hicistes con las
cintas de Valencia... cómo es posible que tú me dieras
una y mi amiga Ana me haya entregado otra que encontró
en el bar y pensó que la había olvidado yo.... y por
cierto, me ha comentado que estoy muy favorecida..!
- ¡No lo sé, respondí... cierto
que llevaba dos copias... la tuya y otra para mí... pero
deja que mire en mi cartera, a ver si tengo la mía...!
- ¡ Seguro que no la tienes...
seguro que es la que me ha devuelto Ana... y también
estoy segura que esta puta ha sacado una copia antes de
devolvermela...!
Estaba en marcha la segunda parte
del plan y tenía todos los ingredientes para hacer un
buen caldo....
Al cabo de unos minutos la llamé
yo para notificarle que, en efecto, me faltaba la
segunda copia, por lo que suponía que me lié con ambas y
una de ellas quedó olvidada en el establecimiento de su
amiga.
Me llamó de todo... imbécil...
idiota... tonto... cabrón...., pero el mal
ya estaba hecho.
Cualquier dibulgación del vídeo
porno no podía atribuirse a una sola persona, si no a
las posibles envidias de dos amigas, que como tales, se
odiaban cordialmente....
- ¡ Te das cuenta.. ! - me dijo -
¡ qué cualquier publicidad de ese vídeo puede acabar con
la alcaldía de mi padre...!
- ¡ Bueno...! - le respondí - ¡
No creo que se utilicen mientras los teléfonos estén
silenciosos y sigamos siendo amigos... sin rencores...!
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